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La Festa da Istoria engalanó la Ribadavia más medieval

Ribadavia recreó su pasado medieval. INAKI OSORIO

“Había ganas de volver, llevábamos sin fiesta desde antes de la pandemia, porque aunque se hicieron formatos reducidos y cosas virtuales, eso no es la Festa da Istoria, esto sí”. Así resumían ayer en la Alameda de Ribadavia un grupo de amigos ataviados de medievo la ilusión que se vivía en la capitalidad de la comarca de O Ribeiro, que por fin celebró su fiesta más emblemática, sin restricciones.

Volvieron a las calles de la localidad los caballeros medievales, señoras, judíos, monjes, herreros, artesanos, mercaderes, mesoneros, taberneras, una mezcla de culturas, religiones y oficios que esperan durante más de la mitad del año para hacer su acto de presencia el último fin de semana de agosto, cerrando por lo alto el mes por excelencia de fiestas y celebraciones.

Los pequeños con las espaldas en alto hacia la Praza Maior. | // IÑAKI OSORIO

Todos ellos y de todas las edades, porque había quien recuperaba la Istoria después de tres años, pero también eran muchos los que la conocían por primera vez. “Estuvimos dudando hasta el último momento si podríamos salir este año porque con el tema de la sequía tampoco teníamos muy claro si habría fiesta, pero vaya sí la hay, hay ambientazo, es un lujo poder vivirlo todos juntos”, comentaba una familia en la que la integrante más pequeña, una diminuta princesa, era empujada en un carro de madera.

Dos jornadas de fiesta

El día de ayer fue el día grande con uno de los actos que más gente convoca, tanto en su participación como a la hora de verlo, el gran desfile, y en él los propios músicos, los Tabaleiros da Istoria, acogieron a mayores y pequeños teniendo dos cosas en común, las ganas y el ritmo, con el que despertaron a una villa con muchas ganas de celebración. Tantas que Ribadavia festejó la Istoria durante dos jornadas porque en la tarde del viernes tampoco faltaron los eventos, hubo juegos para niños, sesión de esgrima histórica y música medieval antes de dar lectura al bando de la Istoria. Y la cosa no se quedó ahí, ante la fachada del castillo, el grupo musical Treixadura ofreció un concierto bajo el título “Son de Istoria” al que puso colofón un espectáculo de fuego y pirotecnia.

Las Donas sen Cabaleiros bailaron en el centro de Ribadavia. | // IÑAKI OSORIO

Así se llegó a la jornada de ayer donde, después de cambiar los euros por los maravedíes, no faltó nada. Después del gran desfile se procedió a los nombramientos de los Notables da Istoria en la fachadas del castillo que abrió sus puertas de cara a mediodía para acoger algunas de las recreaciones históricas, aunque ya no tantas como el año pasado. Esa fue otra vuelta a la normalidad para alegría de muchos, “el año pasado vinimos, somos de Arnoia, así que realmente venimos cada año, pero no era lo mismo, solo en el castillo, con el aforo, con las mascarillas... este año es la Istoria”, aseveraba Lucía Martínez, que aunque esta edición se proponía ver algunas de las actividades reconocía que “lo que más apetece es volver a poder estar todos por todos los lados, cruzar calles y encontrar colegas que igual no veías desde hace mucho o incluso desde la última Istoria, porque a esta fiesta venimos fijo”.

Entre las actividades, las ‘Donas sen Cabaleiros” se dieron cita en la Praza Maior media hora antes de que el público volviese al castillo para disfrutar del ‘Xadrez viviente’, como evento previo a la lucha de caballeros que también se celebró en el auditorio del castillo, donde los especialistas Hípica Celta no decepcionaron. Aunque quienes no querían caballeros, tenían otra invitación, la de la boda judía, cuya comitiva recorrió las calles desde el museo hasta la Iglesia de A Oliveira para darse el ‘sí quiero’ antes de la comida popular.

Ya por la tarde, la programación no disminuyó, certamen de vestimenta medieval, carrera de pipotes, exhibición de cetrería, baile medieval, y otra de las citas recuperadas este año, el gran torneo medieval hasta que a la noche volvieron los espectáculos de fuego y acrobacias que dieron paso al broche final de la noche, los conciertos de Milladoiro y Tiruleque que sellaron un medievo sin limitaciones.

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