01 de marzo de 2020
01.03.2020
Compromiso internacional

Estados Unidos firma la paz con los talibanes para abandonar Afganistán

El pacto, suscrito en Catar y negociado durante año y medio, prevé la retirada de las fuerzas extranjeras del país en un plazo de catorce meses, tras dos décadas de conflicto

01.03.2020 | 03:44
Baradar, líder de la delegación talibán (derecha), y Khalilzad, enviado por Estados Unidos, se dan la mano en la reunión de Doha. //Reuters

Es pronto para saber si la paz llegará a Afganistán, pero uno de los pasos indispensables para lograrla se dio ayer en Catar. Estados Unidos y los talibanes firmaron un acuerdo para dejar de hacerse la guerra en el país asiático tras 19 años de conflicto ininterrumpido, el más sangriento actualmente de todos los que se libran en el mundo y el más largo al que ha hecho frente Estados Unidos.

El enviado especial estadounidense Zalmay Khalizald y el líder político de los talibanes, Abdul Ghani Baradar, fueron los firmantes de un acuerdo que ha sido negociado durante año y medio.

El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, asistió a la ceremonia, que acabó con un apretón de manos. Pompeo se alejó de toda declaración triunfal. "Sé que habrá tentaciones de declarar la victoria, pero la victoria para los afganos solo se conseguirá cuando puedan vivir en paz y prosperidad", apuntó.

Punto y aparte

El acuerdo contempla la retirada gradual del país de las tropas estadounidenses, que en 135 días deben pasar de los 13.000 soldados desplegados actualmente a 8.600. En 14 meses, todas las fuerzas internacionales deben haberse retirado de Afganistán. Un repliegue que está sujeto al compromiso por parte de los insurgentes para impedir que Afganistán vuelva a convertirse en un santuario para Al Qaeda y otros grupos terroristas.

El acuerdo sienta las bases para que los talibanes negocien por primera vez con el Gobierno afgano una fórmula para alcanzar la paz, la parte más complicada del puzle.

El pacto marca un punto y aparte en la guerra contra el terrorismo lanzada por EE UU tras los ataques del 11 de septiembre del 2001 en Nueva York y Washington, el detonante que desató su invasión de Afganistán para castigar a Al Qaeda y sus aliados talibanes. La contienda afgana ha sido desde entonces el cuento de nunca acabar, marcado por la falta de una estrategia de Washington para acabar con el conflicto y la pertinaz propaganda del Pentágono para edulcorar la cruda realidad sobre el terreno.

Lejos de haber amainado, la guerra se ha recrudecido desde que comenzaran hace dos años en Doha las conversaciones secretas con los talibanes. Hoy es el conflicto más letal del planeta, según el International Crisis Group.

Entre tanta desesperación, este acuerdo abre una ventana a la esperanza. No detiene la guerra, pero allana el camino para que pueda negociarse la paz. "Este compromiso es un paso importante para que pueda alcanzarse una paz duradera en un nuevo Afganistán, libre de Al Qaeda, el Estado Islámico y otros grupos terroristas que quieren hacernos daño", dijo la víspera el presidente Donald Trump. Y ahora debería comenzar el baile de gestos. De los 12.000 soldados estadounidenses y 8.500 de la OTAN que quedan en el país, se espera que Washington retire inicialmente a unos 3.400. Una medida que debería ir acompañada por un intercambio masivo de prisioneros entre los talibanes y el Gobierno proocidental de Kabul, que no ha participado en las negociaciones.

Pero lo verdaderamente difícil comenzará en unos 10 días, cuando está previsto que comience el diálogo entre los radicales islámicos, que controlan una parte importante del país, y el Ejecutivo de Ashraf Ghani. Esa es la gran concesión obtenida por EE UU en las negociaciones, ya que los talibanes habían perjurado que nunca se sentarían a hablar con la "marioneta" de Washington ni contemplarían la paz mientras hubiera tropas extranjeras en el país.

"Esta fase podría prolongarse durante un año o más", ha escrito en el New York Times Laurel Miller, experta del Crisis Group. "Ahí tendrán que abordar asuntos mucho más espinosos, desde cómo compartir el poder y la seguridad al modo de alterar las estructuras del Estado para que satisfagan tanto el interés del Gobierno por preservar el sistema actual como el interés de los talibanes por imponer algo más islámico". Habrá que ver también si consiguen pactar un alto el fuego. La situación política interna en Afganistán no ayuda a despejar el camino: La victoria de Ghani en las elecciones del año pasado, marcadas por las habituales irregularidades, no ha sido reconocida por su rival Abdullah Abdullah, quien ha amenazado con crear un gobierno paralelo.

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