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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

La “patita”

Hace más o menos un millón de años, cuando a niños y niñas sus progenitores les leían cuentos –infantiles, valga la redundancia: por entonces no había leyes de Montero ni gobernanzas para disimular los fracasos–, una de esas narraciones advertía a los menores sobre los riesgos del lobo (literario) y aconsejaba, por precaución, si alguien llamaba a la puerta, “asomar la patita por debajo” antes de entrar. Y eso se convirtió en una frase casi icónica para casos de sospecha, hasta el punto de que ni la más avanzada de las progresías ha logrado eliminarla del argot popular. Lo que viene a cuento no de que se haya recuperado aquella atávica costumbre de la lectura sino de que, gracias al precedente, la gente del común pueda saber lo que hay bajo la apariencia.

(Por ejemplo, tras lo que algún despistado, confundiendo el culo con las témporas, ha llamado “rebelión blanca”, por razón del color de las batas sanitarias. Cuyos portadores, y todos los demás profesionales del sector –eso ha de quedar claro desde el principio– tienen razón en sus reivindicaciones laborales, salariales y hasta materiales. Ocurre sin embargo que lo que se ha sabido sobre la reunión de los Colegios de Médicos con la Xunta dista mucho de lo que necesita la Sanidad Pública y probablemente no tardará la oposición en actualizar sus acusaciones de “privatización” del sector. Sin necesidad alguna de profecías: de cuando en vez sacan a la calle a sus “plataformas” y es tema habitual en sus arengas.)

En este punto conviene un par de matices. El primero para insistir en que es del todo necesario aceptar que hay en Galicia un problema sanitario, como lo hay en el resto de España. El segundo, que cuando se critican algunas actitudes es a causa de su partidización: la salud se ha convertido, como casi todo lo demás, en un instrumento electoral que la izquierda, y en especial el PSOE –que no supo resolver la cuestión en más de veinte años de mandatos– ha manejado como un ariete, politizándolo para intentar mejorar sus expectativas. Pero, como los hechos son tozudos, ha quedado probado más allá de cualquier duda razonable que la cuestión, aún con diferencias, es general, de nivel estatal.

Es decir, que si bien gran parte de las competencias son autonómicas, el problema se extiende a todas las comunidades, y eso se ve en las manifestaciones de estos días. Y en términos de Galicia puede agravarse, a no ser que alguien crea que el hecho de que se permita compatibilizar las tareas pública y privada no va a restar facultativos a la atención de los pacientes en el día a día. Lo de las “peonadas” –las horas extra médicas, diferentes y aparte de las guardias, que se introdujeron hace años para compensar las incompatibilidades, e incluso el enorme error de fijar la jubilación a los 65 años– aporta bastante menos que las consultas privadas o el trabajo vespertino en alguna clínica.

En este punto conviene insistir en que cuando queda dicho responde a un punto de vista particular y que no ha de tomarse en absoluto como una crítica a la profesión médica, cuya abnegación y esfuerzo siempre merecerá la gratitud de la sociedad gallega. Ni siquiera se discuten las reivindicaciones laborales de la profesión ni se pretende la osadía de inmiscuirse en cuestiones cuyos detalles se desconocen. Lo que no significa excusatio non petita: solo una reflexión acerca de la inoportunidad de que una reunión orientada a resolver siquiera en parte un problema de enorme afectación para la sociedad se salde en apariencia con principios de acuerdo que, desde fuera, parecen responder sólo a intereses corporativos. De ahí que habrá quien, pensando mal –y ojalá no acierte– diga aquello de que vio “asomar la patita...”.

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