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Faro de Vigo

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Guerra en Ucrania

El ejército de Putin, empantanado en Ucrania

Los problemas logísticos y la falta de preparación lastran la operación militar rusa en el país vecino, que sigue sin lograr ninguno de sus objetivos principales

Un tanque ruso destruido cerca de Kiev. EP

En cuestión de minutos, las imágenes se hicieron virales y dieron la vuelta al mundo. Hace unas semanas, un conductor ucraniano se filmó a sí mismo en el momento en que su vehículo alcanzaba a un blindado y a un tanque rusos, detenidos sorprendentemente en la cuneta de una carretera secundaria local.

-"¿Ey, chicos, tenéis una avería?", les pregunta, con una pizca de sorna.

-"Nos hemos quedado sin combustible", le responden los rusos con resignación.

Tras soltar el invadido, entre risas, una dolorosa puya a los invasores -"¿queréis que os remolque de vuelta a Rusia?"- aquél, sin ningún temor o inquietud a represalias, se enfrasca en una pelea dialéctica con los militares rusos, tras la cual extrae como conclusión que el estado de desorientación en la columna blindada bloqueada era total y que ninguno de sus integrantes tenía ni la más remota idea de en qué punto geográfico se hallaba con exactitud.

La escena viene a simbolizar las dificultades que está experimentando la "operación especial" rusa en Ucrania, utilizando el argot oficial con el que el Kremlin denomina a la guerra en el vecino país. De forma reiterada, aparecen en los medios de comunicación, tanto ucranianos como rusos de oposición o extranjeros, informaciones acerca de problemas logísticosbaja moral entre las tropas, desorientación y descoordinación. Incluso de la retaguardia rusa, sometida a la férrea propaganda gubernamental y a un importante nivel de represión política, surgen noticias de policías y soldados que se niegan a ser trasladados al vecino país a combatir. "La operación militar rusa comenzó con una rápida invasión desde 10 direcciones; a los cuatro meses de su inicio, parece que ha entrado en una profunda crisis", constata la publicación independiente rusa Meduza en un largo artículo conmemoratorio tras el primer mes de combates.

La consecuencia de todo ello salta a la vista, según coinciden los analistas militares. Rusia no ha logrado ninguno de los objetivos que se había planteado inicialmente, es decir, el control de las grandes ciudades norteñas, como Kiev o Járkov, mayoritariamente rusohablantes; incluso se le resiste el establecimiento de un corredor terrestre desde Odesa hasta el Donbás prorruso, o en su defecto desde Crimea hasta los enclaves controlados por las milicias leales al Kremlin.

Según apunta Mijailo Samus, exmilitar ucraniano al frente de New Geopolitics Research Network, una plataforma ucraniana especializada en temas militares y de geopolítica, el origen de la mayoría de los problemas se encuentra en la "deficiente labor de inteligencia previa a la guerra". "O bien los preparativos previos fallaron, o bien en algún nivel (de la burocracia rusa) éstos se modificaron para agradar a Putin", continúa.

Clamoroso fracaso

Los ejemplos de este clamoroso fracaso han podido constatarse desde el minuto 1 de la ofensiva militar. Según este analista militar, durante las primeras horas del 24 de febrero, fecha del inicio de la contienda, Rusia lanzó una serie de ataques con misiles contra aeródromos militares centros de control militar destinados a neutralizar a la Fuerzas Aéreas y a las defensas antiaéreas ucranianas. Acto seguido, sin comprobar los resultados de esta primera oleada de bombardeos, los mandos militares ordenaron a las columnas de blindados entrar en territorio del país vecino, lo que a la postre resultaría desastroso, ya que se convirtieron en un objetivo fácil para las fuerzas ucranianas.

Los problemas logísticos y de aprovisionamiento experimentados en este primer mes de guerra demuestran que las mentes pensantes del Kremlin concebían una operación de "una semana de duración" como máximo, que iría precedida por la caída de Kiev en "un par de días", señala Samus. "No contaban siquiera con que los militares ucranianos presentaran resistencia, pensaban que el Gobierno se desintegraría en cuestión de horas", constata. Así las cosas, blindados que recibieron la orden de llegar hasta Kiev se han quedado bloqueados a medio camino, aislados, sin aprovisionamiento y poder avanzar, convirtiéndose en un fácil objetivo para los defensores ucranianos.

El frente sur es el único lugar en el que las tropas rusas han logrado avances territoriales significativos, pero los objetivos también están lejos de materializarse. Queda por conquistar el asediado puerto de Mariúpol, donde a decir de Samus, "miles de tropas aún defienden la ciudad" e impiden por el momento conseguir la ansiada continuidad territorial entre la anexionada Crimea y los enclaves separatistas de Donetsk Lugansk, en el este de Ucrania.

Así las cosas, mientras en el campo de batalla comienza a hablarse de contraofensivas ucranianas para recuperar el territorio perdido, algo inaudito dado el desequilibrio de recursos entre uno y otro contendiente, en Moscú se abre paso la idea de reducir las expectativas y plantearse objetivos más realistas. En lugar de provocar el colapso del Estado y las autoridades ucranianas, lo que Moscú intenta ahora es apuntalar las áreas bajo control de las milicias prorrusas en el este del país. Se trata de "....concentrar el grueso de los esfuerzos en la liberación del Donbás". O lo que es lo mismo. Un giro copernicano para una ambiciosa misión militar que en su origen pretendía devolver a Ucrania al redil del Kremlin.

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