“Me encantaría ser fiscal de violencia de género”

Candela Seoane acaba de aprobar la oposición a la carrera judicial y fiscal con 25 años de edad y tras solo tres de preparación

En uno de los exámenes orales incluso obtuvo la mejor nota de España

Candela Seoane Poncede León, ante la Ciudad de la Justicia de Vigo.

Candela Seoane Poncede León, ante la Ciudad de la Justicia de Vigo. / Alba Villar

Marta Fontán

Marta Fontán

Las oposiciones a la carrera judicial y fiscal están entre las más difíciles y exigentes de España. El tiempo medio necesario para pasarlas es de cuatro años y medio y la edad de los aspirantes cuando logran el ansiado aprobado se suele situar en los 29 años, casi rondando la treintena. Estos datos estadísticos elaborados por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) evidencian la proeza de Candela Seoane Ponce de León.

Coruñesa de nacimiento, pero asentada en Vigo desde niña, esta joven formada en el Colegio Apóstol Santiago de Sanjurjo Badía y en la Facultad de Derecho de la UVigo, con un año de Erasmus en Grecia de por medio, acaba de superar los duros exámenes con solo 25 años de edad y tras emplear únicamente tres años en su preparación. Y en una de las pruebas orales, además, obtuvo la mejor nota de España. Entre jueza y fiscal, las dos opciones que se le abrieron una vez aprobó, lo tuvo claro. “Elegí fiscal, va más con mi personalidad; me encantaría ser fiscal de violencia de género”, confiesa Candela, a la que ahora, antes de tomar posesión de la que será su primera plaza, le quedan por delante seis meses de formación en el Centro de Estudios Jurídicos de Madrid y la posterior fase de prácticas tuteladas ya sobre el terreno.

Fue en su último año de carrera, a raíz de las prácticas realizadas en el Juzgado de Instrucción 5 de Vigo, cuando empezó a tener claro hacia donde dirigir su trayectoria profesional. “Soy bastante organizada y cuadriculada, de entrada ya siempre me atrajo más un trabajo estable aunque eso supusiese un sacrificio; y en las prácticas, donde pude asistir a juicios, a registros domiciliarios..., vi que eso, y concretamente el derecho penal, era lo que me gustaba”, cuenta.

Así que, una vez graduada, en septiembre de 2020 empezó a estudiar para la oposición, con el respaldo de una academia y de dos preparadores, el magistrado de Familia de Vigo Daniel Tomás López y el fiscal de Pontevedra David de la Fuente, ante los cuales, durante los últimos tres años, fue a “cantar” los temas cada jueves. Los dos fueron claves para avanzar en el extenso temario y para motivarla en los momentos más duros.

Para esta oposición hay que preparar la friolera de 328 temas. ¿Cuál fue su método de estudio? “Yo memorizo. Siempre estudié así. Y lo hago en alto, hablando como estoy hablando ahora. Por eso siempre estudié en casa, lógicamente no puedo hacerlo en una biblioteca”, afirma. Este método que ella tiene tan interiorizado le vino muy bien para unos exámenes como éstos en los que la literalidad es clave para aprobar: “En un delito si cambias un verbo puedes variar el sentido de todo, así que estudiar como yo lo hago me vino muy bien”.

¿Y cuántas horas empleó al día? Empezó poco a poco, aumentando tiempo de estudio hasta establecerlo en una media de nueve horas diarias. Por la mañana aprendía nuevos temas y por la tarde repasaba los que ya iba fijando en su memoria. Arrancaba a las 07.30 horas, paraba un rato a media mañana, al mediodía para comer y ver una serie, se tomaba también un descanso a media tarde y entre las 19.30 y las 20.00 horas concluía. Y los sábados se los tomaba de descanso.

“Claro que sacrificas planes, que renuncias a mucho, porque no puedes viajar, no puedes hacer quedadas largas..., pero siempre tuve claro que mi vida iba antes y la oposición después, que debían coexistir. No paras tu vida, la adaptas”, dice esta joven. Prueba de ello es que conoció a su novio cuando ya estaba opositando y no perdonaba su momento de desconexión en el gimnasio a última hora del día. Eso sí, con una excepción, ya que para el último examen oral tuvo que aprenderse casi un centenar de temas en poco más de cuatro meses. “Me marqué el reto de prepararlos todos, mejor o peor, me daba pánico que me saliese alguno que no hubiese visto; y esa fase sí que fue horrible, porque, al margen de estudiar, solo comía, dormía y lloraba del agobio”, recuerda.

Tres pruebas

Esta oposición consta de tres pruebas teóricas: una tipo test que hace de criba, donde ya se quedan fuera miles de aspirantes, y dos exámenes orales. Candela superó el test el 19 de febrero de 2023, solo dos días después de cumplir 25 años. El 27 de junio afrontó su primer examen oral en el Tribunal Supremo. “Impresionada” por estar allí, los nervios no le jugaron sin embargo ninguna mala pasada. “Cantó” los cinco temas que le tocaron de entre un total de 185 y le salieron “muy bien”. Tanto que fue la nota más alta de toda España: un 47,24 sobre 50. “Flipé”, confiesa.

Pero aún le quedaba el segundo oral, para el que debía de llevar otros 143 temas preparados, siendo además los de la parte procesal, más “compleja” y “farragosa”. Fueron los peores meses de estudio, esos en los que tuvo que memorizar en tiempo récord y en los que, esta vez sí, no tuvo más remedio que sacrificar todo momento de ocio: “Me aprendí todo como pude, porque lo que no quería era volver a empezar”. Y valió la pena. El examen fue este pasado 13 de noviembre. Y aprobó. “Me quedé en shock. Mi primera llamada fue a Daniel, la segunda a David [sus preparadores] y después a mi madre, a mis hermanos, a mi novio Óscar, a mis amigos...”, afirma, agradeciéndoles el apoyo que le prestaron para lograr el ansiado aprobado. “Y en el caso de mi madre además sé que renunció a mil cosas para pagarme la preparación”, valora.

En enero se mudará a Madrid para empezar la formación como fiscal. Ahora está aprovechando estas semanas para hacer todos esos planes de los que se privó durante los últimos tres años. Acaba de ir de viaje a Barcelona con amigas, en el puente de diciembre viajará con su novio y le hace especial ilusión “vivir” la Navidad sin estudios de por medio, sobre todo pensando en sus sobrinos pequeños. Sobre su futuro como fiscal, le gustaría dedicarse a la materia de violencia de género o incluso de menores. “Siempre fui defensora de los derechos de las mujeres, así que me gustaría tener un papel activo en ello y contribuir para que las víctimas no sufran una victimización secundaria”, relata. En definitiva, desarrollar una labor que, resume, “me haga estar satisfecha al final del día”.