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Faro de Vigo

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Javier Cuervo.

Oligarca, ruso y muerto

Los que fuimos incubados en la Guerra Fría sabíamos poco de los rusos, que entonces eran soviéticos y tenían una unión de repúblicas socialistas que nos resumió la geografía política y nos hizo más fácil aprobarla. Lo que nos llegaba era que los hombres eran bailarines y las mujeres astronautas, al revés que en Estados Unidos. Luego supimos de los gerontócratas cejudos y de los disidentes barbazas. Gorbachov dejó de fabricar disidentes y sus sucesores crearon oligarcas. La oligarquía es el poder de unos pocos. El poder siempre es igual; la peculiaridad, que son pocos.

Hacer un oligarca ruso cuesta mucho dinero, pero el país puede permitírselo porque es muy rico, de ahí su pobreza. Se llama oligarcas rusos a los magnates de los negocios con muchos recursos e influencia política. Eso, traducido del ruso, vienen a ser los milmillonarios estadounidenses. En Estados Unidos hay 389 personas con más de 2,9 millones de dólares. Algo más de una persona por millón (pocos). Jeff Bezos, de Amazon, es 201 veces milmillonario y eso le hace más poderoso.

Cada día conocemos varios oligarcas rusos, si no por sus nombres, sí por sus yates. Los últimos de los que supimos es esa media docena que ha muerto en poco tiempo y extrañas circunstancias. Va a resultar que los oligarcas no son tan pocos, valga la contradicción. Si muriera media docena de milmillonarios estadounidenses parecería una catástrofe, aunque personalmente nos importara un rábano. Rusia tiene menos de la mitad de habitantes que EE UU y media docena de oligarcas han muerto de manera violenta, defenestrados, ahorcados, solos, en familia.

La información occidental (no tenemos otra) dice que todos se opusieron a la invasión de Ucrania. Hay media docena menos de oligarcas, pero el poder no mengua, siempre se lo queda alguien. Lo que no tiene sentido es que, después de establecer el vínculo con la oposición a Vladímir Putin se hable de “extrañas circunstancias”. Lo extraño es ser oligarca. Oponerse a Putin y morir es bastante normal.

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