Opinión | Crónicas galantes

Girona manda en el Gobierno y en la Liga

Un gerundense que fue alcalde de su ciudad natal ha decidido elegir presidente del Gobierno a Pedro Sánchez, tras ordenarle las principales medidas a ejecutar tan pronto reincida en el cargo. Ninguna de ellas figuraba en el programa con el que el líder del PSOE se presentó a las elecciones, lo que da idea del poderío de Carles Puigdemont y el de Girona.

Más importante que la pasajera elección del jefe del Consejo de ministros es el hecho de que el Girona Fútbol Club lidere la Liga cuando ya se ha cumplido un tercio de la competición.

Dos puntos por encima del Real Madrid y cuatro sobre el Barcelona, el equipo gironés podría ser campeón de Liga si mantiene su extraordinaria racha. Por improbable que parezca a estas alturas, los escépticos debieran recordar que el Deportivo conquistó contra pronóstico el trofeo en sus tiempos de Superdépor.

A todas esas circunstancias en cierto modo prodigiosas hay que añadir aún otra de orden monárquico. La futura reina de España, Leonor de Borbón, ostenta entre sus varios títulos anexos el de Princesa de Girona, detalle que sin duda cierra el círculo. Tanto la jefatura del Estado como la del Gobierno y –sobre todo– la de la Liga están vinculadas este año a una capital catalana de provincia.

No parece que el liderato del Girona forme parte de los pactos firmados por el PSOE y Junts para hacer presidente a Sánchez, por supuesto. Aun así, los malpensados están en su derecho de sospechar que la concesión de la Liga al equipo de la localidad natal de Puigdemont podría figurar como cláusula secreta en esos acuerdos. Tal sucede, a menudo, con muchos tratados internacionales como el que acaban de suscribir el partido del presidente del Gobierno y el del exalcalde gerundense.

El caso es que, con poco más de cien mil habitantes, Girona lleva camino de convertirse en la ciudad más decisiva de España desde el punto de vista político y, lo que acaso sea más trascendente, desde el futbolístico.

“Los malpensados podrían sospechar en una concesión de la Liga al equipo de la cuna de Puigdemont”

Estas han de ser, probablemente, coincidencias astrales que solo se dan cada cierto tiempo en la historia de las naciones. Cierto es que existieron ciudades-Estado como Roma, pero no resultaría procedente establecer una comparación con Girona, que en modo alguno tiene vocación de imperio. Simplemente, el balompié y la extraña aritmética del Congreso de los Diputados la han situado en esa posición estelar.

A quienes se preocupan por el generalmente aburrido ramo de la política podría sorprenderles tal vez que un partidario de segregar a Cataluña de España, como Puigdemont, sea determinante a la hora de elegir al primer ministro de la que considera potencia colonizadora. No hay razón para la extrañeza.

En realidad, son lances propios del sistema D’Hondt, un método de asignación de escaños que en España complica la formación de mayorías. Tanto como para que siete votos sobre un total de 350 decidan no solo el nombre del presidente, sino también lo esencial de su programa de gobierno.

Más admirable parece aún que coincidan en el tiempo el liderato del Girona en la Liga con el gerundense Puigdemont –hacedor de jefes de Gobierno españoles– y la princesa de Girona en expectativa de ser reina de España. Manda Girona.