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Julio Picatoste

Mis “amigos” orientales (y II)

Hidehito Higashitani era japonés, y además, la antítesis de Kuo Gang; este era fuerte, de complexión ancha, de mediana estatura, locuaz y muy risueño. Por el contrario, Hide –así le llamábamos en el Colegio Mayor, pronunciado “Gide”– era serio, contenido, circunspecto, muy delgado, de voz grave y ademanes suaves. No obstante, había una característica común a ambos: la cortesía en el trato y exquisitez en las formas.

Era muy joven –sobre los quince años– cuando se topó con un curso de español que se emitía por radio; fue esa circunstancia la que despertó en él el interés por nuestra lengua y nuestra cultura. Fue ese hallazgo casual el punto de partida de la formación de quien con el tiempo habría de ser un reputado hispanista. Se licencia en Filología Española en la universidad de Osaka y en el año 1963 viene a la Universidad de Navarra becado para hacer su tesis doctoral sobre el teatro de Leandro Fernández de Moratín, que años después publicará como libro. Le interesaba especialmente el siglo XVIII porque le recordaba a la Era Meiji de su país.

En la Universidad de Navarra vivíamos en el mismo Colegio Mayor, donde él, popular y apreciado por todos, trabajaba en su tesis. Su formación y afición musical le llevaron a la dirección de la coral universitaria; bajo su dirección oí por vez primera los compases del “Gaudeamus igitur”.

En una ocasión, medio en serio, medio en broma, le dije: Hide, a nosotros, los occidentales, todas las japonesas nos parecen prácticamente iguales; ¿qué particularidad os lleva a destacar la belleza de una mujer nipona? Se tomó unos segundos antes de responder y dijo: Su elegancia. Otra vez le interrogué sobre las geishas; se limitó a mirarme de reojo y sonreír, sin pronunciar palabra alguna. Como el silencio y las miradas son lenguaje universal, me di por enterado.

Yo dejé pronto Navarra, de modo que no seguí la trayectoria de Hide durante su estancia en España, y a diferencia de Santiago Kuo, no he vuelto a verle. Pero sí sé de su trayectoria profesional, como también que en su país tuvo una fructífera carrera que le ha valido una sólida reputación como hispanista. Fue catedrático de literatura y rector en la Universidad de Kobe, y más tarde también catedrático de igual disciplina en Himeji Dokkyo University. Tradujo al japonés varias obras, entre ellas “La Regenta” de Clarín y “El Criticón” de Baltasar Gracián y tanto en su país como en España ha publicado sobre temas literarios en revistas especializadas. También ha traducido al japonés obras de Quevedo, Espronceda, Gómez de la Serna, Unamuno, Jardiel Poncela, Cunqueiro, Castelao, Landero, entre otros autores españoles. De igual modo se ha prodigado en la prensa española como columnista de El Imparcial.

Faceta especialmente destacada de la labor de Hidehito ha sido la difusión de la lengua y cultura españolas en la cadena pública NHK de la televisión japonesa, dedicación de extraordinaria importancia si se tiene en cuenta que desde la década de los setenta sus programas eran prácticamente la única fuente de información audiovisual que los japoneses tenían de España. No se limitaba a enseñar la lengua española, sino que también explicaba cómo era España. Por cierto, a esa época corresponde una entrevista hecha por Hidehito a Felipe González cuando, por primera vez en la historia, un presidente de gobierno español visitaba Japón.

En mayo de 2017, con ocasión de su visita a la Universidad de Zaragoza para asistir a la sesión de clausura del Diploma de Especialización de Estudios Japoneses, tuvo lugar la presentación de su traducción de ‘El Criticón’ de Baltasar Gracián, acto que se celebró en la Biblioteca de Humanidades María Moliner.

Una nueva visita a nuestro país quedó frustrada. En octubre de 2020 y dentro del XIV congreso anual de la Asociación de Estudios Japoneses en España, celebrado en Zaragoza, fue objeto de un homenaje a su larga trayectoria profesional. El acto, que inicialmente se había proyectado para su celebración presencial, tuvo que llevarse a cabo por vía telemática a causa de la pandemia del COVID-19, con la participación de Hidehito desde su casa en Kobe.

Cuando conocí a Hide, lejos estaba de imaginar que, andando el tiempo, aquel japonés elegante, de ademanes pausados y pocas palabras iba a ser un renombrado hispanista, un japonés con el corazón y el espíritu hondamente impregnados de cultura española, un hombre al que José Pazó considera uno de los más importantes puentes culturales entre Japón y España en las últimas décadas.

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