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Faro de Vigo

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Pedro de Silva.

Derrota universal y lección local

No es mi intención entrar ahora en el contenido de la sentencia de la Corte Suprema USA (según la cual “la autoridad para regular el aborto se devuelve al pueblo y a sus representantes elegidos”), ni tampoco en la supuesta fragilidad de la sentencia Roe vs. Wade de 1973 (que extrapolaba el derecho a abortar del Constitucional a la intimidad), sino en el absurdo de dejar al albur de la composición progresista o conservadora en cada momento de una cúpula del poder judicial designada a dedo (en este caso el del inductor del asalto al Congreso) la interpretación del texto constitucional en asunto de tan enorme importancia para el contenido real de los derechos de la mujer. Curiosa la hipocresía rampante de “devolver al pueblo” la autoridad al respecto, pero no hacer lo mismo, claro, con la de la propia Corte. Mal servicio a la división de poderes es siempre exorbitar el de uno de ellos.

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