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Faro de Vigo

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Las cinco vidas que salvó Sara

La familia de una joven viguesa que falleció el pasado 23 de noviembre en un accidente de tráfico recibió esta semana la noticia de que los receptores de sus órganos evolucionan bien

El matrimonio de Rosa Soto y Antonio Regades junto a su hija Marta muestran la fotografía de Sara. Ricardo Grobas

A Sara le gustaba mucho tocar el piano. En los últimos meses practicaba a diario e incluso se había animado a componer alguna pieza propia. Abría la tapa del instrumento que le había regalado su abuelo y dejaba que el sonido envolviera toda la casa. Le encantaba. Otra de sus pasiones era la naturaleza, de hecho, en el colegio formó parte de un grupo de laboratorio que realizaba experimentos y mantuvo su colaboración con el profe Alberto pasado el tiempo, que era el que se ocupaba de coordinar esa parte de investigación. Para la comunidad escolar, y también para su propia familia, Sara era la niña de la eterna sonrisa, siempre alegre, disfrutando de la vida y de sus amigos, intentando que nunca nadie se quedara al margen.

El día que Sara murió en un accidente de tráfico, su padre recuerda que había estado tocando el piano por la tarde. Después salió de casa con sus amigos y se dirigió hacia Candeán para contemplar desde allí el efecto del encendido de las luces de Navidad sobre una panorámica completa de la ciudad. Fue al volver cuando se produjo el trágico accidente que le costó su vida. Había cumplido 18 años hacía apenas unos meses y los médicos comunicaron a la familia que el golpe había sido muy fuerte, que era cuestión de horas y que los órganos iban a fallar, pero pese a que la joven ya no registraba actividad cerebral, “el corazón no paró”.

Lo recuerdan así su madre, su padre y su hermana, quienes no dudaron la respuesta cuando los profesionales sanitarios les plantearon la posibilidad de donar los órganos de Sara; “nos miramos los tres y dijimos que sí sin dudar”, explican Rosa Soto, Antonio Regades y Marta Regades. Ninguno de los cuatro tenía la tarjeta de donante, pero Rosa confiesa que en aquel momento se le pasó por la cabeza una pregunta clara: “Si alguien me llamara ahora mismo para decirme que la vida de mi hija se podría salvar gracias a la donación de otra persona, ¿cómo reaccionaría?”. Es por esto que no dudaron a la hora de firmar el consentimiento y aquel gesto tan valiente y solidario, en un momento tan doloroso, ha tenido esta misma semana su recompensa.

En su día, tanto Antonio como Rosa insistieron a los profesionales en que les gustaría conocer algún detalle sobre el paradero de los órganos de su hija. La familia de Sara Regades recibió el pasado 25 de enero un comunicado emitido por la Oficina de Coordinación de Trasplantes del CHUVI, en el que se les informaba de que gracias a la donación de los órganos de su pequeña se había podido realizar un trasplante de hígado, dos renales, uno cardíaco y otro pulmonar a receptores de la propia comunidad gallega y también de Navarra, que presentaban buena evolución.

Rosa acogió la noticia como un faro de luz en medio de una desgracia, “fue una alegría dentro de nuestra pena. Ver que la donación está siendo efectiva, te hace ver que la decisión que tomaste fue la correcta, porque se pudieron salvar cinco vidas”, asegura. La familia compartió el comunicado en sus redes sociales con el objetivo de hacer un llamamiento a la población para que nunca duden y se animen a donar, “porque es necesario”. En medio de la conversación, Marta recuerda a su hermana diciendo que “si la necesitas, siempre va estar”. Y así lo fue para otras cinco vidas.

Una foto de Sara Regades para la orla de su instituto.

Una foto de Sara Regades para la orla de su instituto. FdV

“Nos quedamos con su sonrisa y con que la donación de sus órganos está siendo efectiva”

“Hoy hace una semana que me comunicaron la peor noticia de mi vida, esa en la que me empezó a templar el cuerpo solo de pensar que acababas de tener un accidente muy grave. Bajé corriendo a buscarte y fue cuando la policía me dijo lo peor, que te acababan de llevar al hospital y que estabas muy grave (...) No me pude creer lo que estaba pasando, la que estaba allí era mi hermana y se estaba muriendo. Fueron cuatro días muy largos, en los que mi único consuelo era ir al hospital para poder agarrarte la mano y que vieses que allí estaba, contigo hasta el final”.

Son las palabras que Marta Regades escribió en recuerdo de su hermana tan solo una semana después de su accidente. Marta le prometió en el hospital a Sara, mientras le sujetaba la mano, que se haría aquel “tatu” que tenían pendiente juntas. Lo cumplió y hoy la lleva en la piel y también en su corazón, ya que dice emocionada que “todos los logros que pueda conseguir en mi vida siempre van a estar dedicados a ella”, mientras su padre, Antonio, es el que no le suelta la mano a ella.

Atraviesan una situación delicada y se repiten que tienen que ser fuertes para lo que viene, pero insisten en que el hecho de que decidieran dar a conocer su historia y la de Sara radica en que “creemos que es importante que la gente se conciencie y que sepa que otras personas pueden tener una segunda oportunidad gracias a la donación de órganos. Nosotros hoy nos quedamos con su sonrisa y con que la donación está siendo efectiva”, afirman, añadiendo que “pensamos ahora que la trágica llamada que nos llegó a nosotros, fue una llamada de esperanza para otros”.

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