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Faro de Vigo

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Manuel Campo Vidal

Sánchez gana la Champions pero peligra en la Liga

Le pasa a veces al Real Madrid y a algún otro grande de Europa: supera a los equipos punteros de varios países y gana el trofeo máximo pero pierde en casa con el Levante y el Rayo Vallecano. Tras ocho meses de esforzada temporada para lograr la Copa “Península Ibérica, isla energética”, Pedro Sánchez, con apoyo del primer ministro portugués António Costa, puede presentar ese gran triunfo pero, sin embargo, perder las próximas elecciones y salir del Gobierno. En su día; no ahora, como pretenden el ultraderechista Santiago Abascal y otros. Salvo caos por la paralización del país. “Son migajas lo que ofrece el Gobierno”, dijo el líder de Vox auxiliando a Manuel Hernández, el dirigente más radical de los camioneros autónomos, después de que las patronales del transporte y otras plataformas aceptaran un acuerdo para terminar la huelga.

El país está que arde, y con razón, porque los precios de todo suben cada día, los carburantes parecen champagne y cada vez hay más fábricas paradas: a los envasadores de aceite no les llegan botellas ni corchos; tampoco componentes a los fabricantes de coches; mientras, los ganaderos derraman la leche porque no sale a cuenta llevarla al mercado. Una tristeza. Conflicto económico y social aquí, mientras la guerra de las bombas prosigue en Ucrania, a solo cuatro horas de vuelo de España, con destrozos humanos y urbanísticos irreparables.

A punto estuvo Pedro Sánchez de volverse de vacío del Consejo Europeo. Su intensa gira de las últimas semanas –seis países en ocho días– no era una recomendación de marketing sino “ablandamiento” de posiciones entre los socios para conseguir que se autorizara esa excepcionalidad: España y Portugal fijarán los precios máximos de la electricidad y del gas, sin someterse a la unanimidad europea. “España se ha salido al fin con la suya. No en razón de su fuerza, sino con la fuerza de su razón en este pulso”, ha escrito Xavier Vidal-Folch, especialista en asuntos europeos.

Pero fue muy difícil y arriesgado, hasta el punto de que Sánchez abandonó el Consejo unos minutos como presión. Al trascender la noticia, algunos en España ya se frotaban las manos: el país revuelto y la cesta europea vacía. Pero Sánchez y Costas marcaron gol en la prórroga.

El presidente español llegaba en condiciones de debilidad a la cumbre europea porque la actividad económica del país se estaba frenando peligrosamente, el malestar social crecía, sus socios en el Gobierno cada vez más fragmentados –la vicepresidenta Yolanda Díaz aplaza el lanzamiento de su plataforma electoral– y los aliados parlamentarios, especialmente los nacionalistas catalanes y vascos, indignados con el volantazo en la posición sobre el Sáhara ante la incesante presión de Marruecos. Hassan II lanzó la Marcha Verde sobre el Sáhara en noviembre de 1975 cuando Franco agonizaba y había un vacío de poder en Madrid. Su hijo, Mohamed VI, ha aprovechado la excepcionalidad de la guerra de Ucrania para presionar en el flanco sur y obtener un reconocimiento español a la ocupación del Sáhara, archivando el compromiso de un referéndum. Argelia, aliada de los saharauis que llevan 47 años en el desierto, montó en cólera. Para aplacarlo, esta semana se repatrió desde España al exmilitar y activista Mohamed Benhlima que había solicitado sin éxito asilo tras ser condenado a 10 años de prisión en Argel. Las guerras devalúan todo. Conocemos el drama de las víctimas en primera plana pero hay también una portezuela de atrás que desagua personas. Es así.

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