Opinión

El amigo del amigo de un criminal

El asesinato la madrugada del domingo pasado en Madrid de Miguela, de 35 años, a manos de su expareja, un hombre con antecedentes por maltrato, sumó la víctima 49 de terrorismo machista este año en España. El brutal apuñalamiento de esa madre de tres hijos que se desangró en la escalera de su edificio huyendo de su agresor hace que la violencia contra las mujeres ya se haya cobrado en 2023 las mismas vidas que todo el año anterior. Sin embargo, Miguela no era en realidad la muerta número 49, sino la 50. Su fatal destino se cruzó con el de Sandra, de 41 años, cuyo cadáver se encontró el jueves anterior en una carretera de la localidad toledana de Val de Santo Domingo. Aunque en un principio pareció una muerte natural, los sanitarios que acudieron al lugar percibieron signos claros de atropello. Alertada la Guardia Civil de que unos testigos la habían visto esa tarde discutir con su pareja en un bar, procedieron horas después a detener al hombre, que presentaba un índice alto de alcohol en sangre. Tal y como se supo el domingo al levantarse el secreto de sumario de las pesquisas, la madre de dos hijos de corta edad fue embestida cuando regresaba caminando a casa por el marido, que contaba con antecedentes por violencia machista, y que se marchó del lugar en su coche. De copiloto iba un amigo que resultó ser un concejal del pueblo de Alcabón. Un servidor público.

Solo cuando la jueza decretó para el primero prisión sin fianza por un presunto delito de homicidio imprudente y otro contra la seguridad vial, y contra el acompañante otro por encubrimiento dimitió de su cargo ese edil del PP, en cuyas listas electorales ingresó en calidad de independiente. En un rápido comunicado oficial, el alcalde informó de que la renuncia se debía a “motivos personales”, al tiempo que le mostraba “todo nuestro apoyo y le brindamos toda la ayuda que necesite”. Malo a la hora de elegir a los miembros de su equipo y peor en su reacción en momentos de crisis. Horas después, alegando falta de conocimiento de que se trataba de un nuevo crimen machista pese a la conmoción en la comarca y a que su regidor estaba en la cárcel, el consistorio borró el texto y publicó otro lamentando el “fallecimiento” de Sandra y convocando un minuto de silencio. Ojalá ese alcalde se hubiera tomado un minuto para averiguar qué había pasado con su compañero antes de entregarle toda su solidaridad y quedar como un amigo del amigo de un asesino. Pero lo primero es lo primero, echarle un capote a su congénere, uno de los suyos en las votaciones además. Que lo sepan las mujeres de su pueblo que en algún momento necesiten protección y amparo.

Los dos huérfanos de Sandra elevan también a medio centenar los menores que se han quedado este año sin sus progenitores, o al menos sin su madre, y que se criarán por la generosidad de sus familias, si tienen suerte, o de los servicios sociales del Estado. Porque no van a recibir “todo el apoyo y la ayuda que necesiten”. Tras los protocolarios actos de repulsa vendrá el olvido, como después de la víctima 50 llegará la 51 sin que parezca haber fin a esta sangría de vidas que es un fracaso social absoluto. Las víctimas 49 y 50 hubieran podido intercambiar sus escalones en esta desgraciada lista y tenían dos hijos pequeños a su cargo cada una. También se parecían en que ambas se estaban distanciando de parejas con condenas previas por violencia machista. No lo consiguieron.

*Periodista