El párroco que guarda la primera emisora de Moaña

Francisco Pena conserva en su casa de San Martiño la radio que adquirió su bisabuelo en Estados Unidos para los partes de la Guerra

El párroco con la radio de su bisabuelo en San Martiño.

El párroco con la radio de su bisabuelo en San Martiño. / Gonzalo Núñez

Después de llevar hasta diez parroquias juntas en Boiro y Rianxo y con algunos problemas de salud que le hicieron un poco dependiente, el sacerdote moañés Francisco Pena Calvar pidió la jubilación. Volvió a su parroquia natal de San Martiño, aunque desde el Arzobispado le pidieron su ayuda para encargarse de las parroquias de Domaio, en Moaña; y de Ardán, en Marín, que lleva con ese buen humor que le caracteriza. Apasionado coleccionista, presume de tener una importante colección de radios, incluso la primera de Moaña que adquirió su bisabuelo y con la que los vecinos escuchaban las noticias de la Guerra Civil.

Es coleccionista de radios antiguas, de estilográficas, rosarios y de molinillos en miniatura y casi se podría decir que esta pasión que tiene por el coleccionismo le llevó en su vida a coleccionar también parroquias desde que con 26 años se ordenó sacerdote. Francisco Pena Calvar, natural de la parroquia moañesa de San Martiño, ha pasado prácticamente toda su vida como sacerdote fuera del municipio, en las zonas de Boiro y de Rianxo en donde llegó a llevar hasta 10 parroquias juntas (Bealo, Cespón, Rianxo, Araño, Asados, Isorna, Leiro y Fruime-Lousame) y compaginarlo con la docencia como profesor en el Instituto de Boiro. Tras unos problemas de salud debido a su diabetes, pidió al anterior arzobispo, Julián Barrio, que le liberara. Lo logró y se quedó con cinco hasta que el 25 de septiembre de 2022 pidió finalmente la jubilación y regresó a la casa familiar de San Martiño.

El párroco en el altar de Domaio.   | // G.N.

El párroco observa la colección de radios en su casa de San Martiño. / Gonzalo Núñez

Pero desde el Arzobispo volvieron a pedirle su ayuda para llevar las parroquias de San Pedro de Domaio, en Moaña y de Santa María de Ardán, en Marín, y no lo dudó. Desde entonces y pese a su jubilación y su enfermedad que le hace mella y le obliga a ser un poco dependiente, se encarga desde entonces de ambas iglesias.

La antigua radio de su bisabuelo.

La antigua radio de su bisabuelo. / Gonzalo Núñez

En San Martiño volvió a reencontrarse con la casa en donde vivió su infancia con cinco generaciones de la familia (padre, hija, nieta, bisnieta y tataranieta) y en donde sigue residiendo parte de ella, con la que vive, en medio de sus colecciones, sus radios antiguas, sus estilográficas, sus molinillos de café en miniatura y sus rosarios que ha ido recopilando a lo largo de todos estos años de su trabajo por las parroquias y con el apoyo de muchos feligreses amigos. Siente especial predilección por las radios antiguas y presume que cuenta con la primera que llegó a Moaña. La adquirió su bisabuelo, Manuel Paz Casqueiro, porque tres de sus hijos estaban en la guerra.

El sacerdote observa la colección de radios.   | // GONZALO NÚÑEZ

El sacerdote en el altar de la iglesia de San Pedro de Domaio. / Gonzalo Núñez

Era el momento de la Guerra Civil y la familia quería tener noticias. Asegura que su bisabuelo adquirió el aparato de segunda mano en Estados Unidos y cuando llegó a la casa, acudían los vecinos a escuchar los partes de guerra. Era la única información que llegaba, entonces, a Moaña. Aquellos tres hijos regresaron sanos y salvos del conflicto. Recuerda que la radio, como en todas las casas de aquella época, ocupaba un lugar principal –como hoy puede ser la televisión– y su padre se encargaba de cambiarle alguna lámpara cuando se estropeaba.

Hoy, esa primera radio de Moaña no funciona, pero sigue ocupando un lugar destacado tanto en las estanterías en donde Francisco Pena luce las emisoras que ha ido consiguiendo a lo largo de los años, como en su vida. Muchas veces cuando iba a visitar a enfermos en Boiro, recuerda que veía las antiguas radios tiradas en los cobertizos y él pedía poder llevarlas para conservarlas, ya que muchas acababan en los contenedores de la basura.

El cura con su colección de rosarios.

El cura con su colección de rosarios. / Gonzalo Núñez

Esta pasión por el coleccionismo la empezó este moañés con la primera radio de su bisabuelo y recuerda que la siguió con la segunda que se la regaló el párroco que había en San Martiño, don Heraclio Couceiro.

Un cura a jornada completa que llegó a llevar 10 parroquias

El párroco de Domaio y de Ardán puede presumir de que es uno de los vecinos que más cerca nació del sagrario de la iglesia parroquial de San Martiño por la proximidad de la casa familiar, que antes de vivienda fue juzgado de Moaña, cuando la capitalidad estaba en la zona alta del municipio. “Sólo un trozo de atrio separa la habitación de la casa de la iglesia”, señala Francisco Pena.

Francisco Pena ante su casa en San Martiño.

Francisco Pena ante su casa en San Martiño. / Gonzalo Núñez

Al frente de la parroquia de Domaio se siente muy feliz, dice que se ha reencontrado con muchas familias que conocía por su padre ya que tanto él como sus hermanos trabajaron en el astillero de Ascón. Dice que es una parroquia acogedora, que no ha tenido ningún inconveniente para ayudar y que se entiende muy bien con los feligreses a los que oficia misa los domingos y cuando se le piden por alguna celebración o entierro. Le pasa lo mismo en Ardán en donde está entusiasmado con un gran Belén que va a abrir este próximo día 8 en la iglesia con motivo de la Navidad. Francisco Pena, don Paco, estudió en Santiago y se ordenó sacerdote el 23 de septiembre de 1979. Fue diácono en Forcarei y su primer destino como sacerdote fue como coadjutor en Santa Eulalia de Coiro, en donde estuvo cuatro años. Llevó después Bealo y en 1992 fue nombrado párroco de San Vicente de Cespón, en Boiro, llevaba también Bealo y empezó con las clases en el instituto de Boiro. A medida que iban falleciendo párrocos, él iba asumiendo más y más parroquias hasta esas 10. Recuerda que estaba a jornada completa para poder atenderlas.