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Faro de Vigo

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Una directiva para rescatar el casco viejo: “No vale con mover piedras, hay que dar servicios”

Los nuevos representantes vecinales proponen “una apuesta por el barrio histórico, como el resto de Europa” | Una de las prioridades de este nuevo equipo es hacer de esta zona “un lugar de encuentro y de convivencia”

Viven y tienen también, en algún caso, sus negocios en el casco vello de Ourense. Conocen las luces y las sombras de vivir en un barrio histórico de enorme valor patrimonial cuyo despegue no acaba de producirse y, sobre todo, aman esta zona de la ciudad, en la que están “encantados de vivir”.

Por eso han dado el paso, la mayoría por primera vez, para formar parte de la nueva directiva de la Asociación de Vecinos Casco Vello, savia nueva para un casco viejo. Una directiva que preside Graciela Rojo, acompañada por Javier, María José, Samuel, Carlos, Irene, María Justa y Laura, cuya principal apuesta es, sobre todo, social: “Queremos, en la medida de nuestras posibilidades, hacer de este casco histórico un lugar para la convivencia”, advierten. Para ello, “hay que detectar las problemáticas e intentar tejer una red de ayuda para tratar de solucionarlas”, explica Graciela.

Menos coches, más seguridad

En lo que ya no coincide la nueva directiva vecinal, integrada por vecinos y comerciantes de la zona, es en la apreciación del alcalde, que asegura que tras retirar los pivotes de control de acceso del tráfico rodado, el casco viejo es igual de tranquilo y peatonal que antes.

“Es una de las cosas que más nos preocupan, pues el tráfico ha convertido el barrio en una zona de paso para atravesar la ciudad; todos coincidimos en que hay más coches ahora y a veces a una velocidad que implica riesgo, pues lo que sí hay es un importante número de niños de 4 a 8 años de edad que están viviendo en el barrio histórico”, explica Graciela.

El alcalde de Ourense, Gonzalo Pérez Jácome, anunció esta misma semana que está ya muy adelantado el proceso para instalar cámaras de control de acceso rodado al casco viejo. Los vecinos esperan que esta vez sea la definitiva, “pues la verdad es que llevan tres años anunciando lo mismo y mientras tanto la zona se ha convertido en una carretera general”, indican.

Un barrio como en Europa

Si bien conocen las carencias de la zona, como residentes en el barrio histórico, “aún estamos analizando las prioridades y los temas que vamos a reivindicar, pero está claro que hacen falta servicios, dar dotaciones, que atraigan a la gente a venir al casco histórico. No basta con mover piedras de un lado a otro para que pasen los coches a toda velocidad, hay que dar esas dotaciones y servicios, para fijar población, y que lo que pase sea la gente. No pedimos nada raro, solo dinamizar el casco histórico, como se hace en toda Europa”, afirma.

De hecho, uno de los datos que preocupa al Concello y que se está actualizando dentro de los preliminares del Pepou, el plan especial de protección de esta zona histórica, es el censo de población real que hay en la zona y cómo cambió en los últimos años.

El abandono de los edificios del barrio –muchos aún apuntalados desde hace lustros– “debe de ser otra de las prioridades, porque ese abandono genera maleza, ratas, marginalidad. Invita a que se produzcan esas pintadas y actos vandálicos, de los que luego se quejan en el Concello”, explica la portavoz vecinal. Mientras no arranque ese plan global que debe incluir también un apoyo al comercio de la zona, no habrá avances.

El gran desconocido

A Graciela, y a otros vecinos, les sorprendió que, tras el confinamiento, cuando se permitieron las primeras salidas sin abandonar el municipio, “llegaba mucha gente al casco viejo, del resto de la ciudad, y hacían fotos de cada rincón, porque muchos no conocían su casco viejo”, lamentan. Falta el reclamo.

La aprobación de un nuevo plan de protección y puesta en valor que fije los nuevos criterios de desarrollo del casco histórico, es vital, dado que el PERI actual, aprobado en septiembre de 1996, está obsoleto.

También han cambiado las cifras, pues en aquel momento, hace ahora 25 años, se estimaba que vivía en las 12,5 hectáreas que ocupa este barrio histórico de Ourense, un 8,8% de la población de la ciudad –lo que supondría más de 9.000 vecinos– con un 91,69% por ciento de los edificios que estaban dedicados solo a uso residencial, y 2.520 viviendas objeto de rehabilitación.

Mil setecientos vecinos menos en ocho años

La concejala de Urbanismo, Sonia Ogando, adelantaba hace unos días que, dentro de los trabajos previos de redacción del plan especial de protección de As Burgas y del barrio histórico, se estaba haciendo un censo de población, para estudiar la caída demográfica en los últimos diez años, y un censo también de especies arbóreas. El primer avance lo dieron los técnicos municipales en una de la comisiones de seguimiento del plan celebrada el pasado año. Allí se avanzaba una pérdida de población entre 2012 y 2020 de unos 1.700 vecinos, lo que supuso pasar de casi 5.800 habitantes a poco más de 4.100, datos que se están actualizando. Pese a que la convivencia entre hostelería, comercio y una rehabilitación que atraiga población a la zona es algo que tiene que regularse y respetarse de forma equilibrada para garantizar ese asentamiento de nuevos vecinos y servicios en el casco vello, aquel informe elaborado por los técnicos y del que se dio cuenta a la oposición, reconocía que, el éxodo de población en estos últimos años se había producido de forma más acusada en aquellas calles donde se encontraba una mayor concentración de locales de ocio nocturno de la zona histórica. Una apreciación en la que coinciden con las críticas de O Cimborrio, otra asociación del casco viejo, que centra parte de su lucha en el tema del ruido.

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