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Faro de Vigo

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Joaquín Rábago.

Feroz campaña mediática contra el candidato común de la izquierda francesa

El líder de la Francia Insumisa y actual candidato común de la izquierda francesa, Jean-Luc Mélenchon, está siendo blanco de una feroz campaña mediática de desprestigio personal e ideológico.

Mélenchon, que ha conseguido finalmente unir a comunistas, ecologistas y, pese a algunas defecciones, también a socialistas, no lo tiene fácil de cara a las legislativas del próximo mes.

Editorialistas y periodistas políticos le acusan día tras día de intentar acelerar la crisis del régimen con sus tentaciones “totalitarias”, de jugar a la “violencia social” o califican de “engendro” entre Putin y Léon Blum la Unión Popular que ha logrado conformar.

Hay quien le llama “neobolchevique” al frente de “una secta de radicales irresponsables” o escribe que “quiere dejarse momificar vivo como un pequeño Lenin francés venerado por los sectarios de la Revolución”.

Otros hablan a propósito del bloque que lidera de “pitbulls que ladran y muerden” o advierten de que Francia se arriesga a la llegada al poder de “trotskistas, maoístas, comunistas y jemeres verdes”.

La violencia de la campaña de los medios de televisión franceses, sobre todo, pero no solo, los privados, recuerda, aunque amplificada, la que llevó a cabo en los años treinta en Francia la extrema derecha de Acción Francesa contra el socialista Léon Blum y su Frente Popular.

¿Por qué da tanto miedo el líder de la Francia Insumisa y ahora de prácticamente toda la izquierda francesa al establishment político y mediático del país vecino?

Conviene recordar que en primera vuelta de las pasadas presidenciales francesas, Mélenchon quedó tercero tras el presidente Emmanuel Macron y a poca distancia de la ultraderechista Marine Le Pen.

Y lo que es más importante, votaron por él hasta un 36 por ciento de los jóvenes de entre 18 y 24 años, un treinta por ciento de los del grupo de edad de entre 24 y 30, y hasta casi un 70 por ciento de los musulmanes franceses.

Muchos de los que desde la izquierda votaron en la segunda vuelta de las presidenciales a Macron solo para evitar el triunfo de la líder de Agrupación Nacional, podrían dar su voto a Mélenchon en las legislativas, y eso es lo que se trata por todos los medios de evitar.

Mélenchon asusta en efecto al establishment, entre otras cosas por sus declaraciones contundentes contra la Alianza Atlántica y su propuesta de abandono de la energía nuclear en un país como Francia que ha apostado fuertemente por ese tipo de energía.

"Mélenchon, que ha conseguido finalmente unir a comunistas, ecologistas y también a socialistas, no lo tiene fácil de cara a las legislativas del próximo mes"

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El líder de la Nueva Unión Popular Ecológica y Social (NUPES), como se llama su coalición de izquierdas, se opone a la actual política de bloques y aboga por un nuevo tipo de alianzas que él llama “altermundialistas”.

Esas alianzas deberían estar enteramente dedicadas a la protección de “los bienes comunes”, es decir del agua y del aire que respiramos, única forma de evitar, advierte Mélenchon, una catástrofe climática que afectaría a toda la humanidad con independencia de cuál sea el color de la piel, el sistema político o la religión.

Para el líder de la Francia Insumisa, el mantenimiento de la OTAN, en la que los Gobiernos europeos parecen haber puesto ahora, con la invasión rusa de Ucrania, todas sus esperanzas, dejó de tener sentido tras la desaparición de la URSS y el desmantelamiento del bloque de Varsovia.

Mélenchon condena como el que más esa invasión ilegal, pero al mismo tiempo insta a poner fin a una guerra que está destruyendo un país y en la que diariamente mueren militares y civiles.

En el terreno social y económico, si gana las legislativas y Macron le nombra primer ministro, promete Mélenchon limitar los precios de muchos productos básicos, aumentar los sueldos de quienes menos ganan, además de rebajar de 62 a 60 años la edad de jubilación de los franceses.

Mélenchon, que se opone también al Pacto de Estabilidad europeo, lleva tiempo diciendo que Francia no debe aceptar lecciones de Berlín.

Incluso escribió un polémico ensayo titulado El arenque de Bismarck en el que criticaba la hegemonía del país vecino y sobre todo la adopción por el socialista francés François Hollande del programa económico dictado por la Alemania de su correligionario Gerhard Schröder, hoy un apestado político por sus conexiones con Putin.

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