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Faro de Vigo

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Lola Galovert

Un grito de paz

Noticiero: “La ciudad de Mariúpol está prácticamente controlada por el Ejército ruso, pero sus tropas ahora centran el asalto en la acería de Azovstal, el principal foco de la resistencia armada ucraniana en la ciudad. Las autoridades locales aseguran que allí están atrapados miles de soldados y civiles. Unas dos mil personas, mayoritariamente mujeres y niños, están en una situación horrible, con frío, sin agua, comida ni aire fresco. De nuevo Mariúpol resiste.

Yo no sé muchas cosas, es verdad. No sé de geopolítica ni de batallas épicas que pasan a la historia, ni de heroísmo, ni de banderas, ni de patriotismo. Solo sé lo humanamente elemental: que es inaceptable el coste de vidas rotas y de destrucción que está provocando Putin con su invasión a Ucrania y que no existe justificación para prolongar tanto sufrimiento inocente. También sé que, para la mayoría, ningún beneficio ni ventaja puede acarrear una victoria sobre escombros.

Señala la oenegé Save the Children que se trata de una guerra contra los niños y niñas en la que al menos 7,5 millones de ellos corren grave peligro de daño físico, angustia emocional grave y nuevos desplazamientos. Mientras escribo esto me pregunto quién vela por los civiles atrapados allí, en la siderurgia, y si alguien ha pensado en salvarlos de la muerte que, parece, se les avecina.

No quiero acostumbrarme al horror en Azovstal ni al monstruo de la guerra, descrita y repudiada por el escritor y teórico de la no violencia León Tolstói en su novela “Guerra y Paz”; ni es mi intención ser indiferente a la desolación y a la muerte. Sin buenismo, grito paz con todas mis fuerzas, paz para Ucrania arrastrada por la invasión. (“Pedir la paz con voz potente desde los balcones y en las calles”, dice el Papa Francisco).

Pido pacificación porque me resisto a admitir la lógica de las armas como única salida, la lógica de que la paz solo es posible después de la batalla de Donbass. Me chirría la machacona y casi única narrativa del apoyo armamentístico de la UE y EE UU para que Ucrania se defienda, sin poner esa hermosa palabra en el fiel de la balanza.

En mi condición de ciudadana del mundo, me permito demandar a los dirigentes políticos que hagan todo lo posible para conseguir un alto el fuego humanitario y que encuentren la fórmula para detener la guerra y para garantizar la paz urgente.

(“Esta guerra no es irreversible, no es demasiado tarde para salvar a una generación del flagelo de la guerra”, dice António Guterres, secretario general de Naciones Unidas).

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