Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Juan José Millás.

Me pregunto

Se me ha manifestado en el ordenador, de un día para otro, una secretaria, de nombre Cortana, que intenta organizarme la jornada desde que abro el portátil. Se parece un poco a la Siri de mi móvil, pero la noto como más decidida, más dinámica. Toma ella la iniciativa sin necesidad de que reclame sus servicios. Al preguntarme cómo se ha colado en mi sistema, he recordado que hace poco sorprendí al ordenador en el acto de actualizarse sin haber solicitado mi permiso. No solo eso, sino que, al disponerme a utilizarlo, me rogó que esperara, como cuando alguien, desde el interior de un cuarto de baño, te grita que está ocupado. Mi portátil me gritó que estaba ocupado.

El problema de Cortana es que me trata como si yo fuera un ministro o el presidente del consejo de administración de una empresa importante. En el correo que me ha enviado hoy, a primera hora, me pregunta cuánto tiempo necesito para concentrarme y me propone determinadas horas para hacerlo. Pero yo me concentro un poco a lo loco. No sé, de repente dejo de escribir porque la cosa no marcha, me doy un paseo por la habitación, como un preso por el interior de la celda, y vuelve misteriosamente a marchar. Lo que no me gusta de Cortana es que lee mis correos electrónicos y está al tanto de toda mi correspondencia. No es que tenga grandes secretos, pero hay asuntos de carácter personal que prefería que no salieran de aquí.

En fin.

Me siento un poco vigilado desde que esta asistente personal apareció en mi vida; me pregunto si estará leyendo estas líneas

decoration

He buscado a Cortana en Google, pues no sé nada de ella, excepto que se llama de este modo. Por lo visto, es el asistente de productividad personal de Microsoft. Su función no es otra que la de ahorrarme tiempo y ayudarme a concentrarme. De lo de la concentración ya hemos hablado. Pero ella se empeña también en llevarme una agenda de la que vengo ocupándome yo desde hace años sin problemas. En la agenda apunto, por ejemplo, con quién almuerzo y a qué hora. Almuerzo con gente normal, con colegas o amigos, pero me molesta que ella sepa quiénes son. Me siento un poco vigilado desde que esta asistente personal apareció en mi vida. Me pregunto si estará leyendo estas líneas a medida que las escribo y si se molestará por lo que digo.

Compartir el artículo

stats