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El corazón del Xurés, cerrado por COVID: “Saldremos y vendrán tiempos mejores”

Un vecino de Lobios, frente a uno de los bares cerrados.   | // FERNANDO CASANOVA

Un vecino de Lobios, frente a uno de los bares cerrados. | // FERNANDO CASANOVA

El concello de Laza recuperó ayer la movilidad y su hostelería volvió a la actividad tras un mes de mayo sujeta al nivel máximo de restricciones para contener la transmisión del coronavirus. Un alivio para un municipio que en la última semana ha sido también el epicentro de un enjambre sísmico que ha mantenido en vilo a su población. La tierra seguía temblando ayer con terremotos de baja intensidad tras registrar la noche del jueves un temblor de magnitud 3.9.

Y mientras Laza volvía a la normalidad, Lobios, en el corazón de la Serra do Xurés, bajaba la persiana y cerraba su perímetro. Este concello, de 1.678 habitantes, es el único con nivel máximo en Galicia. El cierre viene motivado por un incremento elevado de la incidencia. Aunque el foco, localizado en la capitalidad municipal, está controlado, todavía ayer sumaban un nuevo positivo, lo que eleva a 20 la cifra de casos activos.

La hostelería está cerrada en Lobios. Fernando Casanova

A 7 kilómetros de la frontera

Las restricciones afectan a todos los pueblos del entorno municipal, en pleno parque natural, y llegan en un momento en el que el turismo empieza a reactivarse y ya se permite el tránsito en la frontera con Portugal. El restaurante Riocaldo, por ejemplo, tenía pensado abrir este jueves pero el día antes el comité clínico acordó el nivel máximo.

"Lo tengo todo en contra. Y ahora que por fin abrió la frontera, surge este brote"

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“Mi situación es muy mala, estoy a 7 kilómetros de la frontera, en pleno parque natural, con el hotel cerrado, el balneario cerrado, las aguas termales de fuera cerradas. Lo tengo todo en contra. Y ahora que por fin abrió la frontera, surge este brote”, señala Manuel González, propietario del establecimiento. A pesar de todo se muestra optimista y ve más cerca el final: “Saldremos de esta y vendrán tiempos mejores”. Con la previsión de abrir el jueves pasado adquirió suministro pero ha tenido que repartir los productos frescos entre familiares y personas con escasos recursos. “Ahora toca esperar a que decida el comité, pero espero poder abrir el primer fin de semana de junio, aunque sea solo con la terraza”.

Una mujer de vuelta a casa con las bolsas de la compra. Fernando Casanova

"La idea antes de la pandemia era seguir pero esto desanima y ya pensamos en cerrar"

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El efecto de la pandemia sobre la hostelería ha sido fuerte y hay negocios que ya piensan más en el traspaso que en la reapertura. El Barivan, en Grou, es un ejemplo. Tras 38 años de actividad y al borde de la jubilación la pandemia ha supuesto el empujón definitivo: “Yo tengo la jubilación activa y la idea antes de la pandemia era seguir pero esto desanima y ya pensamos en cerrar”, señala Benito Álvarez.

La alcaldesa, María del Carmen Yáñez, confía en recuperar pronto la normalidad ya que el foco, señala, está localizado. “El cribado de la semana pasada detectó 4 casos y eso ayudó a acotar la transmisión”, indica. Confía en que la situación revierta lo antes posible ya que el cierre afecta de manera importante a un municipio que forma parte del parque natural y que es un destino de referencia para el turismo de naturaleza.

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