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Investigadores estudian los beneficios de la piel de patata y melón para la industria farmacéutica

Beatriz Gullón y Gil Garrote dirigen los proyectos financiados por la Xunta y el Ministerio. | // F. CASANOVA

Ya no basta solo con reciclar. El actual sistema de gestión de residuos causa importantes problemas ambientales –derivados de su depósito en vertederos– y pérdidas económicas como consecuencia de su uso en aplicaciones de bajo valor añadido –solo empleados para alimentación animal o compostaje–. Sin embargo, estos subproductos contienen una amplia gama de compuestos bioactivos valiosos que pueden ser recuperados, mediante tecnologías verdes y sostenibles, permitiendo su reincorporación a procesos productivos como materias primas.

Este es el contexto en el que surgió el proyecto Tec-SosVal (Tecnologías Sostenibles para la Valorización) que comenzó en 2020 en los laboratorios de la Facultad de Ciencias de Ourense y que tendrá una duración de cuatro años.

Beatriz Gullón –profesora e investigadora– y Gil Garrote –catedrático del área de Ingeniería Química– estudian si los residuos de dos alimentos altamente consumidos y producidos en Galicia –como son la patata y el melón– podrían transformarse en una fuente importante para la obtención de moléculas con aplicaciones en la industria alimentaria, farmacéutica o cosmética.

"Si seguimos invirtiendo en investigación podemos ofrecer salidas que, además, contribuyan a la transición gradual desde la economía lineal en la que nos encontramos a otra circular basada en la filosofía de cero residuos"

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“Somos conscientes de que no tenemos la capacidad ni los conocimientos para atajar el problema de raíz. Pero si seguimos invirtiendo en investigación podemos ofrecer salidas que, además, contribuyan a la transición gradual desde la economía lineal en la que nos encontramos a otra circular basada en la filosofía de cero residuos. Permitiría lograr un desarrollo sostenible, en línea con las prioridades recogidas en la Agenda 2030”, sostiene Gullón.

"Muchas frutas y verduras tienen en su composición un montón de moléculas como antioxidantes, fibra dietética o lípidos que estamos desperdiciando"

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En referencia a esto, incide en que la industria agroalimentaria es uno de los principales motores de la economía gallega y que experimentó un crecimiento anual medio del 5 % en la última década. “Tenemos empresas que se dedican al melón y a la patata que se podrían beneficiar. Porque, ahora mismo, sus residuos tienen un bajo valor añadido que no les reporta beneficio económico sustancial. Y, sin embargo, sí suponen un gasto añadido a la hora de gestionar cómo deshacerse de esos restos. Muchas frutas y verduras tienen en su composición un montón de moléculas como antioxidantes, fibra dietética o lípidos que estamos desperdiciando”, advierte la docente sobre algunas de las posibilidades de las que disponen sobre la mesa.

Ocho investigadores conforman el grupo Tec-SosVal. // F. CASANOVA Edith Filgueira

De este modo, las empresas de biotecnología –que son las que se encargarían de llevar a cabo el aprovechamiento a gran escala– también necesitarían cubrir puestos de trabajo de alta cualificación. Lo que implicaría atraer y retener talento y más investigación.

"Ahora estamos enfocados en los residuos industriales, pero también se generan desperdicios en las huertas pequeñas o en las medianas empresas"

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“Ahora estamos enfocados en los residuos industriales, pero también se generan desperdicios en las huertas pequeñas o en las medianas empresas. En un futuro sostenible se daría impulso a esas zonas rurales en las que ahora nadie se fija”, explica sobre un potencial que está omnipresente pero, de momento, escapa al conocimiento general.

En este proyecto –que financia la Xunta– trabajan, codo con codo, ocho personas. A los dos investigadores mencionados se suman Remedios Yáñez, Xiana Rico, Pablo García, Fernando Rodríguez, Alba Pérez y Beatriz Rodríguez –que realiza su tesis doctoral en el marco de esta investigación–.

La investigación sobre el aprovechamiento de las algas podría suponer un importante punto de inflexión en el calentamiento global. Fernando Casanova

Aprovechar las especies invasoras para obtener biocarburantes

“Las líneas de investigación que llevamos a cabo se centran en el aprovechamiento de residuos agroindustriales, corrientes laterales de procesos productivos o especies invasoras, como son las mimosas o un alga procedente de Japón que altera los fondos marinos de Galicia”, añade sobre otro de los trabajos que realiza parte del mismo grupo de profesionales en el laboratorio de la facultad.

Este proyecto surgió ante la necesidad de dar respuesta al grave problema energético que existe a nivel mundial debido al incremento continuo del consumo abusivo y una gran dependencia de fuentes fósiles como el petróleo. En este contexto, la búsqueda de materias primas alternativas y renovables resulta de vital importancia. Así que decidieron apostar por la producción de biocarburantes –como el bioetanol de segunda y tercera generación, empleando procesos respetuosos con el medio ambiente–.

En este trabajo –financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y que estará vigente hasta 2023– cuentan con la colaboración, además, de dos investigadores internacionales que participan desde Suecia y Portugal, lo que multiplica los conocimientos adquiridos y los resultados obtenidos. Ambos estudios –el de restos de patata y melón y el de mimosas y algas– tienen un nexo común que es el empleo de tecnologías emergentes de vanguardia como microondas y ultrasonidos –respetuosos con el medio ambiente– que combinan con el uso de líquidos eutécticos profundos naturales (NaDESs) para la recuperación de biomoléculas con importantes funcionalidades a partir de materias primas alternativas abundantes.

Y no solo se trata de la producción de biocombustibles, sino que en el caso de las algas podríamos estar ante uno de los recursos más prometedores en la lucha contra el calentamiento global puesto que ocupan grandes áreas de fondos marinos a nivel mundial.

Los investigadores, de la Facultad de Ciencias de Ourense, tienen financiación de la Xunta y el Ministerio para 4 años de estudio. Fernando Casanova

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