Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La movilidad reducida en Vigo: avances pero mucho por hacer

Esclavitud Rodríguez subiendo a su madre, en silla de ruedas, por una rampa en Samil. | // ALBA VILLAR

Tras la denuncia que llegó a FARO, hace unos días, por parte de Antonio, después de sufrir una caída que acabó en el hospital debido al mal estado de una rampa, han sido varias las personas las que se han puesto en contacto con la redacción para contar sus experiencias similares. Es el caso de la viguesa Esclavitud Rodríguez, que después de residir en Madrid durante más de dos décadas y donde ejerció de periodista en la Secretaría de Comunicación de Moncloa, decidió a sus 60 años trasladarse a Vigo hace unos meses y dedicarse al cuidado de sus padres, ambos dependientes y en silla de ruedas.

Una "odisea"

Con la pandemia, la enfermedad de sus padres se agravó y después de hacerse Vigo-Madrid en el tren de la noche durante años, decidió trasladarse a la ciudad olívica para cuidarlos. “Comenzó entonces una especie de odisea, en la que, aunque yo quiera darles un poco de calidad de vida y bienestar, yendo a pasear o a un comercio, no puedo”, lamenta. Uno de los casos que más indigna a Esclavitud, es la rampa de acceso que hay en el paseo de Samil, cerca del extinto Camaleón, donde tiene que hacer un esfuerzo ingente para subir a su madre, ya que “sola o incluso en silla eléctrica” no podría debido a la gran pendiente pronunciada que tiene.

Carritos de bebé y sillas de ruedas se trasladan al carril bici en el Paseo de Bouzas. | // ALBA VILLAR

Para entrar al Centro Comercial Gran Vía, donde el acceso para las personas con movilidad reducida es la misma salida del parking. De hecho, hay una señal que así lo indica. “Por donde entran y salen los coches. Es deplorable”, insiste. El Concello ha apostado por avanzar en materia de movilidad para personas con dificultades mediante la instalación de las escaleras de Porta do Sol, las cintas de Gran Vía o la incorporación de los puntos de accesibilidad en Samil en la temporada estival, que permite el baño a los usuarios con problemas de movilidad a través de dos sillas anfibias. Sin embargo, son “insuficientes”, para una ciudad complicada por su orografía y las obras, que los usuarios entienden que son necesarias pero que deben llevar aparejadas “una alternativa de movilidad para ellos”.

Losetas levantadas

El paseo peatonal de Bouzas, en ciertos tramos, se encuentra todavía con losetas levantadas y baches que dificultan la circulación. Los usurarios en silla de ruedas se han visto obligados a utilizar el carril bici. “No nos ha quedado otra tanto a los carritos de bebé como a las personas de movilidad reducida, porque directamente no se puede avanzar o me arriesgo a que se me caiga la silla”, señala Esclavitud Rodríguez. El Castro es otro de los lugares con problemas de acceso a diario, según manifiestan los usuarios en silla de ruedas. “La cuesta de la gasolinera hasta el Castro la hago porque soy fuerte y poco a poco voy subiendo a mi madre, pero cuando llegas arriba y quieres pasear, no puedes, te hundes”, lamenta Esclavitud. El paseo que rodea la zona es de arena y gravilla y, para poder circular con la silla “deben hacerlo por la calzada”. El acceso al castillo, denuncia “es inexistente”, ya que “el firme no es adecuado para andar con un vehículo personal móvil”. Lo mismo ocurre en Beiramar, donde las aceras y las rampas “están destrozadas”.

Accesos impracticables

Cuando Alejandro Alonso se mentalizó que su vida estaría ligada a una silla de ruedas, retrata cada obstáculo en su camino y lo traslada al Concello en forma de incidencia. “Uff, no recuerdo cuántas mandé, algunas surten efecto y otras no”, incide. Hace tan solo 3 años que una escoliosis lumbar le convirtió en una persona de movilidad reducida. A sus 61 años, Alejandro, no olvida al conocido regatista que fue y su entrega al mundo del deporte de vela, pero también advierte que en su situación puede “verse cualquiera”.

Falta de aceras

Comenzó así una nueva vida, difícil y desconcertante. A la adaptación a aprender a hacerlo todo sin piernas o sin poder mover parte del tronco, se suman las barreras arquitectónicas de las ciudades: rampas con pendientes imposibles o sin base cero –a ras de suelo–, paseos impracticables, aceras con losetas rotas o baches que el mal tiempo se encarga de empeorar. “Del centro de salud de Matamá al Hospital Álvaro Cunqueiro no hay una acera para poder ir, tienes que ir por un pequeño arcén, con un riesgo enorme.

Obstáculos

Además, antes había maleza que impedía el tránsito. Lo puse en conocimiento del Concello, la maleza la retiraron, pero lo de ejecutar un acceso, se quedó ahí”, lamenta. En la avenida de Castrelos que conduce a Traviesas, denuncia que existen 14 obstáculos entre una acera y otra. “Las rampas de esas aceras acaban en resalte, lo cuál, a nosotros nos puede producir latigazo vertical”, advierte. Uno de los servicios que tanto Esclavitud como Alejandro destacan como extraordinario, es el de autobuses urbanos de la ciudad olívica: “Tanto la plataforma de acceso al vehículo como el trato de los conductores son excepcionales”.

Compartir el artículo

stats