Opinión | Al azar

Sánchez gana por la máxima

El titular inmediato es “Sánchez, más difícil todavía”, porque incluso los discursos del propio presidente renovado del Gobierno y del excitado Patxi López contra los independentistas estuvieron a punto de perderles el apoyo de Junts. La facilidad con la que se ha venido arriba el PSOE durante dos jornadas de debate demuestra el peligro de los Gobiernos en solitario de cualquiera de los dos partidos mayoritarios, que los votantes avisados vienen bloqueando durante la última década.

Otro titular a considerar es “Sánchez gana por la mínima”. Si uno solo de los grupos que le han apoyado hubiera dado marcha atrás, y Junts le amenazó a menos de veinte horas de la votación, se hubiera derrumbado su castillo de naipes. Un ejercicio mínimo de transfuguismo, alentado por un PP con problemas que se adentran ya en la psicología, también hubiera obligado a convocar nuevas elecciones. Solo existía el resquicio que siempre encuentra Tom Cruise en Misión imposible, otro epígrafe adecuado para la legislatura de duración imprevisible que afronta el PSOE.

Sin embargo, los titulares anteriores y otros igualmente agónicos quedan descartados porque la votación de investidura de Sánchez sería anhelada por la mayoría de los gobernantes democráticos del planeta. El líder socialista genera odios tan desbocados, que incluso sus partidarios se sienten amilanados a la hora de cantar sus triunfos. Obtener la mayoría absoluta a la primera, por 179 a 171 cuando su anterior empeño fue un modesto 167 a 165 a la segunda, refleja un marcador espectacular. Es fácil descalificar el empeño por las decenas de partidos o partículas implicados en el apoyo, pero sin dejar de asombrarse por la ingeniería prodigiosa de equilibrar ese sostén, aunque sea por un solo día. Además, la victoria se obtiene tras dos votaciones contra su rival más significado, el doliente Feijóo. Por todo ello, el titular propuesto es “Sánchez gana por la máxima”, en una ceremonia concentrada tan absolutamente en su persona que se ha ahorrado incluso la exposición constitucionalmente obligada de un programa de Gobierno. O yo o el vacío, como acostumbra. De momento le sigue funcionando.