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Faro de Vigo

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Ceferino de Blas.

La mejor transformación urbana

La obra que se realiza en la Porta do Sol es la más transformadora de la ciudad, tras la de Vialia, y abarca dos aspectos fundamentales: el urbanístico y el de movilidad. El primero supone convertir la Porta do Sol en peatonal, una vez pavimentada, y el segundo introduce una variante capital para el tráfico que será subterráneo desde Policarpo Sanz hasta Torrecedeira. Este recorrido supone una modificación del proyecto en marcha, ya que elimina la salida del túnel entre Elduayen y el Paseo de Alfonso, que se convertirá en peatonal y enlazará con la Porta do Sol.

Si se confirma este supuesto es un acierto pleno, porque el Paseo de Alfonso es el principal balcón de la ciudad sobre la bahía. Un lugar que por sí mismo y por ubicación demanda ser peatonal.

La proyectada salida por Elduayen era un espanto estético y acarreaba indeseadas consecuencias funcionales en el entorno.

Hay un episodio histórico del que es protagonista la infanta Isabel, la popular “Chata”, durante la primera visita que realizó a Vigo, que justifica plenamente la peatonalización. Había llegado, entre aclamaciones, el 5 de julio de 1906, y al día siguiente visitaba los sitios más significativos de la ciudad, entre ellos el Paseo de Alfonso, para que contemplase la mejor de las vistas de Vigo.

"La Infanta Isabal, la "Chata", quedó tan atrapada con aquella visión de la bahía desde el paseo de Alfonso que inició el turismo a las Cíes"

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Era por la tarde, calentaba el sol, y al ver la fuente que entonces se utilizaba como potable, sintió sed, se acercó a beber y una joven de la zona le ofreció un vaso lleno de agua que la Infanta tomó con avidez. Quedó tan satisfecha que su secretario se lo agradeció a la joven entregándole la entonces apreciable cantidad de 5 pesetas.

A la Infanta Isabel, a quien Vigo dedicó la Plaza de la Princesa cuando nació porque asumía el título de heredera y Princesa de Asturias, no le quitaron el nombre cuando perdió el rango al nacer su hermano, Alfonso XII, sino que para el rey eligieron otro lugar, el impresionante balcón sobre la ría que ahora visitaba.

Quedó tan atrapada con aquella visión de la bahía que será la que inicie el turismo a las Cíes, después de visitarlas en el cañonero “Vasco Núñez de Balboa”, al que siguió un barco lleno de vigueses, el “Colón número 7”. Tras la gira de la Infanta, empezaron a hacerse habituales las visitas de los vigueses que dieron origen al creciente turismo que ahora las llena todo el año.

Indirectamente la infanta Isabel “la Chata”, tan querida en Vigo–en la calle Carral quedan vestigios de un antiguo hotel y un bar con su nombre–, es un referente para que el Paseo de Alfonso se convierta definitivamente en un espacio peatonal.

Por sus características geográficas Vigo necesita el transporte, por la amplitud y la dispersión de las parroquias. De suyo, no se vertebra hasta 1914, cuando comunica todo el territorio el tranvía, y desde los años setenta, los autobuses y los automóviles.

"Aunque Vigo con no sea una ciudad para peatones, porque se necesitan los vehículos, agradece que aumenten las zonas exclusivas para moverse a pie"

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La construcción de un nuevo subterráneo facilitará el tráfico, como lo hicieron los túneles de la Gran Vía y el de Beiramar y Areal que eliminaron buena parte de los pasados atascos.

La falta de un centro urbano acorde con la dimensión de la ciudad es una de las razones de que no haya un ámbito peatonal significativo. Hasta ahora solo cuenta con la calle del Príncipe. De ahí la importancia de disponer de una gran área exclusiva para caminantes que abarque desde la calle Urzáiz, pasando por Príncipe, Porta do Sol, Elduayen, y el Paseo de Alfonso hasta Pi i Margall.

Las obras de la Porta do Sol y la calle Elduayen han cerrado el tránsito rodado, lo cual supuso inconvenientes para los automovilistas que han modificado los hábitos al no poder atravesar el Paseo de Alfonso. Por tanto el mantenimiento de la prohibición ya no supondrá ningún trauma. Y aunque Vigo con sus 109 kilómetros y su rururbano no sea una ciudad para peatones, porque se necesitan los vehículos, agradece que aumenten las zonas exclusivas para moverse a pie. En especial en lugares tan emblemáticos como el mejor balcón de la ciudad, donde crece el olivo, su símbolo tradicional.

La obra de transformación que se está ejecutando supondrá un cambio de fisonomía sustancial, pero debe ser completada con la restauración de los edificios antiguos y abandonados en torno a la plaza de Argüelles, que la afean y que desentonan completamente el magnífico espectáculo de lo que será el lugar de encuentro de los vigueses y de cuantos lleguen.

El subsuelo es otro asunto que no debería retrasar las obras, que todos desean que terminen cuanto antes, ni avivar problemas arqueológicos ficticios.

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