Opinión

¿Habremos de resignarnos los europeos a una futura guerra con Rusia?

¿Habremos de resignarnos los ciudadanos europeos a la posibilidad de entablar una guerra, esta vez directa, con Rusia ante la que parece ya segura derrota de Ucrania frente a ese país?

Al menos, todas las señales que envían últimamente algunos políticos, entre ellos el presidente checo, y altos mandos de la OTAN parecen indicar que hay que prepararse para un eventual conflicto.

Se habla no solo de invertir más en armamento sino también de modernizar las infraestructuras y eliminar las fronteras para que, llegado el caso, los ejércitos europeos encuentren las menores trabas posibles en su avance hacia el Este.

Sucede en efecto que todo lo que se había dicho del estado de la economía rusa y del de sus Fuerzas Armadas eran ilusiones interesadas más que otra cosa.

Se partió de premisas falsas: el jefe de la diplomacia europea dijo despectivamente que Rusia era “una gasolinera con bombas atómicas”, pero hoy ese país está económica y militarmente más fuerte que antes.

Y no solo no se ha producido el cambio de régimen que auguraban algunos en Washington y Bruselas, sino que el presidente Putin parece más seguro que nunca en el Kremlin.

Ahora la OTAN busca desesperadamente una salida al conflicto ucraniano que le permita al menos salvar las apariencias ante el resto del mundo y prepararse con tiempo ante la posibilidad de un nuevo conflicto.

En este momento y pese a las declaraciones públicas en sentido contrario, los políticos aliancistas no creen que Ucrania pueda darle la vuelta al calcetín y reconquistar lo perdido.

Sobre todo cuando el presidente de ese país, Volodímir Zelenski, parece haberse caído por fin del pedestal en el que le habían puesto sus muchos admiradores en Occidente.

Se habla de que los ucranianos empiezan a cansarse de él y de que el jefe de las Fuerzas Armadas de ese país, el general Valeri Zaluzhni, es mucho más popular que el presidente.

Pero el propio Zelenski ya advirtió en una entrevista con un medio occidental, en clara alusión a Zaluzhni, de que los militares no deben meterse en política mientras vistan el uniforme.

El problema es cómo deshacerse de Zelenski si el héroe que fue ya no sirve, sobre todo teniendo en cuenta que se niega a celebrar nuevas elecciones mientras dure la guerra, por lo que tiene interés en que esta se prolongue lo más posible.

Tratarán los gobiernos occidentales de convencer a Zelenski de que acepte negociar con Moscú, algo a lo que se ha negado empecinadamente hasta ahora. Y, sobre todo, ¿aceptará el Kremlin algo que no sea la desmilitarización y neutralidad de Ucrania?

Para Occidente, se trata en cualquier caso de ganar tiempo para prepararse mejor con vistas a un eventual conflicto con Rusia, a la que la OTAN acusa una y otra vez de tener ambiciones territoriales.

Mientras tanto, habrá que convencer a la opinión pública europea –algo cada vez menos difícil en vista de la apatía general– de que es necesario gastar más en armamento por lo que pueda pasar.

¿Por lo que pueda pasar o, más bien, por lo que se quiere que pase?