ENTREVISTA

Jesús Antonio Peñas Preckler: “Los militares no somos gente de guerra, preferimos las misiones humanitarias y de paz”

Afganistán, Bosnia, Indonesia y Bruselas han sido algunos de los destinos de este coronel del Ejército antes de su llegada a Ourense

Jesús Antonio Peñas Preckler.

Jesús Antonio Peñas Preckler. / Iñaki Osorio

Este mes de diciembre se cumple el primer aniversario de la toma de posesión del coronel del Ejército de Tierra Jesús Antonio Peñas Preckler (Madrid, 1964) como subdelegado del Ministerio de Defensa en Ourense, el que cree que será “mi último destino, previo a la jubilación”, dice. Antes de ponerse al mando de esta tranquila sede de Defensa en la calle de Paseo, en la que también tiene fijada su residencia familiar, este padre de tres hijos incorporó a su carta de servicios prestados un amplísimo bagaje de misiones internacionales, tanto de paz como de apoyo militar y logístico a los científicos del mundo que investigan en la base antártica, el duro desierto de hielo, en el conflicto de Afganistán, en la guerra de Bosnia, en puestos de la OTAN, en misiones humanitarias en Indonesia, y otras tareas más diplomáticas en la UE. Siempre acompañado por su mujer, sin cuyo apoyo “todo eso no sería posible”, reconoce, al referirse a Paz, el mejor nombre posible para la esposa de un militar.

A los que somos profanos en la materia, ¿cuándo y cómo le entra a un niño o una niña la vocación de ser militar?

En mi caso me llamó siempre. Nací en Madrid, de padre gallego y madre tinerfeña, y a los 18 años ya estaba en la academia militar de Zaragoza, ahora muy en los medios, porque es en la que está la Princesa de España. Allí se forman todos los militares del Ejército de Tierra. La vida militar es algo que te enriquece. Cuando estuve destinado en la UE, con militares de ejércitos de otros países, desaparecen muchas ideas preconcebidas. Se aprenden cosas y se hubieran evitado problemas graves en conflictos bélicos recientes, si hubiera habido ese diálogo. Los militares estamos organizados para acudir a cualquier guerra con inmediatez, pero sobre todo vamos a misiones de paz, las más bonitas que tienen encomendadas las Fuerzas Armadas.

¿Qué otros destinos ha tenido antes de llegar hace un año a la Subdelegación de Defensa en Ourense?

AN, pero han sido muchos y muy diversos. Mucho tiempo en Madrid; en la Unión Europea, en Bruselas, donde me dediqué a temas de políticas de seguridad y de defensa de la UE. Pero lo que más me marcó a nivel personal y profesional ha sido la Campaña Antártica, en la Antártida.

¿Qué hace un militar en la Antártida, el “desierto de hielo” casi deshabitado?

En una isla de la Antártida está la base militar Gabriel de Castilla. Nuestra labor allí es gestionar seguridad, logística y todo lo necesario, en un sitio muy complicado, pues si se te olvida la leche, el vecino más cercano está a 200 kilómetros en barco. Un tercio de las personas que están en esa base son militares, el resto científicos de universidades y nuestra labor era, en mi caso, apoyarlos. En aquel momento teníamos varios proyectos, algunos de la Universidad de Vigo, y muy bonitos, como el que trataba sobre glaciares y los microorganismos que había en el Antártico, porque estudiar su contaminación es fundamental para conocer la de los océanos. La misión de esta base no era militar, pues es un continente desmilitarizado, por un tratado específico. La labor era proporcionar seguridad a esos investigadores para realizar la gestión de lanchas de esos equipos de investigadores. Era muy complejo realmente desplazarse allí.

Pese a ser desmilitarizado, estar en un continente helado y aislado sería un riesgo para sus vidas.

Sí. De hecho, en las primeras campañas antárticas, ahora ya no ocurre esto, incluso operaban de apendicitis a los participantes, en sus países de origen, porque si había un problema de este tipo en la base, el riesgo para el que lo sufría era muy alto.

¿No lo han enviado a misiones bélicas?

También. Estuve en Bosnia en 1995, coincidiendo con combates muy duros entre Bosnia Herzegovina, Croacia y los serbios. Había muchas unidades militares de distintos países que intentábamos dar una estabilidad y seguridad al país, para acelerar, el fin de la contienda.

Otro destino fue Afganistán, donde nuestra misión era garantizar una estabilidad que pudiera facilitar la vida de las personas. Sin seguridad en esos contextos, no hay prosperidad, economía ni educación en libertad.

Ha tocado usted todos los palos en su condición de militar.

He tenido la suerte de estar siempre en el lugar adecuado. Otra misión muy bonita durante la etapa en Bruselas fue cuando, tras el tsunami en el sudoeste asiático, la UE se encargó de la logística, y recurrieron a las unidades militares, con una jerarquía y una disponibilidad muy grande. Estuve tres semanas en Indonesia coordinando esa ayuda de la logística, para apoyar a los afectados en Canarias, al frente de un regimiento de artillería antiaérea, para defender de posibles ataques. Han sido muchos.

“Hay mucha demanda para entrar en la academia militar donde está la Princesa Leonor; se cubren todas las plazas”

¿Cree que ha cambiado aquella visión áspera y autoritaria del estamento militar?

Nosotros promulgamos la paz. Los estereotipos han cambiado en España. Estamos preparados para actuar en caso de guerra, pero tenemos unos valores que están al servicio de la sociedad. De hecho, estuve en la UME también, que es una labor preciosa. Son unidades destinadas a apoyar ante cualquier tipo de catástrofe, y su trabajo durante la pandemia fue enorme en toda España.

¿Cuál es la función de una subdelegación de Defensa, en un lugar de paz como Ourense?

Trabajan una veintena de personas, de las que cinco somos militares y su labor es, por un lado administrativa, para atender cualquier solicitud sobre las Fuerzas Armadas, dar información a quienes quieren entrar en el ejército como piloto, enfermero o muchísimas otras profesiones, colaborando con las Fuerzas Armadas, y divulgar todas las funciones de esas Fuerzas Armadas, incluso algunos ciclos de FP o Ingeniería que son compatibles como salida. Desde la Subdelegación también tratamos de acercar al ciudadano a lo que son esas Fuerzas Armadas, pues al no haber un regimiento en la ciudad, como cuando existía el Zamora 8, puede entenderse menos su labor.

¿Hay vocación militar entre loa juventud?

Hay muchísima demanda. Se cubren todas las plazas que se convocan. Ahora, para ser oficial, los compañeros que están con la princesa de Asturias, en Zaragoza, deben de obtener para entrar una calificación de un mínimo de 12 sobre 14 en la EBAU. Hay interés.

¿Alguno de sus hijos tomará el testigo de su vocación militar?

Tengo tres y el tercero es militar como yo, y está en una misión de paz en el Libano. La mayor es profesora, y trabaja en ámbitos de cooperación en Madrid. La segunda es la que está de cooperante en Haití, y es profesora de niños con TEA. Todos tienen una faceta de compromiso.