Opinión | Mira Vigo

El sexteto cordial del Club Ciclista Traviesas

El sexteto cordial del Club Ciclista Traviesas

El sexteto cordial del Club Ciclista Traviesas / Fernando Franco

Si los veis así de apolíneos a pesar de sus canas es porque llevan muchos kilómetros de ciclismo en el cuerpo, y eso es salud. Posan tras la cena anual del Club Ciclista Traviesas en el hotel Coia, que reunió a unas 125 personas y acabó a tan altas horas, entre la voz de Fausto y la marcha del dúo Salsa Costas, que no creo que nadie haya subido al día siguiente a bicicleta alguna. Ellos, Ricardo, Godoy, Blanco Villar, Roberto Rey, Horacio Barros y Padín, exprofesionales o vocacionales del ciclismo, fueron los homenajeados pero por allí andaba el alcalde Caballero y su deportivo concejal Manel Fernández, además de figuras varias de este deporte.

Entre bocado y bocado, un paseo por el gozoso camino del Petisquiño

Entonaré el mea culpa, rasgándome las vestiduras, dándome golpes de pecho y llorando cual plañidera si este fin de semana no me doy un garbeo por el Petisquiño para conocer de primera mano lo que se cuece en las cocinas viguesas. Este año son 37 los locales que se han animado a ser los más creativos a través de ese mundo infinito que es la tapa. Como no sé por dónde empezar ante tanto manjar, voy a pedir la intervención del presi de los hosteleros de aquí, César Sanchez-Ballesteros, para que guíe mi paladar en busca del bocado vigués perfecto. Sé que en concurso andan bocaditos como el solomillo de caballa ahumado del Aplomo (Zamora, 73), el taco bendito del Bendito Nopal (Luis Taboada, 6), el relleno de chips de As Marías (Real, 32), el cucurucho de mar de La Quesería (Teófilo Llorente, 12), los gambones con lichee en salsa nikki de La Trastienda del 4 y hasta uno politizado como el Palestina libre de La Revoltosa (Cruz Blanca, 5), por coger un sexteto al azar, así que lo tomaré con calma e iré haciendo el itinerario gozoso por partes hasta el 29 porque cada pincho lleva un vino y no es cuestión, como diría Xoan Carlos Caneiro, de dedicar tantas horas al hábito de la meditación alcohólica.

Una sentada en el Club FARO con los aventureros del Nuevo Mundo

Los hombres pasan pero los buenos libros permanecen y seguro que el que hoy se presenta en el Club FARO, Aventureros del Nuevo Mundo (Héroes y villanos que forjaron la América hispánica), es uno de ellos si responde a la personalidad académica de su autor, el catedrático de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Navarra Javier Navascués. Debiera flagelarme si no voy a esta presentación que le dispensará Beatriz Martínez, que me cuenta que son 33 semblanzas o perfiles de personajes que hicieron posible –después de la conquista inicial– la población de la América hispana. Que los hay españoles y criollos, hombres y mujeres, cimarrones, guerreros, literatos... son todos personajes muy singulares, ya sea por sus ideales, sus modos, su singularidad... O sea que muestra el crisol de culturas, mestizajes y soluciones que dieron vida a lo que hoy es América. Ir de tapas y tomar algún vinito sí pero, sentarse para calibrar un libro y sus historias es también gozoso para el corazón, el garlochí según los gitanos.

Y el borrado del poeta Pexegueiro

Pero ¿qué es lo que pasa que le borran, le omiten, le roban una parte de su pasado? Acabo de leer un texto periodístico sobre el origen de Rompente y –otra vez– no hallo la presencia de Alfonso Pexegueiro, a pesar de ser fundador del grupo en 1975 y estar en ese poético meollo casi dos años. Los cronistas del corazón lírico de la ciudad tendrán que contar un día cómo se sustanció tal divorcio que llevó a este autor de variadas piezas, que después trabajó en Vagalume, cofundó la Asociación de Escritores en Lengua Gallega, coordinó la revista Escrita… y marchó (¿huyó despavorido?) un puñado de años para Cataluña. ¡Que le devuelvan su pasado a Pexegueiro!