“Epidemia de miopía” en los niños por la adicción a las pantallas

Oftalmólogos y ópticos de la ciudad advierten de los daños que están causando las horas y horas que los infantes vigueses pasan pegados a la tablet, móvil u ordenador

Miguel de Francisco, de la óptica Lunic, gradúa la vista  ayer a un niño.

Miguel de Francisco, de la óptica Lunic, gradúa la vista ayer a un niño. / Carlos Ponce

Normalmente, según el ciclo fisiológico, los problemas en la vista empiezan en la adolescencia. Pero la adicción a las pantallas electrónicas por parte de los niños está provocando lo que los oftalmólogos ya llaman como una auténtica “epidemia de miopía infantil”. “El inconveniente es que además los padres los traen tarde a la consulta. Porque los problemas que tienen ahora están relacionados con la pandemia, con haber estado tanto tiempos encerrados en casa y pegados a las tablets o a los móviles”, explica Daniel Villoria, oftalmólogo vigués, al frente de una clínica que lleva su mismo apellido. “Antes los niños se iban a jugar a la calle, y ahora se pasan horas con los ojos a escasos metros de una pantalla”, añade el oftalmólogo.

Tanto a las ópticas como a las consultas médicas están llegando niños que tienen dos dioptrías, algo que los profesionales consideran que “no es normal” y que provocará que, cuando sea mayor, lleguen a tener diez. Mediante diferentes terapias, como las lentes nocturnas, y siempre que el avance no sea excesivo, se intenta frenar el crecimiento de la miopía. Pero en muchos casos a los pequeños no les queda otra que utilizar gafas ya desde una edad temprana.

“Hay niños que si tienen una miopía baja, se puede trabajar para frenarla mediante terapias visuales, pero en muchos casos no hay nada que hacer y hay que ponerles gafas. El problema ahora es que en muchos colegios está todo muy informatizado: han cambiado los libros por dispositivos electrónicos y los estudiantes están pegados a pantallas también mientras están en su centro escolar”, explica Miguel de Francisco, óptimo optometrista en la óptica viguesa Lunic. A su centro llegan a diario pequeños sobre todo en la franja de edad de entre seis y diez años. Este profesional calcula que en un futuro, si las dinámicas siguen igual, los clientes de las ópticas en edad infantil sean los mismos (en número) que los adultos.

Lo primero que realiza un óptico-optometrista cuando recibe a un niño es preguntarle por sus hábitos de estudio y del día a día, posteriormente se le gradúa la vista y se plantea la posibilidad de poner gafas o de realizar alguna terapia visual. “Es importante cogerlo a tiempo”, asegura Miguel de Francisco. Pero precisamente, hay niños que no se dan cuenta que ven mal, por ejemplo la pizarra del colegio, o sí lo saben pero prefieren no decírselo a sus padres. Y eso por tanto retrasa el diagnóstico de la miopía, tal y como defiende también el oftalmólogo Daniel Villoria.

Hay dos factores que incrementan la aparición y progresión de la miopía: la genética y el estilo de vida. Por eso, es muy importante tener en cuenta hábitos saludables como aumentar las horas de actividades al aire libre y de exposición a la luz natural, ya que estimula la producción de dopamina y frena el crecimiento del ojo miope.

Es importante limitar el tiempo de tareas escolares prolongadas, y sobre todo de uso de pantallas electrónicas, videojuegos, etc., con las que los niños están ejercitando el ojo para ver de cerca en detrimento de la visión de lejos. La alimentación saludable y una dieta rica en vitaminas, también es aconsejable. Esa es precisamente una de las claves que apuntan los profesionales: muchos niños han dejado de pasar tiempo libre jugando con sus amigos en la calle a hacerlo en casa pegados a la pantalla de su móvil, ordenador o tablet.

Y eso se agudizó con la pandemia y ayuda a entender cómo se ha llegado a esta situación, que los propios oftalmólogos y ópticos optometristas vigueses califican de epidemia infantil. Son necesarias pruebas biométricas especiales para ir controlando el crecimiento en longitud del ojo miope y llevar así un seguimiento estricto de la evolución del niño.