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Qué hemos aprendido y nos falta por saber en la pandemia COVID-19

El virus SARS-Cov-2 nos vino por sorpresa. Otros virus letales parecidos se quedaron lejos de nuestro país y cuando venían las noticias de China de un nuevo coronavirus, pensamos que pasaría lo mismo, que sería poco más que un catarro o una gripe. Nos sorprendió ver que en China se montaban hospitales en unos días para miles de personas, y seguíamos pensando que esto no vendría aquí. Pues no, el coronavirus llegó y lo hizo con mucha fuerza. Desde hace ya más de un año la pandemia ha afectado a nivel mundial, dada la facilidad actual de movilidad global.

Y, ¿qué hemos aprendido?

Virus: Hemos aprendido sobre el tipo de virus, un coronavirus SARS-CoV-2; cómo entra en nuestras células (a través de la proteína ACE-2); sus vías principales de contagio (vía aérea, aerosoles); la enfermedad que produce (COVID-19) y algunas de sus secuelas. Nunca antes se había conocido tanto de un virus en tan poco tiempo, cómo detectarlo y combatirlo, etc.; gracias al esfuerzo internacional de los investigadores y a la inversión económica.

Técnicas de diagnóstico: Se han desarrollado muchas técnicas: para detectar en la nariz o garganta la presencia del virus por PCR o por test de antígenos; saber si una persona generó anticuerpos con tan solo una gota de sangre; podemos secuenciar y conocer las variantes y llevar a cabo otros muchos test en los laboratorios.

Tratamientos: Se ha avanzado en los tratamientos y en conocer la respuesta inmunitaria frente al virus. La mayoría de las personas (80-85%) desarrollan enfermedad leve o incluso sin síntomas; otros (15%) cursan con síntomas de mayor gravedad. En un menor porcentaje (5%) hay pacientes críticos que requieren hospitalización en unidades de cuidados intensivos, y por desgracia algunos de ellos fallecen. El porcentaje de muerte entre los infectados es de 2,2% a nivel mundial, con más de 100 millones de personas infectadas.

Prevención: en un tiempo record tenemos varias vacunas con una eficacia asombrosamente alta. En menos de un año se cuenta con las vacunas ya autorizadas de RNA de Pfizer-Biontech y Moderna, las primeras en la historia basadas en RNA; las de adenovirus modificados como la de AstraZeneca y Janssen (y también la rusa Sputnik); y algunas pendientes de aprobación (Novavax que tiene proteína S del virus; Curevac, también de RNA viral). Además, otras están ya en fases clínicas, en ensayos preclínicos en animales, o en etapas previas de diseño en los laboratorios.

Y, ¿ahora qué?

Necesitamos producir más y más y más vacunas, para proteger en el menor tiempo posible a la población mundial, con el fin de prevenir la expansión de los contagios y mutaciones del virus (afortunadamente muta menos que otros virus, como el de la gripe o HIV). De esta forma, pondremos cerco a la generación de nuevas variantes.

La variante británica, más contagiosa que la variante europea, lleva un tiempo circulando de forma masiva en Galicia y España, y en el mundo se han identificado unas cuantas (Sudáfrica, Brasil, California, etc.). La buena noticia es que, por ahora, las vacunas parecen ser efectivas frente a las variantes que circulan. No sabemos si lo serán para nuevas que puedan llegar, lo que tal vez obligue a modificar las vacunas actuales. Con lo ya aprendido, esto se podrá hacer con rapidez.

La vacunación mundial amortiguará esta pandemia, pero es muy difícil hacerlo en poco tiempo. Hay que plantear que la vacunación es una medida muy eficaz, que seguramente tendrá que mantenerse en los próximos años, y no sabemos si por mucho tiempo. Tal y como indica la Organización Mundial de la Salud, deberíamos centrarnos en proteger a los más vulnerables, pero a escala global.

También hay que seguir investigando en nuevos fármacos que impidan la infección o que eliminen el virus de forma temprana. Ya se está trabajando en el desarrollo de antivirales (por ahora solo hay un antiviral aprobado, de eficacia reducida), y en inmunoterapia (ya en uso para bloquear la tormenta de citocinas que producen efectos colaterales graves, y para neutralizar el virus o potenciar la respuesta inmunitaria). Se requieren estudios para conocer cuál es la mínima carga viral en el ambiente necesaria para infectar, así como desarrollar métodos sencillos para la detección de virus en espacios cerrados.

Con el fin de evitar los contagios, es muy deseable incrementar las medidas para detectar a los infectados y aislarlos, rastrear tempranamente a sus contactos, secuenciar el virus para detectar variantes de forma temprana y adoptar una conducta personal que minimice riesgos.

Tenemos que prepararnos mejor, para poder actuar más rápido. Aunque este coronavirus parece que ha venido para quedarse, ya hemos empezado a poner un cordón sanitario frente a él. Hasta que la vacunación no se haya generalizado a nivel mundial, no podremos cantar victoria.

*Catedrática de Inmunología. Centro de Investigaciones Biomédicas (CINBIO), Universidad de Vigo. Académica de la Real Academia de Farmacia de Galicia. Fue Presidenta de la Sociedad Española de Inmunología

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