06 de septiembre de 2019
06.09.2019

Lugares a proteger

06.09.2019 | 01:49
Lugares a proteger

Si alguien no lo remedia, el 15 de septiembre cierran el Muelle de Aldán. No el portuario, que dicen van a ampliar, sino el bar Muelle, que desde hace cuarenta años ha servido a decenas de miles de clientes de todo el mundo.

Cuando se escucha, en Vigo y alrededores, vamos al Muelle de Aldán, muchos sobreentienden el bar que lo identifica, donde encontrar una mesa es asunto harto difícil en verano. La espera suele ser larga, a veces muy larga.

¡Y mira que Aldán es hermoso! Contemplado desde la carretera que viene de Cabo Home, en los atardeceres, asemeja un espectáculo de cuento de Disney.

Muchos madrileños, andaluces, asturianos, portugueses y turistas de las demás regiones, nacionalidades y países que acuden al muelle de Aldán, lo que suelen recordar del lugar es el bar de Diego.

Diego, el propietario, anda cabizbajo, porque son muchos años de dedicación al local, aunque los menos habituales no lo noten. A la postre, es un profesional. Siempre se comporta de la misma manera, con gesto impertérrito, avezado a sufrir presiones de clientes impacientes o zalameros. Ambas con la intención de que rompa la norma de no "colar" a nadie, sea quien sea, cliente habitual o recién llegado. Porque de sus pautas de comportamiento no es la menor la del trato a la clientela: a todos por igual y sin asomo de privilegios.

Es un prototipo del Morrazo. Serio, estricto, aparentemente distante, pero atento. De tantos clientes como en los últimos treinta años han pasado por el Muelle es uno de los personajes más conocidos.

Sin duda, los responsables de Portos de Galicia no han tomado en consideración las características del lugar, y han decidido cerrar el bar Muelle por razones estrictamente administrativas. Se acaba la concesión del local y se cierra. ¡Así de sencillo!

Han obviado que el Muelle de Aldán, el bar de Diego, es una especie de espacio protegido sin reconocimiento institucional. Pero lo avalan los muchos años de servicio y la aprobación de las multitudes que lo utilizaron. Si se les pidiese, la lista de adhesiones sería interminable. Debería reconocérsele el valor de una iniciativa popular para una propuesta parlamentaria.

Lo frecuentan gentes de todas las clases sociales, desde millonarios que atracan el yate en la bahía de Aldán, a mochileros caminantes. Vienen a comer la empanada, las xoubas, los pimientos de Padrón y los cachelos.

A los espacios naturales o culturales, protegidos oficialmente, habría que añadir otros lugares a proteger, que no cumplen las normas para ser nominados, pero que reúnen peculiaridades que merecerían alguna salvaguarda. Son los lugares protegibles.

Todo el mundo conoce alguno -un edificio, un magnolio centenario, un comercio de coloniales-, que por antigüedad, peculiaridad y aceptación, merecería esta denominación.

Sería la garantía de que no padecieran decisiones irreversibles, adoptadas por razones administrativas, que no sean de estricta necesidad.

Aldán se ha convertido en un atractivo espacio hostelero, que prestigia la espléndida casa rural, uno de esos establecimientos con encanto. Y de restauración, con locales muy competitivos, alguno de auténtico postín, por ubicación y calidad del servicio. Todos con magníficos cocineras-cocineros.

Pero ya no resultará tan tentador, el verano que viene, para los miles de visitantes que acuden a probar sus productos si desaparece el bar Muelle.

Su pérdida empeorará el entorno gastronómico, y no beneficiará al conjunto de la restauración. Cuando es tan alta la demanda, por la cantidad de turistas y visitantes que se acercan, la competencia favorece más que perjudica.

Ocurre a menudo que comensales que no encuentran sitio en el lugar que previamente eligieron, se trasladan a otro, cuyas virtudes culinarias descubren por azar. Y les satisface mucho.

Nadie ha explicado todavía las causas para rescindir la concesión del bar Muelle y si está justificada. Porque ante el peso de los argumentos que motivaron la decisión, caben contraargumentos de tanto voltaje que la pospongan o anulen.

¿No hay forma de remediar este desaguisado y prorrogar su permanencia? Miles de turistas y visitantes, gallegos, vecinos y vigueses, lo celebrarían.

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