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Faro de Vigo

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El meollo

La Operación Santa Clara

El Concello y la Diputación han puesto en marcha la Operación Santa Clara, una campaña propagandística de gran boato cuyo alcance final todavía no está escrito. Ambas instituciones han dejado tan abierto el asunto, después de jugar al despiste con ese trueque del recinto que no figuraba en el guión original, que puede ocurrir cualquier cosa, hasta la elaboración de un proyecto como es debido, financiación y sostenimiento incluidos. Solo Cesáreo Mosquera y la monja de Asís comparten un misterio tan enredado.

No cabe la menor duda de que las visitas organizadas han gozado de una acogida extraordinaria. No podría asegurarse sin caer en la exageración que toda la ciudad habla de esta compra-venta del histórico convento. En cambio, sí podría afirmarse que el interés por recorrer algo tan secreto e incluso morboso, que estaba ahí mismo en medio de la ciudad, aunque resultaba intangible por la clausura imperante, ha desbordado las previsiones más optimistas, pese a que una densa niebla envuelve diversas cuestiones de la Operación Santa Clara.

De una parte, el vaciado de imágenes, objetos y otros bienes por las clarisas ha causado bastante malestar entre algunos pontevedreses conocedores de su incalculable valor artístico, y hasta cuestionan su legalidad en algún caso. Sirva de ejemplo, el brutal descabezamiento de una fuente del jardín que coronaba una preciosa talla de la virgen.

De otra parte, el propio tejemaneje entre el Concello y la Diputación, que recuerda aquella triquiñuela que hicieron la Caja de Ahorros y la Diputación, cuando aquella compró el Pazo de Montero Ríos para traspasarlo a esta. El abandono que arrastra dicha propiedad contrasta con la euforia por Santa Clara. Todo para unos y nada para otros. Quizá por ese motivo, el vicepresidente de la Xunta, Alfonso Rueda, no ha querido pillarse las manos en este asunto.

El proceso de desacralización del lugar ha comenzado a toda pastilla. Sin embargo, queda mucho por hacer y clarificar. Santa Clara no quiera que los okupas se metan por medio y acaben campando allí igual que en la Herrería.

El Meollo de la cuestión está nada más y nada menos que en adivinar si acabará bien o terminará mal la Operación Santa Clara: o sea, saber si las dependencias interiores darán el juego necesario a las demandas museísticas y si las zonas verdes cumplirán las expectativas creadas para su uso público, incluida su apertura o no por Barcelos, de más que dudosa legalidad.

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