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Los daños de los incendios sobre los suelos caen un 90% tras el acolchado con paja

Investigadores ligados al CIF de Lourizán monitorizan los tratamientos sobre los terrenos desde 2013 -Entre los montes estudiados, los calcinados en 2017 en Ponte Caldelas

Montes de Pontecaldelas quemados tras los incendios de 2017. // Rafa Vázquez

Montes de Pontecaldelas quemados tras los incendios de 2017. // Rafa Vázquez

El acolchado de los suelos mediante paja logra reducir entre un 90 y un 95% los peores efectos de los incendios sobre los terrenos que han sido calcinados. Es una de las conclusiones que exponen los autores del libro "Eficacia dos tratamentos de estabilización do solo despois de incendio en Galicia", una obra colectiva cuyos autores han monitorizado distintos montes gallegos para comprobar su evolución tras los incendios.

En concreto, estudian los efectos del mulching, el término inglés que alude al acolchado con paja para hacer frente a uno de los efectos más nocivos de los incendios, la destrucción de la cubierta vegetal y la acumulación sobre el suelo de cenizas, cenizas cargadas de nutrientes que es de vital importancia conservar para la regeneración de las plantas. Sin vegetación, esos montes sufren grandes procesos erosivos, las tierras son arrastradas y pueden provocar desequilibrios en otros ecosistemas (ríos, playas, fondos marinos, dunas etc) a los que son llevados por escorrentía.

"El objetivo de este libro es divulgar una actividad que se lleva haciendo de forma continuada desde 2013, que es la monitorización de todas las acciones de emergencia de mitigación postincendio que lleva a cabo la Consellería de Medio Rural", explica Cristina Fernández, técnico del Centro de Investigaciones Forestales (CIF) de Lourizán y una de las autoras de la obra con José Antonio Vega, Pablo Arbores y Teresa Fonturbel.

La obra se presentó ayer en el CIF y sus autores inciden en que "se busca dar a conocer lo eficaz que es el mulching en términos de reducción de pérdidas del suelo por erosión y recuperación también de la cubierta vegetal", añade la técnica, que precisa que "la labor de la consellería no fue solo hacer los tratamientos inmediatamente después del fuego sino que también hace un seguimiento".

El libro recoge una parte de ese seguimiento de la aplicación de los acolchados. En algún caso se estudian montes con tasas de erosión muy altas como Negreira o Pontecaldelas tras los incendios de 2013.

También se estudian montes de Carnota, Navia de Suarna, Negreira o Porto do Son. La monitorización se lleva a cabo en los dos años siguientes al incendio y sobre zonas de muestreo con y sin tratamientos, para poder comparar la eficacia del mulching, que "en todos los casos es muy alta", concluyen los autores.

En el caso de Ponte Caldelas la erosión hubiese sido tal alta que alcanzaría las 70 toneladas por año, "que se han reducido un 95% al haber aplicado la paja", precisa la técnica.

Por el momento no se dispone del muestreo de 2017, la oleada más reciente, pero sí se analizan en el estudio esos datos de erosión del incendio de 2013, que afectó en Ponte Caldelas a 750 hectáreas, algunas de las cuales volvieron a arder en 2017.

Este siniestro "fue muchísimo peor que el de 2017 en términos de severidad, aunque éste parezca que fue más intenso, porque afectó a zonas con mucho material y restos leñosos".

Los daños producidos por un incendio dependen del tipo de fuego, su duración en el tiempo, las condiciones climáticas y topográficas de los montes afectados y la intensidad de las llamas, que los especialistas califican de baja, media o alta en función de las temperaturas que se alcancen.

Los siniestros que provocan más daños son los denominados de alta severidad (se reconocen por cenizas blancas y grisáceas) producidos en zonas con elevada pendiente, precipitaciones intensas, y/o próximas a ríos o regatos.

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