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El crimen de las “bolsas bomba” cumple 20 años sin culpables y próximo a prescribir

Las explosiones mataron a un matrimonio de Redondela e hirieron a un padre y a su hijo en Vigo | Tras años sin avances y, salvo sorpresa, la causa judicial se extinguirá en 2025

Imagen de la fatídica jornada, del precinto de la vivienda de los fallecidos. / CAMESELLE

El 5 de noviembre de 2002, poco después de las siete y media de la mañana, una bomba estallaba en una vivienda del barrio vigués de O Carballal, en Cabral. El artefacto estaba oculto en una bolsa de basura colgada en el portal e hirió de gravedad a un empleado de banca y a su hijo, un niño de solo 12 años al que la deflagración le provocó un traumatismo abdominal y una severa herida en la córnea del ojo izquierdo. Menos de dos horas después, y a escasos dos kilómetros de distancia, la historia se repetía en una casa del barrio de Millarada de Vilar de Infesta, en Redondela. Esta vez, lamentablemente, con trágicas consecuencias. Otra bomba en otra bolsa de basura colgada igualmente en un portal mataba a un matrimonio, el formado por Rosa Gil y Vicente Lemos, jefe de producción en la planta de Pescanova en Chapela.

Este mes se han cumplido los 20 años desde aquel doble atentado y, pese al tiempo transcurrido, los hechos siguen, como entonces, rodeados de misterio. En este caso hubo detenidos, testigos protegidos y una compleja investigación policial que se extendió a Portugal, pero, a día de hoy, todas las incógnitas continúan abiertas. La causa abierta por el Juzgado de Instrucción número 2 de Redondela lleva demasiado tiempo sin movimiento, concretamente desde junio de 2005, que fue cuando, tras cerrar la jueza el sumario sin procesados, la Audiencia Provincial de Pontevedra decretaba al archivo provisional del caso por falta de “indicios racionales de criminalidad medianamente serios” hacia los imputados que hubo en el procedimiento, tres jóvenes uno de los cuales llegó a estar seis meses en prisión preventiva.

¿Quién colocó las “bolsas bomba”? ¿Cuál fue el móvil? ¿Por qué esos terribles ataques a dos familias que nada tenían que ver entre sí? Dos décadas después los interrogantes siguen abiertos y, salvo un sorpresivo giro, todo apunta a que estas preguntas podrían quedarse así, sin respuestas. El caso a día de hoy no tiene culpables y la fecha de prescripción ya está demasiado cerca. A no ser que in extremis haya avances policiales o aparezca alguna pista nueva de la que tirar, el procedimiento judicial, según confirman fuentes del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG), caducará en 2025, que es cuando se cumplirán los 20 años desde que en 2005 se dictó el sobreseimiento provisional. Si se llega a esa fecha en las mismas condiciones que ahora, se extinguirá la responsabilidad penal y ya no se podrá dirigir la acción judicial contra nadie.

El doble atentado –lo que sí estuvo siempre claro era que no se trataba de una acción terrorista– provocó gran alarma social. El clamor era unánime y, una semana después de las explosiones, tres jóvenes eran detenidos en Cabral y su entorno. Uno de ellos, además, fue enviado a prisión, donde permanecería seis meses. Los indicios que motivaron su encarcelamiento, según trascendió entonces, fueron varios, entre ellos un periódico hallado en su casa que coincidía con el que envolvía los dos artefactos y la declaración de un testigo protegido, un joven de 22 años que aseguró en el juzgado que había escuchado decir al sospechoso que quería matar a una de las víctimas de los ataques, concretamente al padre vigués herido junto a su hijo.

Los restos mortales de los fallecidos tras el atentado CAMESELLE

Condición

Pero poco a poco los motivos que llevaron a las detenciones se fueron diluyendo y perdiendo peso, hasta el punto de que el juez instructor retiró la condición de testigo protegido a ese chaval, minusvalorando, a efectos probatorios, las declaraciones que había realizado incriminando al joven encarcelado, al que se atribuía la autoría y colocación de los artefactos explosivos con la colaboración de los otros dos imputados. Lo cierto es que, finalmente, los tres amigos quedaron totalmente exonerados de culpa cuando primero el juzgado y después la Audiencia de Pontevedra dieron carpetazo al procedimiento.

Imagen del lugar donde colocaron la bomba CAMESELLE

La estructura y composición de las bombas también trajeron de cabeza a los investigadores. Recubiertos de papel de periódico, los artefactos tenían como detonador el mercurio colocado en una especie de burbuja, que había sido previamente congelado para evitar que el autor o autores corriesen peligro a la hora de colocar los dispositivos en las viviendas. Los explosivos consistían en unas cajas de madera sobre las que iban ubicados los tubos en vertical, que contenían pólvora prensada y trozos de hormigón y hierro. En unas cajas inferiores estaban las burbujas con el mercurio y, a ambos lados, dos polos.

Transcurridas dos décadas, estas bombas y sus dramáticas consecuencias continúan protagonizando todo un enigma policial. Y la búsqueda de culpables ya está en tiempo de descuento.

Los otros casos sin resolver: dos están ahora reabiertos y tres más llevan años archivados 

Junto al caso de las bombas, en Vigo hay otros que siguen desde hace años sin respuestas. Dos de estas causas judiciales tienen ahora otra oportunidad, al estar reabiertas y en fase de instrucción. Otras, sin embargo, continúan cerradas, sin nuevas pistas que, al menos por ahora, ayuden a despejar el misterio que las rodea.

La desaparición y muerte de Déborah

Déborah desapareció en abril de 2002 en Vigo. Su cadáver fue hallado en O Rosal. El caso se reabrió en 2019 y, en esta fase, su exnovio ha adquirido la condición de investigado. La Audiencia de Pontevedra acaba de instar a agotar las vías de investigación para intentar obtener respuestas.

El crimen del garaje de Rosalía de Castro

Otra causa judicial reabierta, en 2021, es la del crimen de Manuel Salgado en un garaje de un edificio de la calle Rosalía de Castro de Vigo, ocurrido en abril de 2004. El juzgado comenzó este mismo mes a interrogar a testigos. A la víctima la mataron de un disparo en la cabeza.

El coche tiroteado de la pareja de Cabral

Francisco Fernández y Victoria Méndez desaparecieron en diciembre de 2004. Su coche apareció quemado y con impactos de bala en un monte de Porriño. Hubo detenidos y una hipótesis, la de un crimen por tráfico de drogas, pero el caso está archivado desde 2008.

La azafata asesinada en Porto do Son

La azafata viguesa Elena Calzadilla falleció tras ser brutalmente golpeada en la cabeza en su casa de veraneo de Porto do Son en diciembre de 2005. La sospecha, un crimen por encargo. Hubo detenidos, entre ellos su marido, pero la causa se sobreseyó en 2009.

La mujer desaparecida en plena A-52.

La viguesa Ana Fernández desapareció en abril de 2008 en la A-52 cuando volvía a su casa de Cádiz con su marido y su hijo de 10 años Su esposo, que siguió el viaje sin ella, estuvo imputado, pero el procedimiento al final se archivó.

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