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El primer percebe de diciembre alcanza los 80 euros

Después de un mes sin faenar debido al tren de borrascas, los marineros pudieron bajar a los acantilados de Cabo Home

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Percebeiros, ayer por la tarde, en las rompientes de la Costa da Vela Santos Álvarez

El 3 de diciembre de 2002 la marea negra del Prestige cerraba las Rías Baixas a la pesca. La Costa da Vela, en Cangas, era un punto de vigilancia para controlar la llegada de las manchas del fuel que los marineros combatieron con todo lo que pudieron. Veinte años después, no hay amenaza en la Costa de Vela, solo la de las olas para los percebeiros que ayer, y después de un mes sin poder faenar, bajaron desde el “manicomio” para empezar la campaña de Navidad

Hugo Paz, percebeiro de Cangas, tenía solo un año cuando ocurrió el naufragio del Prestige en 2002. Ayer estaba en la Costa da Vela preparado para bajar a las rompientes sin ninguna amenaza de fuel, solo de las olas, pero un 3 de diciembre de hace veinte años, la marea negra de aquella catástrofe del petrolero cerró durante meses la pesca en todas las Rías Baixas y echó por tierra una campaña que los más veteranos tienen todavía muy presente: “Yo me papé la marea negra. Iba con los militares a limpiar el chapapote a las Cíes. Acabábamos con las botas llenas de agua, de coger del mar a mucha gente de Madrid y de León que vino a ayudar”, recuerda Benito Pereira, desde uno de los vehículos hacia los faros de la Costa da Vela. Cabo Home lucía ayer lucía en todo su esplendor, sin aquella amenaza del chapapote.

A sus 21 años, Hugo Paz es uno de los percebeiros más jóvenes de la agrupación de Cangas, que después de un mes sin poder faenar debido a la sucesión de borrascas, finalmente pudo volver ayer a los acantilados. Coincidiendo con la marea baja, a las tres de la tarde, una treintena de percebeiros acudió a la llamada del presidente de la agrupación, Fernando Mariño, para reunirse en el “primer manicomio”, como así llaman popularmente a la zona del acantilado, más próxima a la Caracola. Desde allí divisan el mar, analizan el intervalo de las olas, el viento y deciden si bajan o no.

El veterano Benito Pereira muestra algunos percebes de gran tamaño. Santos Álvarez

Tras una parada de varios minutos, los poderosos todoterrenos de los percebeiros, necesarios para sortear los baches como piscinas, de la pista de tierra a Melide, ponen dirección a los faros para la cita en el segundo “manicomio”. Desde allí vuelven a analizar el estado del mar y si bajan. Así hicieron ayer. La predicción del tiempo había confirmado una mejoría, pero el intervalo alto de la ola, de 12-13, todavía indicaba que había que hacerlo con mucha precaución. Junto a ellos, en tierra, estuvo siempre el guarda de la cofradía, Ángel Pena, que se encarga de velar contra el furtivismo y de controlar a los profesionales que se cumple con el cupo, que ayer era de 5 kilos cada uno.

Un grupo de seis percebeiros trabajando en la rompiente. Santos Álvarez

El grueso del grupo bajó a los acantilados más próximos a los faros y unos pocos, a la zona más externa de la Costa da Vela, en Puntal Pescador. Con la raspa, el arillo para meter los percebes que arrancan de las rompientes, y protegidos con neoprenos bajo sus chaquetas o polares, los percebeiros saltaron al mar.

Algunos de los percebeiros de Cangas, ayer, en pleno trabajo de extracción del crustáceo en las rompientes de la Costa da Vela. Santos Álvarez

Marcos Molanes lleva 25 años en el oficio que aprendió de su padre Jesús, ya jubilado. “Este es un chollo en el que no te puedes fiar. El problema es cuando te confías”. Asegura que él ya se llevó buenos sustos: “Siempre tienes que estar en alerta”.

El presidente de la Agrupación, Fernando Mariño, en plena faena. Santos Álvarez

Jorge Piñeiro, que empezó en el año 1995, no las tenía todas consigo: “A ver si trabajamos algo”, aseguraba segundos antes de bajar a las rompientes, en donde algún atrevido pescador con caña intentaba pescar alguna robaliza.

Una ola bate contra un percebeiro en la rompiente. Santos Álvarez

Hugo Paz, que representa la nueva generación, trabajó antes en la batea y después en un astillero, y asegura que lleva de percebeiro desde abril. Solo en uno o dos meses bajó a la Costa da Vela, ya que casi toda la campaña la realizó en las Cíes, por lo que ayer prácticamente repetía su bautismo en estas aguas de Cabo Home. Fue un compañero del remo, en el Vila de Cangas, quien le animó a ser percebeiro y asegura que es un trabajo diferente, claro, y que lo malo son los pocos días que se pueden ir a trabajar debido al mal tiempo.

El precio máximo en subasta llegó a los 80 euros el kilo

Los percebeiros cogieron ayer el cupo de 5 kilos cada uno. El presidente de la agrupación tenía pocas esperanzas debido al estado del mar, pero finalmente lo lograron y se subastaron 150 kilos en la lonja de Cangas. Algunas de las ventas se realizaron online, otras fueron telefónicas y hubo cuatro compradores sobre mesa.

Fernando Mariño asegura que, para el tamaño del percebe, los precios fueron buenos “se nota que había hambre”. El de mejor calidad mediano-bueno, se vendió el más caro a 80 euros y el más barato a 70; y el mediano fue entre 30 y 40 euros. El presidente percebeiro realiza una buena valoración de esta primera jornada de regreso al mar.

.La intención es hablar esta mañana con los compradores para tantear y volver a bajar en la Costa da Vela coincidiendo con la marea baja.

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