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Carmen Martínez-Fortún

Ceuta y España 2050

En las crónicas futuras esta semana no será, como era el designio presidencial, la de España 2050, y no porque no se le haya dedicado trabajo e ilusión, ni tampoco porque los principales del IBEX volvieran la espalda a la propagandística y algo inoportuna celebración, aunque un poco sí, ni siquiera porque a un tanto por ciento elevadísimo de nuestra población envejecida, como está humilde opinadora, la fecha se le antoje lejanísima y con posibilidades de no conocerla nunca en esta vida, circunstancia que presta al cacareado evento un interés muy relativo, por mucho que importe el futuro de nuestros biznietos.

Esta semana será recordada por el asalto en este amenazador presente, invasión, violación de la frontera y casi terror en Ceuta. Algunos la llamarán la crisis migratoria que también es y otros la crisis diplomática que todos reconocen. La historia la interpretará dependiendo de cómo piense cada cual, me temo. Y por eso, España, o más bien su ministra de Exteriores seguirá insistiendo en que un auxilio humanitario provocó una respuesta desproporcionada e inesperada y Marruecos insistirá en que el comportamiento de un país que se dice amigo no puede ser acoger en secreto a un acusado de violación y genocidio.

España seguirá insistiendo en que un auxilio humanitario provocó una respuesta desproporcionada e inesperada y Marruecos insistirá en que el comportamiento de un país amigo no puede ser acoger en secreto a un acusado de violación y genocidio.

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Mas en una época en que las guerras y revoluciones, asaltos de fronteras, ahogamientos y muertes las vemos en directo en una pantallita como si fueran películas de horror, merced al arriesgado trabajo de corresponsales y cámaras, el mundo libre todo pudo ver que, sean las razones que sean las del país africano, no hay razón en el mundo que justifique permitir o más bien incitar a niños indefensos a lanzarse al mar o escalar muros para tal vez morir en ellos. Y una, en su absoluta inocencia, sigue sin entender que dichas imágenes no hayan sido causa en todo el mundo que se dice demócrata y civilizado y defensor de los derechos humanos, empezando por ese asombrosamente equidistante EE UU y la misma ONU, de escándalo y rechazo total a dichas prácticas absolutamente crueles. Ni la tibia y escasa respuesta de la diplomacia española.

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