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Santiago Lago Peñas.

Salidas de la crisis

Con una crisis sanitaria que parece ya encaminada, la atención al parón económico crece. Esta semana, el Foro Económico de Galicia estimaba un coste provocado por el confinamiento entre 3500 y 4600 millones, dependiendo de que termine el 26 de abril o el 10 de mayo, respectivamente. Eso supone que en vez de que el PIB gallego crezca el 1.5% en 2020, caería entre 4 y 6 puntos, salvo que exista un efecto rebote en la segunda parte del año que compense lo perdido durante la cuarentena masiva.

El rebote sigue siendo una posibilidad, aunque a medida que transcurren las semanas y no aparece una batería de tratamientos médicos efectivos, la normalidad plena en lo que queda de año no está garantizada y el potencial efecto rebote pierde fuerza.

En todo caso, lo que es seguro es que veremos asimetrías en la recuperación, partiendo del hecho de que existen ramas y empresas escasamente afectadas por el confinamiento y otras con una parálisis total.

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El Gráfico adjunto, tomado de un interesante informe de la consultora Deloitte, pergeña el posible perfil de recuperación en cinco subsectores importantes. La cara es la alimentación. Existen empresas que hoy están facturando significativamente más que el año pasado y, en conjunto, 2020 no será un mal año para ellas. En el extremo contrario, las perspectivas para restaurantes, ocio, hoteles y viajes dibujan el peor ejercicio que se recuerda. Las restricciones sobre la movilidad y el distanciamiento social se lo ponen muy difícil. Para ellos, el efecto de una sorpresa positiva sobre tratamientos efectivos sería la solución milagrosa.

Finalmente, en el comercio minorista ("retail") yo no soy tan pesimista como Deloitte. Se está produciendo un embalsamiento de la demanda que se concretará en cuanto acabe el confinamiento. Y aunque es cierto que cabe aguardar una caída del consumo asociada a la recesión que viviremos, las perspectivas no son tan malas como en los otros casos, salvo en la venta de automóviles. Por su cuantía, la adquisición de vehículos es particularmente sensible a las expectativas de los consumidores. Teniendo en cuenta la antigüedad del parque móvil español, parecería razonable que en los próximos meses se aprovechase para aprobar algún plan potente de impulso a la renovación de turismos; sin perder de vista a los ayuntamientos y los obsoletos autobuses que mantienen las concesionarias y empresas públicas.

*Director de GEN (Uvigo) y del Foro Económico de Galicia

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