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Faro de Vigo

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Personas, casos y cosas de ayer y de hoy

Añadimientos: de Castelao a Valente

De nuevo tomo prestado el término “añadimientos”, acuñado por Azorín, para aportar unos complementos o apéndices a algunos de mis sueltos anteriores o para resucitar o comentar alguna curiosidad de temas pasados o actuales. Aunque tal mezcolanza es de un desorden difícil de justificar, tiene la disculpa que alguno de ellos acaso podría interesar al lector y llevarle a las fuentes originales.

Centenario de la Revista Nós. En este año de 2020 se cumple el centenario de la Revista Nós, cuyo primer número apareció el 30 de octubre de 1920, en la ciudad de Ourense. Con este motivo se están celebrando diversas actividades, exposiciones y declaraciones, de índole institucional o individual. Fue el primer director e impulsor de Nós, el muy notable intelectual ourensano Vicente Risco, en cuyo propio domicilio tuvo siempre la dirección postal. La revista, en línea con el pensamiento nacionalista, pretendía, por una parte, el conocimiento y la difusión de la identidad, el idioma y la cultura gallegos, actualizando la metodología e introduciendo nuevas líneas de investigación; y por otra parte, acogía y presentaba las culturas europeas e hispanoamericanas de la época, esencialmente las próximas a la gallega. Alfonso R. Castelao fue el responsable artístico de la revista que, con sus magníficas ilustraciones le dio una estética genuinamente gallega. Los contenidos y la obra gráfica han sido estudiadas en profundidad por muchos autores expertos, imposibles de enumerar aquí, y a ellos les remito.

El año 1931 se publicó en Madrid un álbum, bajo el título de Nós por Castelao, obra también conocida como Álbum Nós. En la publicación no figura el nombre del editor y sí dice en el colofón, debajo del que fue su exlibris, impresa en la “Casa Hauser y Menet”. El álbum es una colección de 49 estampas de dibujos, en color sepia, realizadas por Castelao. Los dibujos van precedidos por una primera página con el prólogo y una segunda con el autorretrato del autor. En el prólogo se indica que los dibujos fueron realizados entre 1916 y 1918, y que circularon previamente como exposición por las ciudades y villas de Galicia. Existen varias ediciones facsímiles. En Galiciana. Biblioteca Dixital de Galicia y en el Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico (CCPB) solo aparecen colacionados tres ejemplares de la edición original: uno en la Biblioteca Municipal de Arzúa y dos en la Biblioteca del Museo de Pontevedra —uno procedente de la Biblioteca de la Fundación Filgueira Valverde y otro de la Biblioteca de Francisco Javier Sánchez Cantón—. Ignoro si hay otros ejemplares en las bibliotecas ourensanas, aunque es de suponer que sí. Mi humilde aportación al centenario de Nós, como aficionado bibliófilo, se limita a dar noticia en este suelto de la existencia de un muy buen ejemplar de la primera edición del Albúm Nós, conservado en nuestra biblioteca familiar. Tengo el legítimo orgullo de haberlo conseguido hace bastantes años en una librería madrileña.

Locos y sordomudos

En algunos de mis últimos artículos me he referido a las importantes aportaciones de sacerdotes y frailes, de forma individual o como integrantes de distintas órdenes religiosas, a la Medicina y la Salud Pública. Razones de espacio dejaron en el tintero a dos frailes españoles pioneros.

El primero de ellos fue el mercedario valenciano Juan Gilaberto Jofré (1350-1417) quien después de estudiar derecho y llegar a ser un jurista de prestigio, ingresó en la Orden Mercedaria, en la que fue sucesivamente: vicario en Lérida y Santa María del Puig, comendador en Perpiñán, prior del convento de la Merced de Barcelona y, por último, comendador del convento de la Merced de Valencia, en el año 1408. A su regreso a Valencia, el primer domingo de cuaresma del año 1409, presenció las burlas y el maltrato que se daba a un perturbado en la calle, hecho que le llevó a promover y fundar en Valencia un hospital para enfermos mentales, bajo la denominación de Santos Mártires Inocentes, reconocido como el primer centro psiquiátrico hospitalario del mundo. Su iniciativa fue aprobada por Benedicto XIII y sancionada por el rey Martín I de Aragón. Con esta fundación asistencial se inició, por primera vez en Europa, el tratamiento médico hospitalizado a los enfermos mentales, así como una residencia adecuada para acogerlos. La capilla del hospital se dedicó a la advocación de Nuestra Señora de los Inocentes, después popularizada como Nuestra Señora de los Desamparados, actual patrona de Valencia. Esta institución se convertiría en lo que hoy es el Hospital General Universitario de Valencia, en cuyo jardín de entrada se alza en la actualidad una estatua en honor del padre Jofré.

El segundo de los frailes precursores fue el benedictino leonés Pedro Ponce de León (1508-1584), responsable de la educación de niños sordos en el monasterio San Salvador de Oña, Burgos, al que se ha atribuido el primer método bimanual para sordomudos. Con esta finalidad enseñaba a sus alumnos a escribir mientras les señalaba con el dedo índice de la mano derecha las letras figuradas en su mano izquierda y luego los objetos identificados con su nombre, para después, hacérselo repetir manualmente y por escrito. En cualquier caso es de justicia dejar constancia de que hay documentados antecedentes sobre esta invención en Italia dos siglos antes, y en la misma Castilla, otro fraile, Vicente de Santo Domingo, enseñaba el arte de la pintura a Juan Fernández de Navarrete “El Mudo”, valiéndose de un libro para los sordomudos, autoría que no se ha podido comprobar.

En calificación felizmente acertada del preclaro médico catalán José Blanch y Benet: “La religión, no la ciencia, redimió al loco; la religión no la ciencia, dio el habla al mudo”.

Y quedan sin mencionar cientos de Institutos religiosos, tanto femeninos como masculinos, cuyas prestaciones fueron esenciales para la salud pública, tanto en Oriente como en Occidente. El espacio no da para más, pero tiempo habrá de volver al tema.

Valente y número trece

Hace pocos días se ha inaugurado una exposición en el Centro Cultural Marcos Valcárcel de Ourense, bajo el título “Auga, Pedra, Luz”. La muestra conmemora el 20 aniversario del fallecimiento de José Ángel Valente Docasar (Ourense, 1929 – Ginebra 2000), el poeta ourensano más galardonado y más universal. Su obra poética fue extensa y traducida a muchas lenguas europeas; además escribió diferentes ensayos, colaboró con muchas revistas y periódicos y ejerció la docencia en diferentes universidades y tribunas. Por su obra recibió importantes premios, entre otros, el premio Adonáis de poesía (1954), el de la Fundación Pablo Iglesias (1984) y el Premio Príncipe de Asturias (1988). Las restricciones impuestas por la Covid- 19 no me permitieron visitar aún la muestra, por lo que mi información sobre esta es la que recojo en la prensa, como en este periódico, Faro de Vigo. La vida personal de Valente transcurrió por muchos países del mundo con dos ciudades de referencia. Una, Ourense, donde nació y de la que escribió: “Alongarme somente foi o xeito de ficar para sempre” (Sete cántigas de alén, 1981, luego ampliada con el título Cántigas de alén, 1989). Y la otra, Almería, su ciudad de acogida, en la que una calle y un museo están dedicados al poeta ourensano.

Según leo, la exposición acoge fotografías, manuscritos y documentos originales, y primeras ediciones de sus libros. De su larga e importante obra, tengo la fortuna de reunir en nuestra biblioteca varios ejemplares de sus primeras ediciones, todos ellos conseguidos en librerías de viejo catalanas. De ellos quiero destacar un ejemplar de la primera edición de Número trece (Las Palmas: Inventarios Provisionales; 1971), un texto narrativo y poético en prosa. Lo hago porque el libro tiene una dedicatoria autógrafa del autor, desde Ginebra a un tal Pedro, al que califica como viejo amigo. Con toda probabilidad los estudiosos y especialistas de Valente podrán identificarlo. El periodista Pedro Corral le realizó una entrevista muy citada al poeta ourensano (Valente, pescador de sombras, ABC literario, 428: 8-4; 1989). Es una simple posibilidad, no sé.

El uniforme del general, incluido en el Número trece, se interpretó como que vertía conceptos ofensivos para el ejército, por lo que el libro fue secuestrado por la censura franquista. Por tal motivo Valente fue sometido a auto de procesamiento en 1972; sin embargo, al residir entonces en Ginebra, fue declarado en rebeldía.

José Ángel Valente fue un autor original, único, singular e independiente de tendencias y escuelas, que figura entre los más preclaros de la literatura española y universal. Quede aquí mi pequeño homenaje de bibliófilo.

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