Entrevista | María José Buzón Gómez Responsable Laboratorio de Investigación Traslacional de VIH del Vall d’Hebron

“Creo que llegará antes la cura que la vacuna del VIH; muta mucho”

“Mira que se está invirtiendo, pero los resultados son deprimentes”

María José Buzón  Gómez.

María José Buzón Gómez.

A. Blasco

Las nuevas terapias dirigidas a la cura del VIH centran las investigaciones de esta doctorada en Biología Molecular, Bioquímica y Biomedicina. María José Buzón, responsable del Laboratorio de Investigación Traslacional de VIH del Vall d’Hebron, ofrece hoy una charla en el Álvaro Cunqueiro, organizado por el Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur.

¿En qué momento están las terapias frente al VIH?

–En uno bastante álgido, porque hay terapias muy buenas, con unas toxicidades muy bajas y se están desarrollando fármacos, los long-acting, que solo es un pinchazo cada seis meses. Ya no tienen que tomar cada día las pastillas. El arsenal terapéutico del VIH está muy evolucionado.

¿Llegaremos a ver la cura?

–Espero, pero es complicado. Llevamos mucho tiempo intentando entender por qué es un virus tan difícil de eliminar por completo del cuerpo. Los avances son importantes, pero aún no hay nada muy prometedor. Pero muchas veces con esto pasa que no se ve nada y en un momento surge la solución, como en la hepatitis C.

¿Ese es el motivo por el que se centra tanto en los reservorios en sus investigaciones? ¿Está ahí el quid de por qué no se elimina del todo?

–Exacto. Cuando la persona se infecta, en la fase aguda, el virus establece estos reservorios que son, sobre todo, células CD4. Se quedan de forma latente y, como son linfocitos de memoria, que están en el organismo durante muchos años, cuando esa célula se vuelve a activar porque tiene que hacer su función inmunitaria o lo que sea, vuelve a producir virus. Aunque el paciente esté tratado desde hace 20 años, aún tiene estas células latentes infectadas. Si deja de tomar el tratamiento, en cuanto se activa una, ya está otra vez con la viremia alta.

¿La dificultad es saber dónde están esas células o eliminarlas?

–Un poco las dos. Sabemos dónde están, que hay mucho en el tejido gastrointestinal, en los ganglios linfáticos, pero como son células inmunitarias de memoria, por su función pueden estar prácticamente en todos los órganos. Diseñar terapias y que lleguen a todos los sitios que tienen que llegar, aún lo hace más complicado. Si tienes un tumor, lo extirpas y se acabó. Esto es como un tumor diseminado por todos lados. Es complicado.

¿Versa sobre esto la charla en el Cunqueiro?

–Voy a hablar de los reservorios, pero me voy a centrar en unas células inmunitarias, las natural killer (NKs). Su función principal es antiviral y antitumoral. No necesitan memoria inmunológica. De por sí, reconocen aberraciones, células infectadas, y las matan.

¿Ya se están empleando?

–En VIH no. En cáncer sí se están probando terapias celulares en ensayos clínicos. Sacan esas NKs, las acondicionan en el laboratorio para que sean más potentes y se las vuelven a infundir al paciente. Parece que puede tener efecto positivo.

Pero el objetivo es probarlo en VIH, ¿no?

–Sí, es el objetivo final. Ahora estamos ensayando en ratones. Si funciona, tenemos que pasar por monos. Y si todo fuese bien, con personas. Todo esto es tiempo. Los plazos son muy largos en investigación, demasiado.

Entonces, la dificultad actual para un paciente de VIH es estar siempre a tratamiento, ¿no?

–Los tratamientos son buenos, pero de por vida. Más allá de las posibles toxicidades –que, aunque sean muy buenos, las tienen–, para el paciente lo más importante es el estigma. Hay gente que su familia aún no lo sabe. Más allá de que vivan bien, es poder liberarles de todo, de un estigma que está muy arraigado

Estuvo trabajando con el SARS-CoV-2. ¿La irrupción de la pandemia de COVID ha provocado un parón en la investigación del VIH?

–Todo se paró, pero volvimos a nuestros orígenes. Nos dedicamos un poco a hacer COVID porque la sociedad lo pedía. Toda la parte de vacunas fue tan rápido por lo que se había investigado antes, por ejemplo, en vacunas de VIH. Ahora, con todo lo que se ha investigado con COVID, nos está sirviendo al revés.

¿Y qué vendrá antes, la cura o la vacuna?

–Creo que la cura. Con la vacuna el problema es que es un virus que muta una exageración. Dentro de una persona infectada el nivel de mutaciones es más que el que tenemos en toda la pandemia a nivel mundial.

¿Así que es un enemigo duro?

–Superduro. Y mira que se está invirtiendo mucho dinero, mucho esfuerzo, desde hace mucho tiempo para conseguir la vacuna, pero cada vez los resultados de los ensayos son más deprimentes. De todos se aprende, pero no deja de ser frustrante.

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