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15 de mayo, Día Internacional de la Familia

“Llegué en acogida con 17 años y me quedé; ellos son mi única familia”

Reme y José, pioneros en Ourense en el acogimiento de menores, abrieron su hogar a Silverio en 1996 y el vínculo continuó

Silverio, entre Reme y José, el matrimonio que lo acogió. // F. CASANOVA

Silverio, entre Reme y José, el matrimonio que lo acogió. // F. CASANOVA

Del acogimiento de un adolescente que casi llegaba a la mayoría de edad nació un vínculo que se mantuvo cuando el chico cumplió los 18. Tanto, que se quedó a vivir y ahora, 25 años después y tras trazar su camino, con residencia en Canarias y visitas de entre 45 a 60 días a Ourense, es uno más de la familia. Silverio Barreiro, de 42 años, fue un menor acogido en la casa de Remedios y José, pioneros en Ourense en dar un hogar durante un tiempo a menores en una situación de vulnerabilidad.

Tras Silverio, prestaron sus cuidados, cariño y cobertura de necesidades a más bebés, niños y adolescentes, con algunos de los cuales mantienen el contacto. Silverio llegó con su hermana y con los dos hijos biológicos del matrimonio, que también eran adolescentes entonces, mantienen ese vínculo que va mucho más allá de la sangre. “Ellos son mis referentes, mi única familia, hay personas que llevan mi apellido pero no son mi familia”, dice Silverio.

“El ambiente familiar es el mejor entorno para que un niño se desarrolle y crezca adecuadamente y sano a un nivel integral. El acogimiento es uno de los recursos de la administración para menores tutelados o en guarda, con un expediente de protección"

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En la provincia de Ourense 88 hogares conforman la red de Cruz Roja que promueve el acogimiento familiar como una alternativa para apoyar a la infancia que se encuentra en una situación más vulnerable, debido a que sus padres y madres atraviesan situaciones de dificultad y no pueden hacerse cargo de ellos. Un total de 211 niños y niñas residen actualmente con una familia acogedora en Galicia –entre ellos hay 20 grupos de hermanos y menores con necesidades especiales–, mientras que otros 78 se encuentran en el proceso de espera para ser acogidos. En Ourense, en la actualidad viven con una familia que les abre la puerta de su casa un total de 30 menores.

El número de familias acogedoras nunca es excesivo. “El ambiente familiar es el mejor entorno para que un niño se desarrolle y crezca adecuadamente y sano a un nivel integral. Es uno de los recursos de la administración para menores tutelados o en guarda, con un expediente de protección abierto, por una dificultad de los padres, no de los niños”, dice Sonia López, psicóloga de Cruz Roja en Ourense.

“La convivencia acaba terminando, pero el vínculo sigue. Hay acogedores que finalizaron y siguen en contacto y tenemos otros que no. Pero incluso en estos casos, en un trocito de su corazón siempre queda”

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El acogimiento siempre se prevé como temporal, incluso el denominado permanente, que se refiere a aquel periodo superior a dos años, pudiendo llegar a la mayoría de edad. Cuando Silverio cumplió los 18, él y la familia decidieron prolongar el vínculo, que 25 años después se ha robustecido incluso. “Dependiendo del menor y de la familia biológica, puede darse algún caso como el de Reme, José y Silverio que ante la escasez de vínculo con la familia biológica se quedó en el domicilio, pero no todos los casos son iguales”, aclara la experta. “La convivencia acaba terminando, pero el vínculo sigue. Hay acogedores que finalizaron y siguen en contacto y tenemos otros que no. Pero incluso en estos casos, en un trocito de su corazón siempre queda”.

Remedios Seoane admite que “cuando se van da mucha pena y hay veces que lo pasas mal, pero aunque continúen su vida y cojan otros caminos yo creo que siempre les va a quedar ahí esa experiencia”. Cuando Silverio y su hermana llegaron –recuerda– en su casa de repente se juntaron “los Dalton”, bromea. Entre los hijos biológicos y los dos menores en acogida, el matrimonio se ocupó de cuatro adolescentes de “18, 17, 16 y 15 años. Era pura efervescencia. Fácil e idílico no fue al principio, costó pero salió bien”, destaca. Acoplar a un niño o chico en acogida exige “ir poco a poco, como si fueras ganando terreno”.

“Cuando eres joven tienes pájaros en la cabeza y si no tienes un referente de ningún tipo, llegas a una familia y te tienes que adaptar a sus normas, a sus costumbres y forma de ser. Con los más y los menos, lo importante es el resultado final”

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Pero Remedios asegura que la atención, las normas y los cuidados, fueron como “a un hijo más”. Después él empezó su vida laboral “y se marchó pero su casa es la nuestra, la referencia es la nuestra”. Silverio y su hermana y los dos hijos biológicos del matrimonio “se consideran hermanos, celebrando cumpleaños, Navidad, o amigos invisibles, lo que hacen las familias normales”, subraya.

“Una semana al año pasamos las vacaciones todos juntos, toda la familia. Cada año elige uno el destino”, cuenta Silverio. Echando la vista atrás reflexiona: “Cuando eres joven tienes pájaros en la cabeza y si no tienes un referente de ningún tipo, llegas a una familia y te tienes que adaptar a sus normas, a sus costumbres y forma de ser. Con los más y los menos, lo importante es el resultado final”, valora 25 años después de su acogida, que forjaría un idilio familiar. “Con momentos buenos y malos pero a base de constancia y de vivir experiencias, acabamos por estar todos para todos. Es una reciprocidad constante que mantiene el vínculo, pero no se puede medir ni baremar ni trazar una línea de cuándo se produjo el cambio”, explica.

La media de permanencia de los menores en acogida es de un año y medio. “2021 es un año con cifras normales, mientras que en 2020 hubo menos casos y un perfil diferente, por la situación posconfinamiento, en la que los adultos, sobre todo de familias monoparentales, tuvieron que incorporarse a la vida laboral pero las escuelas infantiles estuvieron cerradas hasta septiembre”, indica la psicóloga.

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