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Salvados por unos valientes en la tempestad del Atlántico

Los cuatro supervivientes gallegos del “Delfín del Mediterráneo”, naufragado en 1998, regresaron al buque de la Armada británica ”Argus” que los rescató tras horas a merced del oleaje y del frío

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Los gallegos supervivientes del "Delfín del Mediterráneo" regresan al barco que les salvó la vida hace 25 años FdV

“Lloré, recé y me acordé de mi gente. Pasé miedo, pero doy gracias a Dios por estar aquí”. Con estas contenidas declaraciones arrancaba FARO DE VIGO su crónica del rescate y llegada al aeropuerto vigués de los tripulantes del “Delfín del Mediterráneo” tras su hundimiento el 2 de febrero de 1998, a 250 millas del Cabo San Vicente. Esas palabras fueron pronunciadas por el boirense Guillermo Piñeiro, camarero de oficiales de la embarcación que logró sobrevivir tras pasar siete horas perdido en el Atlántico sin más ayuda que una bengala tras un primer rescate fallido. Junto a él, desembarcaron del portacontenedores naufragado los también gallegos Antonio Sánchez, José Fajardo y José Francisco Rivas, cuatro historias diferentes de una misma tragedia que casi 25 años después pueden volver a contar gracias a la tripulación del “Argus”, un buque-transporte de guerra de la Armada británica que, con sus dos helicópteros, lograron rescatar a los supervivientes del “Delfín”.

Los cuatro regresaron ayer al navío que les salvó la vida acompañados por el oficial Calvin Klein, el único que permanece enrolado en el “Argus” y que, por aquel entonces, contaba con solo 18 años pero también fue testigo de la hazaña de sus compatriotas, que permitió llevar a puerto a 13 de los 14 de los marineros naufragados. “Fue emocionante que se hayan acordado de nosotros, de nuestra historia, porque nosotros de ellos, obviamente, nunca podremos olvidarlos. Nos salvaron la vida. El 2 de febrero, celebro mi cumpleaños y hasta me tatué el nombre del barco y su escudo de armas”, dice Rivas.

Guillermo Piñeiro, con la noticia de Faro de Vigo sobre el naufragio FdV

Piñeiro y Sánchez los definen como “sus ángeles de la guardia”, y volver a pisar el “Argus”, el barco que les devolvió a la vida, hizo rememorar sentimientos que, si bien no apagados, sí permanecían ocultos. “Hoy –por ayer– tuve la misma sensación que cuando el helicóptero que me rescató me dejó a bordo del buque de la Armada. Me acordé de todos; lo que hicieron fue único, arriesgaron sus vidas por nosotros. Estábamos a más de 80 kilómetros del “Argus”, con olas de hasta 18 metros y los helicópteros tenían una autonomía de una hora, y aún así se arriesgaron”, narra emocionado Guillermo Piñeiro.

Más temeroso del encuentro se mostraba Antonio Sánchez, quien este suceso lo alejó, a diferencia de sus compañeros, del mar para siempre. “Non me gusta recordar todo o que vivimos porque foi moi duro, un inferno, pero reencontrarse cos compañeiros deume moita satisfacción. No meu caso decidín non volver a embarcar, eu non me opoñía de todo pero a familia díxome que non e non volvín”, cuenta Sánchez, quien estuvo más de 20 horas en el agua esperando a ser rescatado por un helicóptero del “Argus”. “Sentía o seu ruido e iso fíxome non perder a esperanza, estaba ata tranquilo. Cando me rescataron so lle dixen que fosen polos demáis, que eu estaba ben, vivo e consciente”, recuerda el entonces contramaestre del “Delfín”.

Los miembros de la tripulación del "Argus"

Embarcar en 22 días

En el caso de Rivas, tardó menos de un mes en volver a enrolarse en el “Julia del Mar”, de la misma empresa armadora. “No era la primera vez que iba a la mar, aunque sí la primera en un barco de la mercante. Para mí fue un accidente, y a los 22 días volví. Y no fue un impulso, lo pensé, le medité y así lo decidí”, cuenta el marinero, todavía en activo. “El miedo y el respeto no lo pierdes nunca. Yo pasé desde las 16.45 hasta las 01.30 horas de la madrugada en el agua, con miedo, frío, hipotermia, todos desperdigados por el mar... Cuando el rescatador me abrazó fue como ver a Dios. Pero volví. Es como quien tiene un accidente de coche, lo tienes que volver a coger”, argumenta Rivas.

"Fue muy jodido"

También en una balsa “a merced del agua” estuvo durante siete largas horas Piñeiro. “Iban a cogerme cuando a mi rescatador le vino un golpe de agua y tuvo que volver a subir. Ahí me quedé solo. Grité, lloré pero decidí calmarme, porque los nervios iban a acabar conmigo. Notaba el cansancio por los nervios que tenía . Fue muy, muy jodido. Ahora sigo navegando pero cada vez que hace mal tiempo estoy en alerta. No pego ojo, estoy intranquilo, alterado, activo por lo que pueda pasar. Podía haberme quedado en tierra pero esto es lo que quería”, ilustra el jefe de cocina que no duda en asegurar que si él se encontrase en una situación opuesta a la suya “arriesgaría mi vida por quien hiciera falta”.

Villa de Pitanxo

Lo vivido en el 1998 les hizo tener una especial sensibilidad hacia lo ocurrido con el pesquero Villa de Pitanxo con 21 fallecidos. “Con la noticia se me vino el mundo abajo, lo sufro porque lo he vivido”, cuenta Rivas. “Si no fuera por la Armada británica, nosotros no estaríamos aquí. Ellos –por el Pitanxo– no tuvieron a nadie, nosotros suerte. Me viene el dolor de las familias, la mía pasó por un inferno hasta que supieron de mí. Necesitan la verdad y entiendo su desesperación”, concluye Guillermo Piñeiro.

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