Arturo, el orfebre de las joyas con alma

Este ourensano conjuga en su tienda, 21grs, el laborioso oficio familiar de la orfebrería tradicional gallega con las nuevas tendencias hechas a mano: “Aquí cada pieza es única”

Arturo Rodríguez, en su taller y joyería de la calle Santo Domingo de Ourense.  |  // FERNANDO CASANOVA

Arturo Rodríguez, en su taller y joyería de la calle Santo Domingo de Ourense. | // FERNANDO CASANOVA / REDACCIÓN

M.J.Álvarez

Más allá de la producción en cadena y del “made in China”, hay todavía artesanos que mantienen vivos oficios tradicionales y que, sin renunciar a la introducción de técnicas del presente, han hecho de su oficio, en este caso la orfebrería, un diálogo entre la historia, el arte y exclusividad en el afán de que “cada pieza que se lleva el cliente es única” . Así lo explica Arturo Rodríguez.

Arturo, el orfebre de las joyas con alma

Una de las piezas de la joyería tradicional gallega / REDACCIÓN

Este orfebre de la rúa de Santo Domingo, enamorado de su oficio y de una tradición que inició su padre –el primer formador de joyeros con varias escuelas en Galicia, entre ellas Proxoia en Ourense– cuando tuvo que bautizar su establecimiento lo tuvo claro: le puso 21grs. “Lo registré así porque según un estudio médico famoso, esos 21 gramos es el peso que perdemos al morir y se atribuye a lo que pesa el alma; y las nuestras, son joyas con alma”.

Arturo, el orfebre de las joyas con alma

Arturo, el orfebre de las joyas con alma / REDACCIÓN

Su taller y tienda son un recorrido visual e histórico desde las piezas tradicionales gallegas, de minucioso acabado, a las línea más moderna, para atender las exigencias del público en los que utiliza piedras, baños de oro y diseños en plata o cuero actuales.

En un mundo con mucho ruido y pocos profesionales formados, él tienen la certificación de artesanía de Galicia. “Aquí hago trabajos por encargo y cien por cien a mano, a petición del cliente, que quiere una pieza en especial, sin renunciar a otras líneas que utilizan métodos como la microfusión, por ejemplo, en la que todo el proceso sigue siendo hecho en mi taller pero parte de una pieza inicial en plata y un determinado proceso para agilizar el trabajo”.

En este segundo caso, “es porque sería inviable hacer todas las líneas a mano”, explica, porque “no todo el mundo podría pagarlas y aún estos casos, sigue siendo una linea artesanal muy diferenciada de lo que viene de Asia o Turquía”.

Le duele la invasión del mercado de las imitaciones. “O incluso lo que se hace en alguna parte de Galicia, donde venden estas joyas como artesanía gallega cuando en realidad son troquelados, hechos en serie”, lamenta el artesano.

Este es uno de los temas que más ofende a un orfebre de profesión y vocación como es Arturo. Critica que “se engañe a la gente. Que vayas a una feria artesana y veas piezas que se venden como cien por cien gallegas, está claro que a un precio mucho más bajo que el tuyo cuando viene todo viene de fuera o simplemente ensamblaron piezas”. Añade que al final piensan que tú, que cobras algo más, eres el que engaña y es al contrario: les están engañando ellos”.

En este caso, reconoce que “a veces es más fácil entender tu trabajo para la gente que viene de ciudades como Madrid. La calle de Santo Domingo es una zona de paso de turistas, que ven muy normal lo que puede costar una pieza hecha por encargo por ejemplo, porque saben que el trabajo artesano es hasta tres veces más caro fuera. De hecho desde hace cinco años no subo los precios”, indica. Tiene también “mucha clientela heredada, que sabe y valora en qué consiste este trabajo, pues el negocio que inició mi padre llegó a funcionar cuarenta años”.

Uno de los apartados más llamativos es precisamente el de la joyería tradicional en plata, pendientes y collares cuyos diseños “son parte de la historia y la cultura de Galicia de siglos atrás y vinculados a zonas o trajes tradicionales”. Apunta como ejemplo que “en Celanova llevan el corazón de Viana. Eso no se inventa, todo se saca de modelos tradicionales”.

Reconoce que “eran piezas de la clase gallega pudiente de entonces, aunque también voy incorporando para hacerlas nuevas tecnologías, láser, de CO2, de fibra óptica, que antes no existía: es una inversión, pero ayuda a que el cliente tenga esa joya de la misma calidad artesana a un precio más asequible” .

No imitaciones

En cuanto al cliente que viene con un encargo “solo le pido que por favor me pidan un diseño único y personal para que su pieza sea exclusivamente suya y no un modelo copiado de internet”, explica el joyero.

Orfebre, purista en su concepción del arte hecho a mano pero adaptado a a los tiempos, indica que “aquí hacemos muchas otras cosas, desde mi propia colección en cuero, hasta grabaciones de regalos para profesores, alumnos o adaptada para el día de la madre. Es evidente que hay que adaptarse”.

El catálogo de 21grs es también un canto a lo diferente, pero pensando en la mano de obra de aquí. “Sí hago modelos que llevan cuero de Ubrique pero ahora estoy tratando de buscar cuero en Galicia.

En este mundo en el que se fabrican piezas de durabilidad limitada, Arturo Rodríguez explica que “a mí me gusta que mis trabajos perduren, que no tengan caducidad y si hay algún problema que lo traigan” .

Gente como él es la garantía de que o auténtico aún perdura y hay relevo generacional en el delicado mundo de oficios tradicionales como la orfebrería.