La Semana Santa ya muestra su efecto en la evolución epidemiológica. Desde que finalizó el período vacacional, el pasado domingo, el área sanitaria de Ourense ha sumado casi un millar de nuevos positivos por COVID-19 y la curva de los casos activos asciende con mayor rapidez en los últimos días. El puente festivo finalizó con 1.645 afectados y este viernes son 329 más, rozando ya las dos mil infecciones (1.974).

A diferencia de otras fases de la pandemia, en las que la capital concentraba gran parte de los contagios, con porcentajes casi siempre rondando el 50%, en esta ocasión el virus está mucho más repartido por la provincia. Según los datos actualizados este viernes por el Sergas, la capital contabiliza 694 positivos, el 35% del total.

Entre los 92 concellos que conforman el territorio, solo tres están libres del COVID. Se trata de Piñor, Calvos de Randín y Verea. Son los únicos que no registran actualmente ningún positivo por coronavirus. Otros 74 municipios tienen menos de 20 casos y en los 18 restantes se concentra el 73,5% de las casi dos mil infecciones activas.

Tras la ciudad de Ourense, con casi 700, se sitúa O Barco de Valdeorras, que contabiliza 115. El resto tiene menos de un centenar: A Rúa (76), Verín (69), O Carballiño (62), Barbadás (57), Xinzo de Limia (45), Amoeiro (44), Monterrei (39), Ribadavia (37), Pereiro de Aguiar (30), O Irixo (30), Chandrexa de Queixa, Celanova y Allariz (28 cada uno), A Pobra de Trives (26), Vilardevós (24) y Coles (20).

En el terreno asistencia, la carga es elevada, si bien este viernes la ocupación en planta recortó 14 ingresos. En todo caso, el área sanitaria registra cifras que se producían desde hace meses, con 94 pacientes en cama convencional, y tres en la unidad de críticos. El balance de víctimas mortales sumó una nueva muerte en las últimas horas.

Este repunte en la transmisión del virus no contempla todavía el posible impacto de la retirada de la obligatoriedad del uso de mascarilla en interiores. El abandono de este elemento de protección frente al COVID ha comenzado de forma tímida y es todavía minoritario, pero con el paso de los días crece el número de personas que deciden desprenderse de ella.

Es el caso de los centros educativos, que estrenaron la medida con un leve seguimiento, pero cada vez son más los que se animan de retirarla. En todo caso, gran parte de la población ha optado por la prudencia, y a esto se suma la recomendación que ha hecho la Xunta de mantenerla, por norma general, no solo en el ámbito de la enseñanza, sino también en espacios culturales, establecimientos de ocio y consumo y en el entorno familiar, reuniones de amigos o celebraciones de carácter privado en función de la vulnerabilidad de las personas asistentes.