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El puente romano do Bibei, casi dos milenios de historia y aún con tráfico

Una fotografía de 1867 de esta infraestructura de Trives, que se conserva desde el siglo II, es uno de los documentos del fotógrafo francés Jean Laurent difundidos por el Ministerio de Cultura

Esta foto del puente do Bibei (Trives) es de 1867 y está en el Museo del Romanticismo. //  J. LAURENT

Esta foto del puente do Bibei (Trives) es de 1867 y está en el Museo del Romanticismo. // J. LAURENT

En la época del emperador Trajano (siglo II, entre los años 114 y 119 d.C.) se construyó, posiblemente sobre uno anterior del que no se conserva ningún vestigio, el puente do Bibei, que salva el río del mismo nombre, el principal afluente del Sil con cerca de 100 kilómetros de recorrido por las provincias de Zamora, Ourense y Lugo. Es el paso romano más importante de Galicia, por su estado de conservación –el único, junto al puente Freixo sobre el río Arnoia, entre los municipios de Cartelle y Celanova, que ha soportado el paso de casi dos milenios– y por la magnitud de esta infraestructura de piedra granítica, que cuenta con tres arcos de medio punto, una longitud de 75 metros y una anchura de 6 y medio. La altura desde el arco principal hasta el cauce del río supera los 22 metros.

El puente do Bibei, en una vista desde el río. La altura es de más de 22 metros. // FdV

Mil novecientos años después, aún soporta el tráfico rodado de la carretera autonómica OU-636, incluida la circulación de vehículos pesados. Uniendo en el conocido como valle de los Codos de Larouco dos abruptas laderas con viñedos de cepas milenarias, en las que todavía se conservan inscripciones romanas –el clima también favorecía el cultivo de olivo y pistacho en la zona–, está ubicado en el municipio ourensano de A Pobra de Trives, en la parroquia de Mendoia, con un pequeño sector que pertenece al municipio lucense de Quiroga. Por él transcurre la Vía Nova o XVIII, que unía Braga con Astorga. Es un bien de interés cultural que ya en 1931 fue catalogado como monumento artístico nacional.

Este pasado martes, 2 de marzo, el Ministerio de Cultura publicó el primer catálogo digital del fotógrafo francés Jean Laurent, que recoge más de 6.300 imágenes de la sociedad española de la segunda mitad del XIX y de la riqueza artística del país. El fondo ‘Imagen de España’ comprende vistas de ciudades, monumentos y obras de ingeniería de 44 provincias españolas. La búsqueda por territorios en este fondo documental digitalizado, con un total de 1.584 registros, permite rescatar una instantánea, del año 1867, del puente do Bibei de Trives. Se conserva en soporte de papel, en un tamaño de 33,3 por 23,7 centímetros y con la denominación “Puente de Vivey”, en el Museo Nacional del Romanticismo, con sede en Madrid desde su fundación en 1924. Esta institución ha impulsado este proyecto, en el que también han participado otros once museos españoles.

Según explica el Ministerio de Cultura y Deportes en la reseña de esta fotografía histórica publicada en línea, “aunque no aparezca ningún sello comercial, podemos exponer que estamos ante una obra del fotógrafo J. Laurent o de algún colaborador perteneciente a su círculo. La tipografía del recuadro del margen inferior izquierdo, en el que aparece indicado el nombre de la serie, la numeración y el título, nos lleva a adoptar esta teoría. Igualmente, conocemos por diversas instituciones otras copias de esta misma imagen, que sí presentan el sello del autor francés, hecho que nos ayuda a reforzar esta hipótesis”.

El fotógrafo de cámara de la reina Isabel II

Jean Baptiste Laurent Minier (Garchizy, Francia, 1816-Madrid, 1886), se estableció en España en 1844 y ejerció la actividad de fotógrafo desde 1857. En un principio, se dedicó al género del retrato en formato tarjeta de visita y abrió un estudio en la madrileña Carrera de San Jerónimo.

Por su obrador pasaron los personajes más relevantes de la sociedad decimonónica, y llegó a alcanzar la condición de fotógrafo de la Casa Real. Se dedicó a la retratística, a la reproducción fotográfica de obras de arte, a reportajes de obras públicas y a la inmortalización de ciudades y monumentos, así como a la representación de tipos populares y escenas costumbristas. Editó a lo largo de su vida diversos catálogos con la producción fotográfica lograda mediante sus numerosos viajes por toda la Península. Laurent obtuvo éxito no solo en España sino también en Francia. En su país de origen también tuvo un establecimiento fotográfico en París, dedicado a la comercialización de las instantáneas.

En 1860 la reina Isabel II le nombró fotógrafo de cámara y un año más tarde publicó el primero de sus catálogos comerciales, en el que predominaban los retratos de los personajes más notorios de la época. Fue ampliándose en los años sucesivos incrementando también las diversas temáticas. Falleció en 1886 dejando el archivo visual español más importante de la época.

La mayoría de la obra se conserva en copias positivas con la técnica de la albúmina, a partir de negativos de vidrio al colodión “que aportan una gran nitidez a las imágenes, como atestigua el ejemplar aquí descrito”, indica el Ministerio de Cultura sobre la foto del puente do Bibei de 1867.

Imagen de finales del siglo XIX de la Ponte Vella de Ourense, que salva el Miño y tiene origen también en la época romana, en el siglo I, aunque la transformación que se conserva es medieval. // J. LAURENT

La Ponte Vella en el siglo XIX 

La presencia de Jean Laurent en Galicia para documentar obras públicas ligadas al avance del ferrocarril, como estaciones y viaductos, dejan testimonio en su vasto catálogo de cómo eran en el siglo XIX lugares como la ciudad de A Coruña, de la que constan fotografías de la Torre de Hércules, la ciudad vieja o el puerto. El fotógrafo francés también realizó instantáneas de Lugo, Monforte de Lemos, Petín, O Barco de Valdeorras o la propia capital de Ourense, con una imagen de finales del siglo XIX de la Ponte Vella, un icono de la ciudad, una infraestructura que salva el río Miño y cuyo origen también es de la época romana, aunque la transformación que ha llegado hasta nuestros días es medieval, con una reconstrucción en el siglo XIII.

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