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Luis M. Alonso.

sol y sombra

Luis M. Alonso

Un cóctel indeseable

La pesadilla se reproduce. Alemania ha admitido que la cuarta ola del COVID no se podrá frenar ni aumentando la vacunación. No les falta razón a los que dicen que la vida se vuelve aún más complicada cuando los alemanes no saben qué hacer. La reciente y trágica historia del siglo XX nos recuerda que no solo se pone difícil para ellos.

En España, donde el número de vacunados es superior al de otros países, nos enfrentaríamos a la sexta ola. Y de no ser por las inmunizaciones estaríamos de nuevo, como al principio de la pandemia, registrando las peores cifras debido a nuestro proverbial apego a juntarnos y a abrazarnos, y a la indisciplina que por regla general mostramos en el cumplimiento de ciertas normas. Por eso cuesta cada vez más entender el rechazo a las vacunas por parte de los negacionistas o los que simplemente las rehúyen. De hecho, el brote de infecciones se ha extendido con mayor facilidad en los países en los que este fenómeno se manifiesta de forma más evidente. Alemania es un ejemplo y para ilustrarlo está el mayor número de contagios en los länder donde es más significativa la presencia de la AfD, partido populista euroescéptico que mantiene un discurso antivacunas.

Si se quiere hacer una vida lo más parecida a lo normal no existe otro remedio que vacunarse. La alternativa a ello es el aislamiento. Pero frente a esto tenemos una alarmante falta de solidaridad y de responsabilidad. Se producen nuevos brotes porque existe una cadena de transmisión sin inmunizar: jóvenes con gran actividad social que no están vacunados y adultos con evidente tara mental que se niegan a estarlo. Alemania impondrá restricciones a todos los que han preferido no inmunizarse; y Austria, el confinamiento general y la vacuna obligatoria. La nueva pandemia es de jóvenes y no vacunados, como la definió el ministro de Sanidad bávaro, y consiste en juntar en un cóctel terrible el virus con la estupidez social.

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