Marujita, la “mujer de hielo” que derritió el corazón del Puerto, se retira a los 89 años

Se va feliz después de cuatro décadas en Frigoríficos de Vigo, una juventud en la lonja junto a su padre y una calle dedicada en vida

María Díaz García, Marujita (centro), arropada por sus compañeros en su adiós a la vida portuaria.

María Díaz García, Marujita (centro), arropada por sus compañeros en su adiós a la vida portuaria. / FDV

En Vigo, hablar de María Díaz García, es hablar de una vecina que muchos no identificarán. Cosa distinta pasa cuando se nombra a “Marujita, la del hielo”, leyenda y parte de la historia portuaria que acompaña el desarrollo de la ciudad moderna, de mar y metal, que es hoy Vigo. Porque esta mujer, criada en O Berbés entre el pescado de la antigua lonja, esa que ella recuerda como “preciosa” y donde su padre, Antonio Díaz Álvarez, ejercía de conserje. Y el hielo en bloque que vendía a los buques del Gran Sol para la conservación de las piezas hasta su regreso, pertenece a la época dorada del Puerto de Vigo. Esa donde el trajín no cesaba y la pesca era abundante y variada.

“He estado observando la vida del pescado toda mi vida”, decía Marujita cuando la Fundación para la Pesca y el Marisqueo (Fundamar) le rindió homenaje como parte de las Sereas, “as mulleres do mar”. No fue el único. De hecho, no ha parado de recibir reconocimientos desde hace años, siendo uno de los más importantes cuando en 2005 tuvo el honor de contar con su propia vía. Al fin y al cabo, pocas personas puede ver cómo su ciudad reconoce su legado con una calle que lleve su nombre en vida. Pero es que Marujita no es cualquier viguesa.

Reconocimiento como "muller do mar" hecho por Fundamar y la Deputación de Pontevedra.

Reconocimiento como "muller do mar" hecho por Fundamar y la Deputación de Pontevedra. / FDV

Y la muestra es la impronta que ha dejado durante décadas esta mujer menuda de carácter decidido en el duro mundo de los hombres de mar. Siendo aún muy joven se acercaba a la lonja para pasar tiempo con su padre, al que acabó echando una mano. Y, de paso, comenzó la conquista de corazones, en forma de pescado que muchos de los armadores que operaban en aquella época en el muelle vigués le brindaban para que en casa comieran mejor. Un gesto repetido por el cariño que ella despertaba y que siempre agradeció.

El vínculo con su Vigo natal, aquel que la vio nacer en los años treinta del siglo pasado, es férreo, en gran medida porque su trayectoria vital es un espejo de los avances de la ciudad. Y porque su identificación con ella es total, a través de sus muelles y del equipo de fútbol que le apasiona: el Celta. Desde el antiguo Colegio Mezquita, en el que estudió de niña, pasando por formarse en labores (hoy es una gran aficionada a la calceta), corte y confección, muy propio de una generación en la que ellas tenían limitadas las opciones (también las laborales) a las puramente “femeninas”, hasta cursar Comercio. Serían la base sobre la se construiría una mente hecha para los negocios y cuya valía demostraría desde que en los setenta empezó a cubrir las vacaciones del cobrador de Frigoríficos de Vigo, al que acabó supliendo cuando este se jubiló en 1980.

Pero es que Marujita siempre ha tenido una mente privilegiada para los números. “En aquel momento (cuando empezó) el hielo se vendía en barras y ella tenía que emitir vales que luego se facturaban mensualmente”, recordaban en el acto de Fundamar. Ahora la gestión era diferente, la “pantalla panorámica”, como ella la llama, emite los tickets, el hielo se vende en escamas y junto a los buques pesqueros, panaderías, almacenes y empresas de productos frescos; son los principales clientes.

"La del helo" en compañía de sus compañeros durante la comida de despedida por su jubilación.

"La del hielo" en compañía de sus compañeros durante la comida de despedida por su jubilación. / FDV

Su última etapa como trabajadora ha discurrido con normalidad y el apoyo de sus compañeros. Uno de ellos la recogía todas las mañanas de lunes a viernes a las 07.30 horas para ir a trabajar. Pero esta mujer incansable y ejemplo de trabajo y dedicación, se llevó un susto de salud el pasado agosto y le hizo pensar que, tal vez ya era hora de dejarlo, cuando antes ni se lo había planteado. Así, a sus 89 años, de los que más de 40 dedicó a la empresa frigorífica que la vio crecer, despuntar y convertirse en la máquina de los números que es, se ha marcado un “hasta aquí hemos llegado”. Eso sí, con la mente ágil, la memoria llena de recuerdos y el corazón del amor de varias generaciones de trabajadores vinculados al Puerto. Apenas han pasado unos días desde que sus compañeros de Frigoríficos de Vigo quisieran celebrar la jubilación de la que consideran “compañera e historia viva”, con una comida “en familia” en los Abetos. Y hoy FARO quiere homenajear a esta viguesa de hielo y sal.