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Faro de Vigo

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¿Qué porcentaje de recursos hídricos perderá el área de Vigo por el cambio climático?

Se desplomará durante los próximos años la disponibilidad de agua: menos lluvias y temperaturas más altas

El río Verdugo a su paso por Soutomaior A. Pinacho

En un futuro no muy lejano, habrá menos agua en Vigo y su área. Es sabido, sí, pero ¿cuánta menos? Según un informe de Augas de Galicia, en los concellos que pertenecen al sistema de explotación del río Verdugo –que no afecta a la presa de Eiras, una de las principales fuentes de abastecimiento de la ciudad olívica– y las rías de Vigo y Baiona (Cangas, Moaña, Vilaboa, Soutomaior, Redondela, Vigo, Nigrán, Gondomar y Baiona), la reducción hídrica será del 7,79% en 2039, la segunda más baja de Galicia –mejora el dato el río Masma, con un 7,62%–. Es una cifra ligeramente más baja que la del resto de Galicia, pero no por ello menos alarmante. La razón la trae bajo el brazo el cambio climático, un concepto que amenaza con empeorar (todavía más) la calidad de vida de los ciudadanos en un contexto cada vez más seco.

Los datos no mienten y las lluvias de estos días no maquillan una realidad preocupante. El delegado de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en Galicia, Francisco Infante, explicó ayer que la comunidad gallega cerró la primavera más cálida de la serie histórica antes de un verano que, según los pronósticos, será también cálido y seco. En Vigo, hay que meterse en una máquina del tiempo y regresar a 2003 para encontrar registros de temperaturas extremas en el mes de junio similares a las de esta última ola de calor: un 19 de junio de ese año, la ciudad olívica rozó los 40 grados. Y el futuro no pinta mejor: si no se reducen las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, las temperaturas subirán entre tres o cuatro grados entre 2031 y 2060. Lo que va de mes de junio es más frío y más húmedo de lo normal en Galicia, con 11 días de tormentas registrados hasta hoy en 20 días. Respecto al verano que empieza, Infante avanzó que hay una probabilidad alta de que sea más cálido y más seco de lo habitual.

Según el informe de Augas de Galicia, en 17 años, los recursos hídricos de la comunidad gallega bajarán un 8,6% hasta los 10.979 hectómetros cúbicos anuales. En román paladino: los ríos perderán unos 1.000 hectómetros cúbicos de agua, un volumen considerable teniendo en cuenta que la demanda de abastecimiento urbano en los concellos de más de 20.000 habitantes en Galicia se sitúa en los 215 hectómetros cúbicos anuales. El mayor descenso se registrará en el norte de Galicia. La comarca de Ferrolterra y Betanzos tendrá un 11,45% menos de agua. Desde Baiona hasta la desembocadura del Miño, estos recursos caerán un 8,27% y, en los municipios de la ría de Pontevedra, habrá un 7,92% menos de agua. Además, este organismo prevé también un 6,9% menos de recursos en las masas subterráneas de agua y una disminución del 8,7% en los acuíferos.

Los cálculos se realizan en base a estudios realizados tanto por la Unión Europea, en el proyecto PESETA, como del CEDEX (Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas), que advierten de un aumento de la temperatura media de entre 2,3 y 3,7 grados centígrados para el sur de Europa. Se calcula que las precipitaciones se reducirán en torno a un 6,5% y la situación irá empeorando a media que avance el siglo XXI. En los últimos años, ya se han sufrido los efectos del cambio climático. Mientras que, en el periodo entre 1940 y 1975, solo hubo un caso de sequía severa (entre 1953 y 1954), en el último medio siglo, ya se han registrado siete periodos de déficit hidrológico de carácter grave. El más reciente fue en 2016 y se prolongó hasta 2018. Por ahora, la Xunta mantiene el nivel amarillo de prealerta, pero continúa pidiendo gestionar bien el agua y su consumo ante la posibilidad de un verano sin lluvias que pudiera enredar todavía más la situación.

Asegurar el abastecimiento

Cinco años después de la grave sequía que llevó a la ciudad a tomar medidas drásticas para garantizar el suministro, la Confederación Hidrográfica Miño-Sil trasladó al Concello y la Xunta de Galicia las conclusiones definitivas del “Estudio de alternativas y documento ambiental para la mejora de la garantía del abastecimiento en la zona sur de la provincia de Pontevedra”, que contempla una inversión de 28,86 millones de euros para cinco actuaciones desde el cauce del Verdugo hasta el Baixo Miño.

El documento, criticado por la Xunta de Galicia y concellos afectados por las acciones previstas, sitúa a los ríos Verdugo y Oitavén como principales suministradores de Vigo y su ría y prevé la construcción en la parroquia de Forzáns, en el municipio de Ponte Caldelas, de una nueva presa de abastecimiento con capacidad para 7,4 hectómetros cúbicos, entre otras actuaciones de calado.

La situación crítica de 2017: sin riegos, fuentes ni piscinas

Vigo aún tiene en mente los episodios de sequía de 2017. Fue un año negro para Galicia y, especialmente, para Vigo y su área. Los montes se tiñeron de ese color debido a los incendios y el agua empezaba a hacerlo por la falta de lluvias: llegó a salir turbia en algunas viviendas. La grave sequía que padeció Galicia obligó al Concello a echar mano del plan de emergencia que había elaborado y activado por primera y última vez en 2011, otro año parco en precipitaciones. La situación alcanzó tal nivel de alerta que se puso encima de la mesa la opción de traer agua en barcos cisterna desde Burdeos hasta Vigo, solución que, finalmente, se quedó en el papel gracias a la borrasca Ana, que llegó en diciembre.

El gobierno local decidió a finales de octubre de 2017 declarar la fase de alerta de su protocolo. Contempló medidas como intensificar la búsqueda de fugas; suprimir servicios de riegos, baldeos, fuentes, bebederos que funcionan de forma continua y purgas en la red; reducir el llenado de las piscinas; y presentar el plan sistémico del análisis de redes de Aqualia, la empresa concesionaria del servicio.

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