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Faro de Vigo

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Luis M. Alonso.

SOL Y SOMBRA

Luis M. Alonso

Teleoperadores pelmazos

¿Quieren una plaga de nuestro tiempo? Ahí tienen las llamadas comerciales indiscriminadas en el móvil. Son un incordio, las habrán sufrido sin saber qué hacer para frenarlas y librarse de los teleoperadores pelmazos, maleducados y hasta irritantes por su persistencia. Las grandes corporaciones los subcontratan para vender cualquier servicio a supuestos clientes que generalmente no suelen estar interesados. Si la víctima que sufre la invasión de su intimidad pregunta por qué disponen de su número de teléfono lo más habitual es obtener como respuesta que ha sido elegido al azar para ofrecerle la oportunidad de su vida. Puede ser un seguro o una “tarifa irrechazable” a cambio de prestarle la mejor contraprestación. El sufrido interlocutor se esfuerza en hacerles comprender que no está interesado y, de manera ya desesperada, intenta que dejen de molestarle. No resulta fácil, para no soltar pieza los teleoperadores están entrenados en las técnicas más latosas, importunas y cargantes. La mayoría de las veces hacen como que no le escuchan y siguen dando la tabarra para tratar de convencerle. Si uno no corta la conversación a tiempo, a veces despidiéndola con cajas destempladas, el desenlace puede llegar a ser desagradable y hasta desasosegante.

La mayoría de las veces hacen como que no le escuchan y siguen dando la tabarra para tratar de convencerle

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¿Qué hacer para librarse de estos pesados? Pues, parece ser, no existen grandes soluciones. Únicamente las que brinda la telefonía móvil, que es a fin de cuentas la vía invasiva. La más drástica es no responder a las llamadas desconocidas, pero con ello se corre el riesgo de no atender a los mensajeros o a un organismo de salud que puntualmente busca ponerse en contacto. También se pueden silenciar o bloquear los números indeseados e indeseables por medio de los ajustes del teléfono, pero el problema seguirá existiendo porque siempre habrá un teleoperador pelmazo dispuesto a insistir desde otra terminal de 'call center'. La llamada Lista Robinson empezó siendo un remedio para eludir civilizadamente esta clase de publicidad latosa pero en esta jungla no todas las empresas cumplen con la ley de consultarla.

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