Para analizar bien la entraña de un hecho criminal conviene tener en cuenta todas las circunstancias que lo rodean (antecedentes, concausas, móviles, etcétera), pero evitando que toda esa cáscara acabe escamoteando la carne. En este caso la carne es que como “represalia” por la atención en un hospital español a un líder enemigo de Marruecos (encausado por la justicia española, por otra parte), esa nación que se supone amiga ha lanzado a 8.000 jóvenes y niños para invadir Ceuta por la fuerza. Es difícil ponderar si es más grave la flagrante violación del derecho internacional –casi un acto de guerra– o el inconcebible crimen contra los derechos humanos de los jóvenes y niños manipulados, que retrata la posición real del Gobierno de ese país en la materia y el desprecio hacia su propio pueblo. Si la sociedad española y el Gobierno pasaran página demasiado pronto no andaríamos bien.