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La vendimia en Donón, con la vista en el cielo

Hay menos cantidad de uva debido al granizo de abril, pero con más calidad que años anteriores

Vendimiadores de Donón en la finca denominada A Redonda, con el tractor en el que trasladan la uva. // S.A.

Vendimiadores de Donón en la finca denominada A Redonda, con el tractor en el que trasladan la uva. // S.A.

La de ayer fue de las pocas veces que la vendimia del vino blanco se empieza de mañana. Acostumbra a iniciarse de tarde con el sol pegando fuerte en el mes de septiembre. Pero esta vez hubo que esperar. Le etnólogo analizó la uva, controló el alcohol, el azúcar y la acidez y sentenció que aún no era el momento, que había que esperar una semana más. Si fuera por la propietaria de la mayoría de los viñedos que hay en Donón, Esperanza Gago la vendimia ya hubiese comenzado la semana pasada, donde el buen tiempo estuvo garantizado. Pero ahora son los técnicos los que mandan, más que la sabiduría popular y el lado del que sopla el viento. Ayer lo destacaba su hija, Trini Figueroa, que es la que se encarga de llamar a las "tropas" habituales a la vendimia. Se trata de una fuerza de intervención compuesta por no más de seis miembros, casi todos jubilados del mar, parientes y trabajadores del restaurante que regenta Trini Figueroa en Cabo Home.

Isabel Nogueira, José y Milagros Gago trabajan fuera del lugar donde se almacena la uva. Es allí donde realizan el esforzado trabajo de selección con una rapidez insólita. Son manos adiestradas en la labora que nada tienen que ver con los años que se van cumpliendo. Ayer, en ese lugar, está prohibido hablar de lluvia. No había que tentar al diablo. De hecho, mucho se decía que iba a haber precipitaciones que podían poner en peligro la vendimia, pero no fue así. Esas nubes negras que pasaron al medidodía amenazaban con descargar agua, pero por esas razones de los viejos trasnos del bosque, apenas cayeron "unhas pingueiras" ya cerca de las 14.00 horas. Por la tarde se volvió a vendimiar, cierto que pendientes del cielo como un juez árbitro en un partido de tenis en Rolland Garró, pero sin parar. El plazo son cinco días para acabar la faena las fincas de Cova do Vento, Redonda, Costa Seixeira y Areal, donde se espera sacar una producción de 2.500 a 3.000 litros de vino.

Mientras se selecciona en el exterior del cobertizo de almacenamiento, en las dunas se corta los racimos de uva con rapidez. No hay tregua y el pequeño tractor tiene que ir cargado cuantas más veces mejor. Arriba en Cabo Home se decía que este año había menos uva que el anterior, que las tormentas de abril, cuando la uva está creciendo, habían hecho mucho daño. Pero abajo, en el valle, donde las vides se cobijan entre las dunas, no son de la misma opinión. Hay más de lo que se presuponía y la calidad de la uva es mejor.

Y eso que hay marcas de jabalíes y zorro por muchas partes del valle. También hay muestras de como los dueños de los viñedos, desde el más pequeño al más grande, tuvieron que arreglárselas para impedir al zorro y al jabalí destrozar el cultivo. Se "precintaron" con cinta de obra algunas fincas y otras se sellaron con redes marineras, con el fin de impedir la entrada de las bestias. Lo cierto es que hubo éxito en esta operación. Los viñedos de Donón si que estuvieron exentos del ataque las velutinas, por muy raro que parezca. Y es que ayer, en la vendimia de mañana, en las inmediaciones del tractor que acarrea los capachos de uva, pululaban avispas velutinas alrededor. Uno de los más jóvenes comenta que a los zorros y los jabalíes se unen ahora los corzos. Se trata de un animal del que no se tenía noticia en la zona, sin embargo ahora la puebla con notoriedad. Algunos vecinos de Donón están convencidos de que su presencia es cosa de la Xunta de Galicia, ya que aparecen corzos anillados. Este animal es otro peligro para los viñedos, comentan.

No había demasiado tiempo para la conversación y debajo de las viñas de la finca de A Redonda se trabajaba con soltura para ganar tiempo al tiempo. "¡ Cinco días, en cinco días acabamos!" mantenía uno de los trabajadores; uno de esos que se jubiló con muchas horas de mar a sus espaldas. Es Lito Vila que comenta que estar debajo de las viñas cortando racimos de uva no era comparable al trabajo en el mar "donde nunca hai descanso. Prefiro esto cen veces".

La comunicación telefónica en Donón sigue siendo un desastre. El teléfono marca que no hay cobertura y la información entre los trabajadores del almacén y los que realizan la vendimia se hace imposible. Es el tractor el que trae y lleva noticias de un lado a otro aprovechando las descargas. Es una vendimia sin cobertura.

En medio de una pequeño viñedo que se entierra en la arena de playa, sujetando su cuerpo con una faja y vestido con un mono de trabajo, estaba Moncho García, el dueño del famoso Furancho de Moncho, en Donón. Tiene 68 años y recuerda ir toda la vida a la vendimina. Ahora trabaja unas pocas viñas que le dejó en herencia su abuela. Es un trabajo que le gusta, de otra forma hace tiempo que lo hubiese dejado, porque la rentabilidad no es mucha. Tiene pequeños viñedos distribuidos por distintos sitios de Donón, cerca de la capilla o en las inmediaciones de la playa de Barra. Dentro de poco lo dejará esta herencia con la que disfrutó pero a la que es difícil sacar rendimiento y menos aún cuando los dolores del cuerpo empiezan a aparecer en las extremidades. Pero también sabe que nadie las querrá. Comenta Trini Figueroa que las dos Hectáreas que tiene su madre en viñedos son también suficientes, que no hay intención de ampliar, pero sin de sacar un mayor rendimiento. De hecho, un técnico aconsejó como hacerlo, reduciendo el espacio entre viñas. Lejos queda lo de la Denominación de Origen O Morrazo. No interesa estar y, además, para hacerlo tienen que tener bodega. "De momento estamos en mellorar o que temos o outro xa se verá". Pero también ella coincide con Moncho. Dice que la gente se está deshaciendo de los viñedos, que la juventud no quieren trabajarlos y que a los mayores la administración los tiene quemados, con eso de prohibir la elaboración de aguardiente sin etiquetar. Asegura que no hay mano de obra para destinar al trabajo de las viñas y muchos menos profesionales. Así que el futuro de estas viñas que crecen al calor de las dunas es incierto. Están trabajadas para el consumo propio de un vino que tiene cierta prestancia y del que gusta hacer gala a los vecinos de la parroquia. La arena le granjea ese aroma a mar que también se siente en el paladar.

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