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¿Cultura popular frente a demagogia?

Reconozco mi sorpresa cuando personas vinculadas a la creación y a la industria cultural definen y presentan los términos de cultura de élite y de cultura popular como contenidos y públicos no sólo diferentes, sino hasta enfrentados. Yo creo que esta visión, profundamente equivocada en mi opinión, parte de una idea apriorística de sentirse parte de una élite, idea fundamentada en no sé muy bien qué.

Es verdad que el termino élite designa a la parte de la sociedad que se halla en una situación de privilegio, ya sea en el orden político, educativo, intelectual o profesional. Sectores que recogen y fomentan manifestaciones culturales producidas por sí mismos, con criterios claramente autoreferenciales. Eso sí, al hablar de hegemonía, instalan o intentan instalar sus propios cánones, buscando que aquellas personas que no participan en esa cultura de élite terminan siendo persuadidas de que esos valores son los que hay que imitar.

Esta concepción sobre el valor positivo de ciertas manifestaciones culturales, y la correlativa minusvaloración de otras, se opone claramente al sentido e interpretación antropológicos de cultura, que no tiene carácter valorativo, e incorpora dentro de ese concepto todas las actividades del hombre sin distinción de grupos o de clases sociales, visión claramente compartida por el gobierno municipal de Vigo.

Desde este gobierno, entendemos que las llamadas, muchas veces de forma peyorativa, como "culturas populares" están conformadas por una enorme variedad de manifestaciones artísticas, creencias colectivas, costumbres y hábitos cuyo aprendizaje y transmisión se realiza dentro de las propias comunidades, se definan éstas como se quiera, y que no sólo hay que defender, sino fomentar y promover.

Muchas veces tenemos que leer en medios de comunicación que determinados representantes de la cultura "de élite", cuando hablan de lo popular hacen una valoración peyorativa, como si lo popular, o aquello que gusta a la mayoría, tuviera una calidad inferior a esa cultura de élite, una reflexión profundamente demagógica. En el fondo estamos asistiendo a una discriminación de clase, aunque se disfrace de condescendencia.

Creo que desde la responsabilidad política tenemos que reflexionar sobre a qué llamamos cultura y qué papel tiene que desempeñar en la sociedad contemporánea. Y, sobre todo, los valores que se trasmiten. Cosmopolitismo, todo; elitismo, ninguno. Este ayuntamiento no va a estar al lado de los juicios de valor de aquellos sectores que se considera elitistas, refinados y de mayor altura, y que desde ese lugar descalifican a los demás, defender lo "kitsch" también es defender la pluralidad, y eso es irrenunciable.

*Concejal de Cultura

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