Entrevista | Amena Karimyan Astrónoma e ingeniera afgana, refugiada política en Alemania

“No quiero que las jóvenes afganas desperdicien sus vidas”

“Ningún ser humano en ninguna parte del mundo debe vivir condenado al arrepentimiento y el cautiverio”

La astrónoma afgana Amena Karimyan, junto a un telescopio.

La astrónoma afgana Amena Karimyan, junto a un telescopio. / Cedida

Sandra Penelas

Sandra Penelas

Tuvo que abandonar su país tras la llegada al poder de los talibanes y se refugió en Alemania. Pero sigue alzando la voz por los derechos de las niñas y mujeres afganas. Amena Karmyan (Herat, 1996) es ingeniera civil y una de las pioneras de la astronomía en Afganistán. De hecho, en 2018 fundó la asociación Keyhana con Sohail Karimi para acercar esta disciplina a las jóvenes. Hoy (19.00 horas) ofrece una conferencia en el edificio Redeiras de la UVigo, donde podrá abrazar por primera vez a la catedrática Ana Ulla, muy comprometida con la ayuda desde Galicia a las afganas y sus familias.

–¿Cómo ha sido su vida en estos dos últimos años?

–Antes de irme de Afganistán trabajé como ingeniera en el proyecto UN-Habitat de la ONU. También fui defensora voluntaria de los derechos civiles de las mujeres y las niñas y fundé Keyhana. Ya estaba bajo amenaza antes de la llegada de los talibanes y, después de eso, Afganistán ya no era mi lugar. Me fui para no dañar a mi padre, pero desafortunadamente sufrió un derrame cerebral y murió el año pasado bajo una gran presión. El Gobierno alemán me aceptó como refugiada política. Estoy sola y bajo mucha presión por mi familia, que son prácticamente rehenes en Afganistán, y esto ha dificultado mucho mi trabajo. Siempre he apoyado los derechos y no formaba parte de ningún grupo, pero estoy en contra de todo lo malo, aunque el tema no esté relacionado conmigo.

–¿Cómo surgió su interés por la astronomía?

–Puede parecer extraño si digo que no sé cuándo ni por qué me enamoré de la astronomía, pero realmente es así. Soy una persona introvertida y siempre pensé que no pertenecía a la tierra. Por eso me interesé por el cielo y cuando llegué a conocerlo llamé a la tierra mi corazón. Me ha interesado la astronomía desde que conocí mi mano derecha y mi mano izquierda e incluso a mí misma. Por supuesto, amor y afecto son pocas palabras para mí cuando se trata de astronomía. Viví y respiré la astronomía, es mi preocupación, mi pan y mi agua, mi sueño y mi vigilia. Tengo una extraña sensación de pertenencia a ella.

–A pesar de tener que huir de su país, mantiene el compromiso con la astronomía y la formación de las niñas y las mujeres afganas. ¿Cuál es la situación actual allí?

–Durante muchos años estuve buscando entusiastas de la astronomía pero no los encontraba. Lloraba por la soledad y porque no había nada en Afganistán en este campo. No quiero que nadie se vuelva a sentir arrepentido o solo. La astronomía y la tecnología son necesidades de toda la humanidad y no quiero que mi país quede atrasado. Por eso estoy dispuesta a enfrentarme a la muerte, pero continuar. En 2018 decidí fundar Kayhana con Sohail Karimi y otras dos personas que se retiraron muy pronto. Pero Sohail y yo nos mantuvimos. Nunha hemos tenido apoyo, pero Kayhana ha conseguido logros, aunque no es suficiente. En 2021 estuvimos entre los ganadores del concurso Telescopes for All de la Unión Astronómica Internacional (IAU). Y en 2022, 4 de 17 diseños ganaron el concurso de pintura en Austria.

Kayhana se ha convertido en luz y esperanza en el mundo oscuro de las jóvenes y niñas afganas, en un centro científico que continuó sus actividades incluso en los momentos más desfavorables. Hoy, las integrantes de Kayhana están al menos diez escalones por encima de sus pares en términos de conocimiento, tecnología y ciencia. Y gracias a la asociación, Afganistán se familiarizó con la astronomía y todos los ojos de esperanza están puestos en nosotros. Esto me da una buena sensación, pero es una gran responsabilidad y carga. Estamos en extrema necesidad de apoyo, pero solo tenemos palabras.

–La conferencia en Vigo le permitirá encontrase en persona con Ana Ulla.

–¡Sí, exactamente! No quiero que las jóvenes afganas se desesperen, desperdicien sus vidas y crezcan sin futuro conviviendo con la tortura y la muerte, sino que todas y cada una de ellas sepan que merecen las mejores condiciones para adquirir conocimientos. Ningún ser humano en ninguna parte del mundo debe vivir condenado al arrepentimiento y el cautiverio. Es algo verdaderamente lamentable y esto me enfada mucho.

Exactamente un día después de la caída de Afganistán, Ana Ulla me envió un correo electrónico porque quería ayudarme a abandonar el país e incluso me llamó directamente a mi número.

Fue raro porque en esos días mucha gente quería ayudar, recibía más de 20 correos diarios de gente de diferentes países que querían acogerme. Pero solo me quedaron mi amiga y periodista austriaca Evelyn Schalk y Ana. Es una científica increíblemente amable y nunca olvidaré sus esfuerzos. Me gustó que la primera vez que me hizo una videollamada me dijo algunas palabra en persa. Es una de esas personas que son muy raras en el mundo.

–En agosto se cumplirán tres años de la llegada de los talibanes. ¿Cree que Europa sigue preocupada por la violación de los derechos humanos en su país?, ¿cuál es el objetivo de las charlas que está dando en España?

–No domino ningún idioma extranjero, pero me sorprende que los europeos se interesen tanto por mí y quieran comunicarse o escucharme hablar. Quizá porque mi historia tiene mucho dolor y tortura. Solo reitero que Kayhana y esas chicas necesitan apoyo. No las dejen solas en ese mundo de opresión, ignorancia y falsedad.