El pasado 12 de mayo se cumplía el centenario del fallecimiento de Emilia Pardo Bazán. A lo largo de su vida y en estos últimos cien años, han sido muchos los homenajes recibidos por la escritora, algunos de ellos, de los que nos ocupamos hoy, han sido perpetuados en piedra y bronce.

A Coruña, su Marineda inspiradora y querida, es el primer lugar que va erigirle un monumento en 1916. La idea viene ya de años atrás, cuando 1905 un grupo de coruñeses residentes en Lugo acuerdan dedicarle una estatua en su ciudad natal. Para ello crean una comisión que se propone imprimir a sus trabajos la mayor actividad posible, pero la recaudación de fondos a través de suscripción popular dificulta la rapidez deseada a pesar de la colaboración de algunas instituciones y asociaciones. El proyecto se le comunicó a la novelista que escribió una carta a la Comisión aceptando el honor y manifestando su gratitud.

El escultor elegido para hacer realidad el proyecto fue el andaluz Lorenzo Coullaut Valera, artista fecundo en la realización de monumentos conmemorativos muy del gusto de la burguesía y de los promotores de estos homenajes por su carácter narrativo y anecdótico, aún en la línea finisecular. En Galicia ya era conocido por ser el artífice en 1911 de un sencillo monumento a Curros Enríquez en Vigo y, posteriormente, también realizará el de Peinador en Mondariz (Pontevedra).

El escultor esculpe en mármol la figura sedente de la escritora en la plenitud de su vida, elegantemente ataviada, sostiene en la mano derecha una pluma y la izquierda un libro. La obra está enmarcada por una romántica balaustrada decorada con macizos jarrones y guirnaldas en los extremos. Muchos años después Otero Pedrayo la definió “… como una dama que mira el mundo gallego desde el balcón de su pazo…”

Sin embargo, la realidad es que el monumento sigue en la línea de otros del mismo autor en los que la idealización, la elegancia, el refinamiento y el gusto por lo descriptivo pueden más que la captación de los rasgos psicológicos del personaje. En cuanto al marco, cae en los tópicos de la época que siguen gustando para este tipo de homenajes, pero que desde punto de vista artístico rezuman cierto eclecticismo.

Para la inauguración se organizó una procesión cívica encabezada por la Guardia Civil a caballo seguida de una banda de música y las autoridades civiles y militares. La condesa no asistió, fue representada por sus hijos Jaime y Carmen Quiroga. Esta fue la encargada de descubrir el monumento. El secretario de la Comisión hizo entrega de este al Ayuntamiento y el hijo de la escritora cerró el acto dando las gracias en nombre de su madre. Después los niños cantaron el Himno de Galicia y se depositaron coronas. Al concluir estos actos hubo un banquete al que asistió doña Emilia.

En 2007, debido a los desperfectos sufridos, en la mayoría de las ocasiones a causa del vandalismo urbano, la estatua original ha sido retirada y sustituida por una réplica de bronce. Hoy, gracias al buen hacer del escultor coruñés Ferreiro Badía, la obra ha sido recuperada y está a la espera de que se tome una decisión definitiva sobre su destino.

Madrid, la ciudad donde vivió gran parte su vida, donde falleció y en la que reposan sus restos, rinde en 1925 su primer homenaje a la escritora. El promotor de la idea será el Centro de Galicia en Madrid, que acuerda colocar una placa de mármol con su efigie del perfil en la fachada de su casa en la calle de la Princesa. Cuando esta fue demolida se hizo cargo de la placa el Centro Gallego donde actualmente se conserva.

El artífice de la obra fue el escultor gallego Bonome formado en los talleres de imagineros de Santiago y discípulo de Asorey. Por estas fechas el artista se instala en Madrid y hace una escultura más al gusto del cliente. En esta placa ya rompe con el modelo tradicional de la época al desplazar a la homenajeada a uno de los ángulos inferiores y tratando concierto esquematismo los elementos decorativos que la completan, como son el laurel y la columna.

A los pocos años de fallecer Emilia Pardo Bazán, Eugenio Rodríguez, periodista de El Imparcial, escribe un artículo reivindicando una estatua en su honor, teniendo en cuenta los vínculos que había tenido siempre con Madrid. Pronto la duquesa de Alba se convierte en la mayor abanderada para hacer realidad la idea del monumento y no duda en recurrir a sus amistades y sobretodo a las mujeres de España y Argentina como consta en el pedestal.

Se le pide a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando que lleve acabo un concurso de ideas para la adjudicación de la obra, siendo seleccionado Rafael Vela del Castillo, artista de formación académica y que éste fue su primer monumento público ya que con anterioridad sólo había realizado placas conmemorativas. Para el diseño del pedestal sobre el que se colocaría la figura de la condesa se recurrió al arquitecto Muguruza Otaño.

Vela del Castillo concibe la figura de la escritora sedente con fuerte contraposto, ataviada con ampuloso atuendo trabajado de forma esbozada que le da ligereza y movimiento a pesar de su volumen. Elegancia e idealización, sin alcanzar a la de A Coruña, también se dejan ver aquí. En el frente del pedestal un pequeño relieve alude a una escena rural gallega en consonancia con ese gusto por lo anecdótico en este tipo de obras.

En junio de 1926, en presencia de los Reyes de España Alfonso XIII y Victoria Eugenia, se inaugura el monumento que se erigió, después de algunas discrepancias, en las proximidades del Palacio de Liria, residencia de la duquesa de Alba.

Por su estrecha relación familiar con O Carballiño, en 1988 se inaugura en la villa un busto en honor de la novelista. El escultor al que se le encomendó la obra fue Acisclo Manzano, artista de referencia en la escultura gallega de finales del siglo XX y comienzos del XXI. Fundido en bronce, Acisclo define la personalidad de la homenajeada conjugando los diferentes pulidos del metal que crean interesantes contrastes lumínicos. En un primer momento se podía pensar que se trata de un busto, sin embargo, por el contrario, estamos ante una novedosa composición en la que se ha eliminado la multifacialidad dejando solo un punto de vista frontal. Esto es consecuencia de inspirarse el escultor en un modelo pictórico, un retrato al pastel sobre papel que en 1896 le había realizado a la homenajeada su amigo y protegido Joaquín Vaamonde y que hoy se conserva en el museo de Bellas Artes de A Coruña.

La última escultura pública que se inaugura en honor de Dª Emilia tiene lugar en Sanxenxo (Pontevedra) en 2010. Su vínculo con el pueblo costero viene de cuando en su adolescencia veraneaba en la Torre de Miraflores y de las referencias escritas que dejó sobre la belleza de la zona. El lugar designado fue la plaza donde se encuentra la biblioteca que lleva su nombre y el escultor elegido fue el vallisoletano Carlos Salas, licenciado en Bellas Artes, docente y con varias obras en la zona. El artista, partiendo de un modelado de barro para luego fundir en bronce, decide representarla en los últimos años de su vida rompiendo con el idealismo dominante en los monumentos que se le habían dedicado hasta la fecha y también, en consonancia con los nuevos tiempos, la baja del pedestal mezclándola con los viandantes.

*Doctora en Historia del Arte.